¿Paseo de los Reyes de Navarra en vez de Sarasate?
Publicado el 08/10/2021 a las 08:04
Durante estos meses, el Paseo Sarasate se ha puesto de moda, no por los eventos a celebrar, sino por el debate que está suscitando entre los concejales del Ayuntamiento. El deseo del alcalde Enrique Maya es la reurbanización de la zona y que sirva de paso entre Casco Antigua y Segundo Ensanche como un bulevar y centro neurálgico de Pamplona. Los socialistas han puesto sus pegas, sobre todo, porque temen que la finalización de las obras coincida con el inicio de las elecciones municipales. Pero con el proyecto de la señora Esporrín hay que talar todo el arbolado.
Yo no quiero entrar en ese debate, me limito a la parte histórica y al cambio de nombre, que es mi cometido. ¿No sería más lógico que el paseo se llamara Reyes de Navarra y no Sarasate o Valencia? Me explico. En la Edad Media, el paseo se encontraba fuera de las murallas, hasta que en el s.XVI se integró. Este espacio formaba parte de la Taconera y era un lugar de esparcimiento, repleto de árboles, para los vecinos. Era una plaza que unía la parte vieja con el primer ensanche y se convirtió en el meollo de la ciudad de Pamplona, junto a la plaza del Castillo.
Hacia 1845, el mozo Prudencio Valencia de 17 años, natural de Bargota, entró de pasante en el despacho del escribano Ibáñez, en el número 39 de la calle Lindachiquia y, a su muerte, el “bargotano” cogió el negocio, con los títulos de procurador y notario. Decenas de ciudadanos de Navarra acudían a su oficina por asuntos administrativos. Los despistados preguntaban: “¿Dónde vive Valencia? En el paseo”.
En 1903, adquirió oficialmente el nombre de Pablo Sarasate, en reconocimiento al prestigioso violinista nacido en la calle San Nicolás en 1844. Los vecinos seguían llamándole Paseo de Valencia, por lo que el ayuntamiento, en 1974, oficializó, de nuevo, el nombre, trayendo una gran confusión. Por ello el consistorio volvió a llamarle Paseo de Sarasate.
¿Por qué debe llamarse Paseo de los Reyes de Navarra? Los pamploneses vemos a diario que hay 6 esculturas, cuya identidad no es bien conocida. Todo comenzó con el rey Fernando VI (1746-1759), que quiso adornar el Palacio Real de Madrid con un conjunto escultórico de 94 estatuas, obra del prestigioso italiano Domingo Olivieri.
Como los estilos arquitectónicos tienen su final, el nuevo monarca Carlos III de España, en 1760, optó por un estilo menos recargado con la venida del neoclasicismo, y las retiró y distribuyó por toda España. El ayuntamiento de Pamplona pidió a Alfonso XII traer 6 estatuas de reyes de Navarra (1885) con motivo de la modificación del paseo, pero confundieron a los monarcas navarros. De nuevo se pidió a Patrimonio el cambio de dos estatuas y se trajo a García Ramírez (1134) y Felipe III de Evreux, esposo de Juana II de Navarra (m. 1318), el resto se desconoce su identidad aunque una de ellas podría ser Sancho el Fuerte. Ante la nueva modificación del Paseo, sería la oportunidad para denominarlo, repito, Paseo de los Reyes de Navarra. Se incluirían nuevas esculturas modernas en representación de las dinastías Íñiga, Jimena, Champaña o Evreux, como Iñigo Arista, Sancho el Mayor o los Teobaldos.
Además serviría para satisfacer las distintas sensibilidades políticas en un gran proyecto común. Nuestro pasado, como Reino de Navarra, se merece un gran homenaje en el cogollo de Pamplona, alejado de ideologías.