Octubre
Publicado el 29/09/2021 a las 08:14
Octubre es un mes propicio para contemplar el mundo. Antes, en octubre principiaba el curso escolar, que venía a coincidir con el inicio del ciclo agrario de la naturaleza. Era un comenzar de nuevo, un reencontrarse más que un avanzar, como dejó escrito Lars Gustafsson en la “Muerte de un apicultor”: “Nunca avanzamos. Siempre empezamos de nuevo”. “Vivir es retornar a cada octubre/para sentirse el corazón dorado” (Leopoldo de Luis). En los días oscuros me sorprendía la lluvia: “Llueve una densa lluvia inesperada/densa/constante” (Miguel Torga). Los chaparrones encharcaban los espacios. Las jornadas lluviosas y sombrías adormecían la actividad y apagaban los intereses. Los patios se llenaban de agua y las gotas saltaban sobre el agua acumulada. Los pájaros chapoteaban en las aceras. Se oía en el tejado el martilleo de las innumerables gotas: “Nos sorprende la lluvia./Nuestros paraguas se abren/como sedientas frutas” (Gerardo Diego). Después escampaba. Los días se tornaban puros , límpidos, suaves, magníficos, soleados, espléndidos: “En octubre, de la sombra huye;/ pero si sales al sol, cuida la insolación” (refrán). El cielo y el horizonte resplandecían. La temperatura se cifraba de perfecta. Las nubes se esfumaban como muchas ilusiones. La luz se debilitaba. Aparecía el frío y la lluvia: “Santa Teresa lluvioso, todo el invierno fangoso” (refrán). Los vientos seguían azotando sin rumbo . Se rompía la rutina veraniega de la continuidad y llegaba la alternancia del tiempo. La tierra se despojaba de galas. Las hojas en el suelo semejaban una nevada herbácea. Ocurría la extinción silenciosa de las flores. Se producía la sementera. Se iniciaba otra vida con un paisaje soñado de colores fascinantes y melancólicos.