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Vayamos a lo importante

  • Rocío Huarte Arregui
Publicado el 15/09/2021 a las 07:38
“Y dale Marina a la harina”, diría mi sobrina si volviera a leer por enésima vez, por decir algo, que los colegios que separan por sexos no cumplen con la ley y que en consecuencia, no son merecedores de concierto alguno.
Como madre que ha elegido para sus hijos este tipo de educación, empiezo a estar un poco harta y saturada de estar todo el día en el candelero. Hoy mismo el consejero de Educación ha vuelto a referirse a nuestros colegios. Ha manifestado que hemos incumplido con las condiciones del concierto, después de investigarnos minuciosamente, y que debemos renunciar a un modelo educativo que sin duda, es exitoso y solicitado por muchas familias en nuestra Comunidad. Por supuesto que la ley está para cumplirse, pero ésta debe de ser justa y ordenada al bien de la sociedad y de sus miembros. Solo desde el respeto es posible una convivencia amable, que prime el bienestar y la libertad, por encima de ideologías y políticas. La ojeriza, inquina, manía, aversión, odio, tirria, que desde algunas instituciones manifiestan hacia la educación diferenciada, creo raya en manía persecutoria. No comparto en absoluto el proceder de nuestro gobierno en cuanto a materia lingüística se refiere; ni apoyo el afán de parte de sus miembros, no hace falta dar muchos datos, por potenciar modelos de enseñanza vehicular en Euskera y sin embargo, lo respeto. Y lo hago porque los padres somos los primeros educadores de nuestros hijos y tenemos derecho a elegir libremente el modelo, que mejor se ajuste a la formación que queremos para ellos.
La riqueza de una sociedad es posible y creo se fundamenta en la pluralidad y en la novedad, que desde la convivencia y el trabajo en equipo en aras del bien común, aportan todos sus miembros.
He repetido muchas veces que ha sido mi experiencia personal la que me llevó a matricular a mis hijos en un colegio de estas características y que nunca he sentido carencia alguna, derivada de mi “educación diferenciada”. Por ello, pido respeto para una opción educativa que no hace mal a nadie, más bien todo lo contrario, y que merece las mismas ayudas que las demás. Todos pagamos impuestos y, en consecuencia, la pluralidad educativa debe de ser apoyada en igualdad de condiciones. Son muchas las carencias provocadas por la pandemia, la crisis económica y la realidad de una sociedad convulsa, que requiere de dedicación y soluciones por parte de nuestros gobiernos. Va siendo hora de dejarse de sectarismos y de mirar hacia otro lado. Metamos mano a realidades verdaderamente necesitadas de solución: precariedad del empleo juvenil, TAV, Canal de Navarra, hostelería, botellones y reyertas callejeras, residencias de mayores, vacunación y Covid y dejemos en paz, en este caso, a un modelo de educación exitoso, solicitado y merecedor de todas las ayudas.
Rocío Huarte Arregui
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