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Repugnancia y rechazo

  • Ignacio Janín Orradre
Publicado el 15/09/2021 a las 07:37
Eso es lo que provocan las manifestaciones del Sr. Alzórriz, tachando de “indigno” lo vivido en Tudela con ocasión de la inauguración del monumento “a las víctimas de la banda terrorista ETA y del terrorismo”. Ya esa coletilla de la dedicatoria daría para otro escrito, en que cabría preguntarse a qué otro terrorismo se refieren y si ése ha sido el precio que el Gobierno del PSN de Navarra tuvo que pagar a Bildu para que le autorizase a “hacer frente a más del 80% del presupuesto” de la escultura. Pero quede eso para otro día. Todo el alegato del Sr. Alzórriz es un intento indecente de justificación de cómo, aunque ETA asesinó a doce de sus compañeros y tuvo amenazados a tantos otros que se vieron obligados a llevar escolta, todo eso es ya pasado y lo que toca ahora es “respetar la pluralidad” (expresión que, si la hubiera utilizada el Conde Don Julián cuando les abrió a los moros las puertas de España, le habría ahorrado su fama de traidor) y gobernar con la colaboración y el permiso de los herederos de quienes brindaban con champán por cada compañero muerto. Por edad y significación pública, no creo que el Sr. Alzórriz hubiese tenido que llevar escolta. Otros, sin embargo, que estoy seguro de que la llevaron, como los Sres. Leguina y Redondo Terreros, emblemáticos miembros del PSOE en los tiempos más duros del terror, están, o han estado, a punto de ser expulsados del partido por manifestarse públicamente en contra de los “gobiernos frankenstein”, que es lo que actualmente son el de la Nación y el de Navarra. Lo de “gobierno frankenstein” no lo inventó ningún ‘facha’, sino un secretario general del PSOE, el recordado Alfredo Pérez Rubalcaba, cuya intervención resultó decisiva en su momento para impedir que se constituyera uno en Navarra. Y ante la censura de sus oponentes constitucionalistas, el Sr. Alzórriz tiene la desfachatez de decir que son ellos, los constitucionalistas, los que “intentan volver a quebrantar la unidad de España y de nuestra tierra, Navarra”. Y nos lo dice a los navarros así, como si fuéramos tontos de baba. Nos cuenta también que el fin de ETA fue un logro de la Democracia española, que -¡cómo no!- lo “hizo de la mano de un gobierno liderado por el PSOE”. Claro, como que esa fue la famosa medalla que el gobierno Zapatero se colgó tras buscarla desesperadamente y cuyas contrapartidas, que nunca se conocieron, vamos viendo, día a día, cómo se siguen pagando aún diez años después. Que Sortu y EH Bildu no condenen el terrorismo no es una cuestión de palabrita más o menos. Quiere decir -y esto es importante que se entienda- que sus dirigentes mantienen ante sus bases el mensaje permanente de que si, para lograr imponer sus postulados y alcanzar el poder, ETA decidiera volver algún día a extorsionar y a matar, ellos no se opondrían. Si ahora ETA lo ha dejado de hacer es porque las circunstancias no le son favorables. Tampoco lo han sido para los talibanes durante los últimos veinte años, pero, cambiadas las tornas, ya han vuelto a imponer la sharía y el burka. Por eso, quizá convendría no olvidar que si el PSN de la Sra. Chivite y del Sr. Alzórriz gobierna, como lo está haciendo, bajo la protección de quienes siguen sin condenar el asesinato de sus doce compañeros, es porque muchos lo votaron. Y que si quien lo votó no quiere que las cosas sigan así, puede tratar de apoyar a otros dirigentes o repensar el sentido de su voto.
Ignacio Janín Orradre
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