La diáspora como síntoma
Publicado el 07/09/2021 a las 08:06
Leer esta sección en DN, la de la diáspora de los lunes, me produce una doble sensación, de satisfacción, por un lado y de decepción, desesperación, impotencia, por otro lado. El fenómeno de la despoblación y envejecimiento de las poblaciones rurales, con la difusión masiva que ha tenido en los medios, lo de la “España vacía”, es conocido por todo el mundo. Los gobernantes se ha lanzado a implementar muchas acciones para revertir el fenómeno, entre ellos el de Navarra, a las que auguro muy pocos resultados. No es cuestión de explicarlo aquí.
En Navarra existe preocupación principalmente por los pequeños pueblos de las zonas rurales alejados de Pamplona. Sin embargo, no parece haber conciencia sobre el riesgo de despoblación en los pueblos grandes ni en Pamplona mismo. El hambre ya dejó de ser la causa de la emigración; ahora una gran parte de ésta tiene su origen en la ambición profesional por encontrar un puesto de trabajo acorde con su preparación. Navarra, entre 2013 y 2017, tiene los peores datos de España de emigración de las personas mejor formadas en los diversos campos de la nueva economía: el 58% de sus emigrantes tiene un título universitario”, a los que hay que añadir otro 5% que emigra a otros países, de los cuales se nutre “La Diáspora” de DN; en total un 63%. Si le restamos el 42%, de universitarios que vienen de fuera, tenemos un saldo neto migratorio positivo, del 21%, la quinta parte del total. (Datos del Centre d’Estudis Demogràfics y Departamento de Geografía, Universitat Autònoma de Barcelona). (El saldo neto migratorio es el mejor indicador adelantado sobre el declive o prosperidad de las ciudades).
Ello significa una descapitalización enorme del factor más importante para la economía actual, el conocimiento, las personas. Una tragedia. Es como si todos los años empresas significativas, reconocidas, de nuestro tejido industrial se deslocalizasen, sólo que es un fenómeno mucho más difícil de percibir. Desde otra perspectiva es un auténtico derroche, una inversión fallida (el coste de la educación durante 20 años) en favor de las metrópolis. Se nos tendrían que encender todas las alarmas, puesto que este hecho nos está señalando un futuro oscuro para Pamplona, el camino para formar parte de este club de ciudades españolas en declive y sin perspectivas de poder cambiar la tendencia.
En mi opinión hay cuatro grandes objetivos para no ser engullidos por ese gran agujero negro que son las grandes urbes, las metrópolis, para no entrar en declive, para no encontrarnos en 2050 con una Pamplona sin niños, sin juventud, sin energía, en gris. Estos objetivos, absolutamente prioritarios para este fin, son la vivienda, la educación, el empleo y la lucha contra la desigualdad y la exclusión social, objetivos que comportan un cambio total en los presupuestos públicos. La primera medida para retener a la juventud es una vivienda asequible (que no actúe como un gran deflactor de los salarios), una educación infantil 0/3 años gratuita y una extensión de horarios en los colegios para múltiples actividades, hasta el final de la primaria, para facilitar la conciliación familiar y el propio empleo de la pareja. Si se retiene a la juventud hasta que tengan hijos, luego es más difícil que se escapen, siempre que se les dé oportunidades laborales. Y para captar talento externo. La siguiente cuestión es qué hacer para que no se nos vayan las empresas que están y de atraer nuevas y, mejor, si éstas son del sector de las nuevas tecnologías y/o sectores emergentes de la economía.
Las empresas difieren muy poco entre unas y otras sobre sus requerimientos: El primero es siempre que se tenga una fuerza laboral con los perfiles adecuados a sus necesidades; el segundo es que exista una oferta amplia de vivienda, a precios asequibles; el tercero es la educación (universidades, centros de investigación, formación profesional, etc.); el cuarto tener una Administración Pública moderna, ágil, con leyes de mucha calidad y certidumbre para el administrado (la nuestra es obsoleta, ineficaz e ineficiente, una gran barrera para afrontar los nuevos tiempos); el quinto, el reconocimiento social de la aportación del empresariado (huyen de ambientes hostiles); el sexto, una sociedad integrada, sin conflictos de convivencia; por último, la fiscalidad. Pongo el último porque si se dan las condiciones anteriores, unos puntos arriba o abajo de presión fiscal no son determinantes.
Sin empresas no hay pleno empleo; sin éste, la juventud se marcha. Si no tenemos juventud no tenemos futuro.