Rotondas

Ignacio Janín Orradre

Publicado el 06/09/2021 a las 08:03

Leo en la prensa que el preocupante número de accidentes que hay en las rotondas va en aumento. Y como los especialistas lo atribuyen a que “los conductores desconocen las normas de circulación en una glorieta”, nos las cuentan. La primera de ellas (la fundamental) dice: “Prioridad. El conductor que circula por el carril exterior siempre tiene la prioridad en este carril, por encima de aquéllos que se incorporen a la rotonda, o aquéllos que circulen por el carril interior”. Esas normas tienen que ser por fuerza fruto de las conclusiones a las que llegaron los más preclaros cerebros del ramo, tras haber analizado toda la información disponible tanto nacional como foránea. Por eso, ni se me ocurre cuestionarlas, lo que, por otra parte, careciendo yo de la mínima formación o preparación específica al respecto, sería completamente ridículo.

Sólo quiero compartir mi experiencia. Yo nací en una casa con fachada a una glorieta. Cuando éramos chicos, una forma de distracción era la de pegar la nariz al cristal de la ventana y contemplar, durante media tarde, el monumental atasco de vehículos que se había producido en la plaza. Con toda la circulación parada y las bocinas atronando, acudían tres o cuatro municipales, que, durante largo rato y con muchísimo esfuerzo, lograban hacer salir a los coches por las calles adyacentes, hasta despejar la glorieta y volver a normalizar el tráfico. Pero un día, no sé cuándo, pusieron una señal de ‘ceda el paso’ en cada entrada a la plaza y se acabó la diversión. Desaparecieron los atascos. Hasta entonces regía la preferencia del que viene por la derecha y quien circulaba por la glorieta tenía que dejar paso al que entraba en ella. El ‘ceda el paso’, que era tanto como el ‘antes de entrar, dejen salir’, acabó con el problema. Puro sentido común. No sé qué dirían las normas oficiales cuando saqué el carné de conducir. Pero a mí me enseñaron en la autoescuela que, al llegar a una rotonda, tenía que ceder el paso a todo el que estuviese circulando por ella y viniese, por tanto, desde mi izquierda. Una vez libre la vía y tras encender el intermitente, podía incorporarme al carril que me conviniese según lo próxima o alejada que estuviera mi salida. Mientras circulase por la rotonda, tenía que vigilar mi lado izquierdo por donde me podían adelantar, pero no el derecho, por el que, como en cualquier otro tramo de carretera, nadie lo iba a hacer. Al acercarme a la salida, debía avisar con el intermitente mi intención de pasar al carril exterior y quien viniese por mi derecha debía reducir la velocidad y cederme el paso. Todo era claro y fácil. Y no creo que en las rotondas hubiese más accidentes que en cualquier otro tramo de vía pública.

Pero esto cambió hace ya bastantes años. Ahora se lleva el “antes de salir, vuelva a girar”. Porque leí que si, al ir a pasar del carril interior al exterior, lo impide quien viene adelantando por la derecha, toca continuar la marcha y dar tantas vueltas a la glorieta como veces se repita el caso. Quien circule por un carril central puede, en principio, ser adelantado tanto por su izquierda como por su derecha, por lo que, al tratar de cruzar de carril, tiene que tener, como mínimo, un ojo en cada retrovisor. No sé por qué, pero el caso es que ahora cada vez que tengo que entrar en una rotonda lo hago temblando. Por lo demás, no seré yo quien critique la normativa vigente, que -estoy seguro- es la mejor de las posibles. ¡Lástima que estén aumentando los accidentes!

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora