Corrupción generalizada
Publicado el 03/09/2021 a las 08:18
El pasado 31 de agosto, el Pte. de Fundación Civismo, Julio Pomés, publicaba en este diario un rotundo escrito sobre el descontrol del gasto público en Navarra, afirmando que con la excusa de la pandemia el Gobierno Foral ha disparado sus costes laborales.
Opino, aunque sea duro decirlo, que la pandemia ha servido para atrincherar a la administración foral, dirigida por este Gobierno, utilizando de forma discrecional la desgraciada coyuntura, para hacer de su capa un sayo, al igual que el presidente de la nación (mimetismo y seguidismo total) maltratando a un sector de la ciudadanía silencioso y asustado, que ha sufrido todo tipo de barreras y dificultades para acceder a los servicios públicos.
Y, como muestra de ello, el servicio de Salud, con las restricciones en la atención primaria, el caos de las listas de espera, hasta dos años, 1,6 millones de llamadas telefónicas sin atender, machacando a los profesionales sanitarios y dejando a muchos ciudadanos desamparados con los inexplicables recortes de facultativos en zonas básicas de núcleos de poca población alejados de los centros hospitalario, afectando a personas mayores y dependientes - y más vale que tenemos una consejería de la despoblación, quizás ahora entiendo mejor la función de la misma-. Sin embargo, mientras tanto, siguiendo el modelo nacional se incrementan consejerías, organismos, comisiones, chiringuitos, kioscos “ad hoc” dirigidos (es un decir) por personas sin capacidad, experiencia, mérito alguno, sino por amiguismo o partidismo con el correspondiente buen sueldo.
Igualmente se ralentiza de forma descarada la ejecución de infraestructuras fundamentales en el desarrollo de Navarra: comunicaciones, regadíos, transporte, servicios, industria, etc, y como contrapartida se aumenta la presión fiscal, ahuyentando inversores, con el solo objetivo de no disgustar/satisfacer a los socios que sustentan el gobierno, sin importarles el incremento del paro y el futuro inmediato de los ciudadanos. En un reciente artículo el profesor emérito de la UNAV, Gerardo Castillo, opinaba que “unas de las causas de la corrupción política es la tolerancia social hacia la ilegalidad generalizada […] lo que hace que esta sea más comprensible y aceptable hasta convertirse en un modo de vida”.
Y eso parece estar ocurriendo en Navarra, donde la mayoría silenciosa es más silenciosa que nunca, adormecida o cloroformizada, viendo desde la impotencia, como Navarra, paradigma de autogobierno, pasa de ser una región próspera y puntera de Europa a estar en los últimos puestos. Es urgente que la sociedad civil despierte de este mal sueño y testimonie su desacuerdo, pero también que la oposición política haga su labor todavía con más denuedo y presencia, denunciando esta corrupción, aunque quizás tengan que proponer ciertas medidas que les puedan afectar, por ejemplo la reducción de parlamentarios, o la supresión de organismos o canonjías, innecesarias sin contenido o función práctica alguna. Pienso que los políticos están mal pagados, aunque debieran ser muchos menos, pero cualificados o al menos que hubiesen cotizado un mínimo de años a la SS. Algunas instituciones y organismos público-privados tienen dirigentes sin cualificación alguna, que “cubican” a veces más que un consejero navarro, en base a confusos conceptos retributivos, intentando “regatear” a la Hacienda Foral, por ello hay que acabar con esta generalizada corrupción, pues ya pasamos el sarampión en la década de los 90.