El peregrino, ‘homo viator’

Enrique Iriso Lerga

Publicado el 26/07/2021 a las 07:40

Peregrinar del latín peregrinare procede de “per ager” . Se traduce por caminar a través del mundo, pero fuera del mundo. La raíz “per” es una vetusta palabra indoeuropea que unifica dos conceptos: viaje y peligro. El peregrino discurre a campo abierto como dice Dante. Roma y Jerusalén habían sido los dos primeros destinos de los romeros y palmeros cristianos.

El reino de Pamplona va unido a uno de los más antiguos testimonios sobre el Camino de Santiago, el del monje de San Martín de Albelda (951). A Santiago de Compostela acudían peregrinos sin distingos de rango, origen o condición social, gente llana, pobres, ricos, clérigos, nobles, ruanos o campesinos. A todos ellos les identificaba el bordón, la calabaza, la veira o la cruz de Santiago. El peregrino entraba en Pamplona por la puerta del Abrevador, una vez pasado el puente de la Magdalena ; atravesaba la Navarrería por la rúa de los peregrinos; salía de la civitas por la puerta del Chapitel; recorría la “zona de nadie”; penetraba en el burgo de San Cernin por el portal de Portalopea; deambulaba por la rua Maior; traspasaba la Puerta de San Llorente y se alejaba por el camino.

La peregrinación ha sido consustancial al mundo medieval, que se caracterizó, en parte, por su religiosa concepción del Universo y por la omnipresencia del hecho religioso en los más íntimos pliegues de la sociedad. El Señor protegía a los “homines in via”, que oraban con los pies. Se sentían estimulados por la fe. Mientras caminaban , oían a Dios, sabiendo que no serían abandonados por Él. Buscaban un milagro, daban gracias, deseaban la conversión y el perdón, querían aprender … Los peligros les acompañaban: enfermedades, asaltos, robos, soledad, agresiones, inclemencias climáticas, lesiones… Encontraban los remedios a sus miedos en la oración, conocimiento, protección del poder, entretenimiento, hospitalidad. El hospitalero facilitaba alojamiento, comida, vestido, orientación, acogida. El camino estaba salpicado de hospitales, hospicios, albergues, refectorios, parroquias…

El Codex Calixtinus incluye la primera guía de viajes europeos, la recopilación de milagros, las crónicas históricas y los textos litúrgicos que conforman el documento medieval como texto referente de la peregrinación jacobea. Un libro transcendental , que describe las raíces culturales y religiosas de Europa. En el sermón del libro I, el autor hace esta consideración: “Juan es caritas; Pedro, fides; Santiago, spes”. El peregrino se desplazaba a la soñada Compostela fortalecido por la esperanza y buscando lo desconocido. Por senderos de llana tierra o piedra aborrascada , entre chopos y lejanas serranías, se dejaba llevar por la inercia de sus pasos acompasados y malheridos. Al llegar a la basílica compostelana entonaba la Salve Regina.

La tradición del apóstol Santiago se robustece a partir del siglo IX en el contexto de la construcción de la monarquía astur-leonesa. Investigaciones solventes demuestran que el primer Camino de Santiago surgió en la corte de Alfonso II el Casto, impulsado por las predicaciones del Beato Liébana y el descubrimiento de la tumba del Apóstol. Compostela se convirtió en centro de peregrinación y símbolo de la resistencia cristiana al dominio islámico. El monarca astur comunicó al emperador Carlomagno la construcción de la iglesia dedicada al Apóstol Santiago en el Campus Stellae.

El primer camino jacobeo es el asturiano. Posteriormente surgirá el camino francés, vía francígena, por el que han circulado monjes , mercaderes, artesanos, pícaros, juglares, trovadores, constructores de iglesias catedrales, puentes, albergues, hospitales calzadas… Los peregrinos acudían fascinados por la heroicidad de sus compatriotas que habían llegado hasta el Finis Terrae y habían obtenido la indulgencia total de las penas. Santiago abrió la “Calle Mayor de Europa” y el espíritu reconquistador de una cultura que había permanecido silenciosa en monasterios, palacios y cortes imperiales.

Enrique Iriso Lerga

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