Viajar
Publicado el 21/07/2021 a las 08:00
Goethe aconsejaba a la hora de preparar un viaje dar respuesta a estas cuestiones: ¿Para qué se viaja? ¿Con qué espíritu se viaja? La respuesta del poeta germano es convincente : “El que corre mundo sin perseguir grandes fines estará mucho mejor en casa”. Hay que fijar objetivos concretos en los viajes: mirar el paisaje, verificar cosas y hechos, aprender a conocer a los demás, conocerse a mi mismo , leer otras formas de vida. Un principio básico: “A donde fueres, haz como vieres” , refrán que aconseja adaptarse al modo de ser y a las costumbres del país donde uno se halle, refrán castellano que deriva del “Cum Roma fueris, Romano vivito more” (Cuando vayas a Roma , vive como un romano).
Todo viaje tiene limitaciones, pero no deben intimidar al viajero: renuncia a las comodidades, fomento de la austeridad, respeto a las costumbres, superación de los prejuicios sobre lo correcto o lo incorrecto, tiempo de espera en los aeropuertos y fronteras, medios de transporte incómodos, vigilancias excesivas... Para profundizar en las grandes cuestiones de la vida hay que desarraigarse de la tierra natal, alejarse de la casa materna, desprenderse de cualquier vínculo inmediato y de cualquier interés. Agustín de Hipona expresa “que el mundo es un libro y aquellos que no viajan sólo leen una página”. En el siglo XIV Ibn Jaldún señala que viajar es absolutamente necesario para aprender a moldear la mente. Viajar te hace discreto y culto, parafrasea Cervantes en Persiles. El viaje evita el “perjuicio y la intolerancia”, comenta Mark Twain. En definitiva, el viaje despierta sentimientos adormecidos de la vida cotidiana.
Con estas opiniones sensatas pienso que el fruto de los viajes uno lo lleva en su personalidad. Contemplar las tierras y conocer gentes distintas excita la sensibilidad. Durante el viaje se observa el mundo y se procura tomar notas de lo percibido: descripción de paisajes y monumentos, explicaciones de los guías, vivencias personales, características de los paisanos. Hay que tener la actitud primaria de ver, de dejar que los sentidos se empapen de la realidad exterior: naturaleza, personas, monumentos. Después en el hotel pasar a limpio las notas tomadas a la ligera de los rasgos esenciales de lo percibido por los sentidos.