Una reportera, un guiri y un perro.

Eduardo Pascual García|

Actualizado el 08/04/2021 a las 08:10

Anda circulando un vídeo por redes sociales que es un extracto de un reportaje a pie de calle que hicieron en un conocido programa matinal de la televisión nacional el pasado jueves. El vídeo es francamente gracioso: la reportera se acerca a un joven que está tomando el sol con su perro en la playa de la Barceloneta, a fin de preguntarle sobre las nuevas medidas que endurecen la obligación del uso de la mascarilla. Rápidamente, el hombre responde que no la entiende y que si se lo puede volver a preguntar en inglés. La periodista, entonces, chapurrea como puede algo de face mask, tal y como harían tantas generaciones de españoles que han sobrevivido a 10 años de enseñanza de inglés obligatoria a base de copiarle el worbu al de al lado. El extranjero, ya más o menos enterado de la situación, responde que no le gustan las mascarillas, pero que entiende que son necesarias y que son un pequeño precio a pagar para ayudar a que el país vuelva a la normalidad. La reportera, que no ha entendido ni papa, se lanza en una huida hacia adelante digna de Fast and Furious y hace una traducción libre: «nos está comentando que él no lleva la mascarilla porque considera que no es necesario llevar el tapabocas cuando está aquí en la playa y hay distancia de seguridad y en estos momentos tampoco hay mucha gente aquí en la playa de la Barceloneta». Como digo, el vídeo es francamente gracioso, pero lo sería aún más si no fuera una enorme falta de ética profesional y un terrible indicador del estado del periodismo en la televisión actual. Y lo peor de todo es que no creo que esta flagrante manipulación fuera una decisión muy consciente: la reportera, que tiene una conexión en directo que sacar adelante, decide que lo mejor que puede hacer es decir lo que ella piensa que puede haber dicho el guiri, que es, convenientemente, justo lo que la línea editorial de su programa querría que hubiese dicho, pero que no ha dicho. Total, acostumbrados están a hacerlo ya con preguntas sesgadas que en su propio planteamiento inducen a una respuesta determinada, lo han hecho miles de veces —y si ni aún así cuela, es tan sencillo como pasarle el micro a alguien que sí diga lo que se le espera y emitir solo ese corte—. Y es preocupante, porque con estas y otras tácticas igual o más burdas, pueden conseguir que la opinión pública fluya de los medios a las personas, y no al revés.

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