El voto es el voto
Publicado el 09/02/2021 a las 09:00
Se han gastado millones de euros en investigación para la vacuna, millones de horas trabajadas por científicos mal pagados que se han dejado las pestañas para dar con la solución, miles de muertos por el camino y resulta que teníamos la solución en casa. Como lo oyen. La solución la teníamos a pocos kilómetros y no nos habíamos dado cuenta. ¿La solución a la Covid? ¡Organizar unas elecciones autonómicas! Y si es de una comunidad de sentido independentista que te facilite la gobernabilidad, mejor. No se preocupe usted que entonces que no hay riesgo de contagio alguno, ni lo transmite ni se infecta. Quitando la ironía y la seriedad del problema hay paradojas en esta vida que según desde el punto de vista que se miren resultan, por lo menos, desconcertantes o de difícil explicación, a no ser que le apliquemos un criterio partidista o de beneficio propio que tranquilamente se podría catalogar con un término jurídico que por desgracia estamos ya muy acostumbrados en este país: prevaricación.
Durante un año el peor gestor posible de la peor crisis de sanitaria que ha sufrido este país nos ha pedido sacrificios de manera continuada y firme como la única manera de poder luchar contra la pandemia. Nos ha pedido responsabilidad individual, evitar contactos con los nuestros a no ser que sean de la misma unidad familiar, evitar aglomeraciones de gente, guardar religiosamente la cuarentena si eres contacto estrecho, utilizar mascarillas que casualmente cuanto más caras mejor (hay que recaudar), utilizar el gel hidroalcohólico como si no hubiese mañana y favorecer a través de la higiene la posibilidad de contagio, no abrir la hostelería porque sería aumentaría el riesgo, limitar los aforos al 30%, establecer un toque de queda para estar a las once en casa no sea que te encuentres la puerta cerrada, que nuestros hijos no puedan jugar en los parques para poder mantener la distancia de seguridad, no poder ir a comer a casa de nuestros padres porque ya es segunda unidad familiar y es personal de riesgo, acreditar y justificar nuestros desplazamientos laborales... Y, fíjese por donde, en Cataluña todo esto desaparece por arte de magia para ir a votar. Más que por arte de magia, por interés individual.
Uno acude estupefacto, con la que está cayendo y la que nos están imponiendo, como el 14 de febrero en una región del noreste de España o Estat Espanyol (para gustos, colores) todas y cada una de las restricciones a las que nos hemos enfrentado durante un año van a pasar a segundo plano. Aquel que nos rogaba cumplir las normas, se la envaina y donde nos dijo digo, digo Diego. No importa los contactos, no importa las distancias, no importa los contagiados, no importa los posibles contagiados, no importa el miedo, no importa nada. Lo único importante es que el ciudadano pueda ejercer su derecho a voto sean cuales sean las consecuencias, aunque las consecuencias están totalmente analizadas y estudiadas. Resulta que hay sondeos que predicen un buen pronóstico al candidato de la rosa, por delante de los independentistas. Como manejen los mismos sondeos que los datos que manejaban sobre el catarrillo que venía de Wuhan la debacle puede ser importante.
Las consecuencias pronostican que el peor ministro de sanidad de la historia sea premiado con la posibilidad de gobernar una comunidad autónoma. Un ministro que no ha dado una, llegando siempre tarde y mal. Su nefasta gestión se premia con ser candidato a unas elecciones meramente por un rédito electoral. Vale todo para mantenerse en la poltrona y ante esto qué más da todo lo dicho anteriormente, pega la espantada en plena tercera ola, con frases para la hemeroteca como “No me arrepiento de nada”. Parece que las personas pasan a ser números interiorizados de tal manera que no nos sonroja absolutamente nada y el decoro pasa a segundo plano.
Todo esto es un insulto a la inteligencia y a la buena fe detodos los ciudadanos que llevan un año haciendo continuos sacrificios para evitar jugar con fuego. Por no nombrar, las coacciones y amenazas que están sufriendo los responsables de las mesas electorales si no acuden, alegando que se dan las condiciones adecuadas para votar. Condiciones que permiten salir a los contagiados a votar, a los que están en cuarentena, a personas de residencias de ancianos a votar, es decir, todo lo que estaba prohibido y perseguido se trata con manga ancha. Y lo peor es que si es necesario presionar a los tribunales de justicia para que se celebren las elecciones, se presiona. Tribunales de justicia que en cualquier situación hubiese imputado a cualquier hijo de vecino por prevaricación. ¿Se acuerdan la que cayó después del 8 de marzo del año pasado? Parece que hay algunos que se le ha olvidado…Todo sea para que por fin llegue a Cataluña el Salvador…
Daniel Arrarás Baraibar