La mesa como medicina
Publicado el 22/01/2021 a las 08:25
Quizá porque mi niñez sigue jugando en su playa, pero yo siempre he sido mediterráneo. Aquí, aunque no lo digan, lo somos casi todos. El mediterráneo como civilización se hizo y se hace sobre una mesa, con pan - de Arguiñáriz-, con aceite - de Arróniz- y con vino - de Olite-. Con eso basta para vivir bien. No se necesita caviar iraní para vivir una vida aceptable.
Cuando tengo que elegir un regalo de una lista de bodas elijo la mesa. La mesa tiene algo totémico. La mesa de verdad, sin televisión, con las personas frente a frente. Allí se comparten viandas, pero también conversación, mirada y desnudez. Es imposible sostener una falsa pose durante primer plato, segundo plato y postre. Con tanto tiempo la mueca de disgusto acaba apareciendo. Y no digo nada si después hay tertulia. Cristo cenó con sus discípulos en una mesa, pero Judas no aguantó, se fue a mitad. Ninguna tecnología la ha superado como herramienta de socialización. El Tinder no es nada sin una mesa. Todo pasa siempre antes por ella. Y desde el sábado, este maldito virus y la parca imaginación de los que mandan, la vuelven a restringir. Nos vuelven a cerrar bares, restaurantes y nos impiden sentar a nuestra mesa a alguien más allá de los muy nuestros, que por otro lado cada vez son menos.
No soy médico, tampoco hostelero, pero me da que en los tiempos que corren no hay medicina más necesaria que cinco horas de buena mesa a la semana con amigos. Salvando las distancias, claro.
Carlos Andreu Pintado