Fuego en la comarca de Pamplona

Cildoz: "Creo que ya nos hemos salvado"

La lluvia dio un respiro al incendio, pero apenas duró minutos. El cambio de dirección del viento devolvió la amenaza a las puertas del pueblo y anticipó una larga noche

Fotos del incendio en Ezcabarte al norte del monte San Cristóbal. Vista desde Cildoz
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20.00 HORAS. Vecinos permanecen expectantes ante la evolución del fuego frente a sus casasIVÁN BENÍTEZ
Fotos del incendio en Ezcabarte al norte del monte San Cristóbal. Vista desde Cildoz

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Iván Benítez

Publicado el 26/06/2026 a las 05:00

Creo que ya nos hemos salvado”. Pedro Diez de Ulzurrun, vecino de Cildoz de 78 años, resopló aliviado cuando las primeras gotas comenzaron a caer a las 19.52 horas. A su lado, su hijo Igor contemplaba los campos de cereal de la familia. “¡Gracias a la lluvia!”.

Padre e hijo se habían alejado unos metros del pueblo, en dirección al monte, para comprobar el estado de sus parcelas. Desde allí observaban cómo las llamas avanzaban por la ladera, a escasa distancia de las viviendas, mientras el viento parecía empujarlas hacia el norte.

En ese momento, los helicópteros del Gobierno de Navarra realizaban maniobras al límite entre el humo y una tormenta eléctrica que apenas duró un suspiro. La lluvia, que en un primer momento parecía providencial, resultó ser un espejismo. Empapó los campos de cereal, pero no logró apagar el incendio que seguía devorando el pinar.

Tan rápido como llegó, la tormenta desapareció. El cielo volvió a abrirse y el humo adquirió un intenso tono anaranjado que tiñó todo el paisaje. Entonces cambió también el viento.

Los helicópteros regresaron a la zona y Pedro e Igor avanzaron unos metros más entre los cultivos. “¿Ves? Todo eso es colza. Ha frenado el fuego”, señalaba Pedro a su hijo. Pero enseguida advirtió el cambio. “El viento está rotando. Ahora vuelve hacia las casas”, dijeron con el aliento entrecortado.

En el pueblo, el alcalde de Ezcabarte seguía de cerca la evolución junto a vecinos y voluntarios que colaboraban en la evacuación de más de veinte caballos del Centro Ecuestre Izadi. Entre ellos estaba Nahiara Abárzuza. “Los hemos llevado a un parque para alejarlos del peligro”, explicaba.

Mientras tanto, los bomberos pedían a varios agricultores que prepararan nuevos cortafuegos. Dos tractores llevaban tiempo abriendo franjas de seguridad para intentar contener el avance de las llamas. “La idea es realizar una quema controlada al anochecer”, comentaban sobre el terreno. Otro vecino advertía a un pequeño grupo de residentes: “Desde Protección Civil nos van a pedir que nos cubramos la cara con lo que tengamos”.

La preocupación iba en aumento. En el casco urbano, el hermano de Pedro contemplaba con gesto serio la enorme columna de humo que se acercaba. “Ahora viene todo para aquí. Nos vamos a asfixiar”, lamentaba.

A las diez de la noche, Cildoz seguía instalado en una calma tensa. En la ladera aún se distinguían varios focos activos. Dos pequeños camiones de bomberos permanecían desplegados junto a otros vehículos de apoyo. La humedad había aumentado y la temperatura había descendido, factores que jugaban a favor de los equipos de extinción. Los vecinos se acercaban continuamente para preguntar cómo evolucionaba la situación y recibían un mensaje tranquilizador. Pero nadie ocultaba la realidad: la noche iba a ser larga porque el fuego seguía vivo en la cima.

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