¿Soy normal?
Actualizado el 12/09/2020 a las 11:48
Vivimos en una sociedad cuya base es la estigmatización de la salud mental. Nos encanta ponerle etiquetas de valor a todo, siempre desde una perspectiva blanco-negro: uno es normal o anormal; funcional o disfuncional; adaptado o inadaptado. Por ende, se podría afirmar que la sociedad ha creado un concepto de “normalidad” basándose en las conductas que más se repiten en una comunidad concreta. Sería un “como todo el mundo lo hace, está bien”. Pero ¿qué significa ser “normal”? Según la RAE, normal tiene dos acepciones que me interesan. La primera de ellas es la que todos conocemos: “lo que por su naturaleza o forma se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano”. Estas normas en cuestión son las que ha decidido la sociedad en base a sus propios criterios y sin ningún apoyo empírico que dictamine qué conductas son normales y cuáles no. La otra definición, que es la que me gustaría comentar, es la siguiente: “dícese de lo que se halla en su natural estado”. Esta definición es la primera que sale al buscar normal en el diccionario. Según ella, todos somos normales simplemente siendo nosotros mismos, es una especie de cualidad innata. ¿Qué dice la sociedad al respecto? Que, si tu conducta no se ajusta a las normas que han creado, “pierdes” esa normalidad. Es realmente difícil describir la normalidad, y más en el ámbito conductual, pero hoy en día es una etiqueta que se utiliza en exceso. En Psicología, la consideramos una palabra tabú, al igual que otros adjetivos peyorativos como disfuncional o desadaptado. Ponerle a alguien la etiqueta de normal es básicamente juzgarle por su comportamiento. Pongamos un ejemplo: la sociedad es como un puzzle gigante en el que, aparentemente, todos luchamos por encajar. Cada uno de nosotros somos piezas sueltas y nuestro objetivo es encajar en alguna parte. Hay quienes físicamente no encajan, de modo que se “deforman” para encajar. La realidad es similar: la sociedad establece unas normas de conducta totalmente subjetivas, y todo aquel que no las cumpla, no es normal, ergo la normalidad depende del cumplimiento de dichas normas. Pero ¿y si alguien no puede cumplirlas? ¿Deja de ser normal? ¿Por qué la normalidad debe depender de factores externos? Personalmente, me parte el corazón ver a niños y adolescentes – ¡incluso algunos adultos! – cuestionarse si son o no normales. Que terminan yendo a terapia por las tremendas consecuencias que conlleva excluirles de ciertos grupos sociales por no encajar en “lo normal”. ¿De verdad creéis que ayudáis a un niño diciéndole que actúe de forma “normal”? Vivimos tiempos difíciles, y la pandemia afecta a cada uno de forma distinta, de modo que el concepto de normalidad se ha ido deformando hasta llegar a ser incluso caótico. Por eso me gustaría que aprovechásemos esta situación para ser más cuidadosos a la hora de poner etiquetas tan a la ligera, especialmente con la población más joven, que son el futuro de nuestro país. CAMBIEMOS EL JUICIO POR LA COMPRENSIÓN.