Las enseñanzas de la crisis

Santiago Pangua Cerrillo|

Publicado el 09/07/2020 a las 08:09

Las enseñanzas que hemos podido recibir de esta crisis en tan solo unos pocos meses son muy importantes y es de esperar que al igual que la peste negra contribuyó a un cambio en la percepción de la manera de vivir, al desarrolló la prevención sanitaria y dio lugar a la cultura renacentista, la crisis de la covid-19, puede ser un punto de inflexión para la construcción de un mundo mejor. La crisis nos ha permitido ver con claridad lo necesario, convendría no olvidar este importante aprendizaje, ya que la publicidad engañosa y nuestra debilidad por lo superfluo pueden hacernos volver a la situación anterior y dejar de trabajar en lo estrictamente necesario, como lo es nuestro sistema sanitario, que debemos reforzar y fortalecer. Igualmente, la producción y la cadena de suministro deben desarrollarse y consolidarse en los entornos próximos, facilitando la seguridad alimentaria y los productos de primera necesidad, lo que daría lugar a un nuevo modelo de desarrollo local, con una gestión más eficiente, caracterizada por la implicación de las personas, la sostenibilidad, los compromisos éticos y sociales. La necesidad de políticas efectivas es otra de las grandes enseñanzas que hemos recibido, necesitamos para ello que nuestros políticos sean los mejores para tomar decisiones acertadas y justas que contribuyan al bien común. Si exigimos experiencia y acreditaciones para el desempeño de trabajos normales, debemos ser mucho más exigentes con nuestros políticos a los que libremente elegimos y deberíamos asegurarnos de su preparación, su rectitud moral, su compromiso, su fortaleza, su solvencia técnica y económica, como base para garantizar su eficiencia, evitando así que hagan de la política una forma de vida particular sin la capacidad de servicio a los demás.

La colaboración de entidades, empresas y personas ha sido visible y digna de elogio, en un mundo caracterizado por la competencia sin límites y el individualismo. Observamos como la maquinaria se vuelve a poner en marcha, para seguir inyectando el virus competitividad atroz, ganar a toda costa, ser el más rápido, crecer hundiendo al adversario…, es algo que ensañamos a nuestros niños y jóvenes a practicar, alejándoles de valores fundamentales con la compasión y la indignación que hagan de ellos verdaderos seres humanos, motivados por la justicia, la paz, el amor y el respeto a la vida, permitiéndoles afrontar siempre el futuro con esperanza e ilusión.

Pero sin duda la enseñanza más interesante ha sido la necesidad de conocer la verdad. La mentira no es una novedad, acompaña al ser humano desde la antigüedad, es por ello que la mentira está prohibida y es rechazada prácticamente por todas las religiones. Conviene, por lo tanto, no justificar la mentira como pretexto para evitar conflictos o las mentiras piadosas que pretenden no causar daño, la mentira utilizada hoy con tanta frecuencia en la política y en algunas profesiones para alcanzar un fin, serán siempre perjudiciales, tanto para sus autores al cargar negativamente sus conciencias con las mentiras, como para los perjudicados por sus efectos ya que las mentiras son desviaciones con resultados de perdición.

Santiago Pangua Cerrillo

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