Acerca del Servicio Navarro de Salud
Publicado el 03/07/2020 a las 08:32
Cuando las cosas funcionan solemos interpretar que llegan a buen término porque sí, por una especie de azar misterioso, o lo que viene a ser casi lo mismo, porque el sistema está bien pensado. Mis mayores me enseñaron, sin embargo que, en el buen resultado y en el malo, siempre hay manos concretas que encaminan los procesos a su final. Hace unos días sentí una intensa angustia en el pecho. Se la comenté a mi mujer y decidimos llamar de inmediato al 112. A los quince minutos escasos una ambulancia medicalizada llegaba a mi domicilio; el diagnóstico del doctor fue rápido y tajante: infarto. A los treinta y cinco minutos (desde el comienzo del malestar) entraba en la Unidad de Coronarias del Hospital de Navarra, donde unos cuantos profesionales procedieron a ejecutar una serie de acciones precisas, sin dilaciones ni tampoco precipitación. A las tres horas de haber comenzado todo, ya no sentía dolor alguno. A partir de aquí, unos pocos días de cuidados, cateterismo incluido… Y de vuelta a casa.
La competencia profesional de todo el personal que me atendió en aquellos momentos claves fue inmejorable. Repito: inmejorable. Pero por encima de ello, su calidad humana resultaba indiscutible. Lamento recordar solo los nombres de algunas enfermeras, Itsaso, Vanessa, Celia, Tamara…, seguras en los protocolos que aplicar, cuidadosas en la atención al paciente, solícitas y cercanas en los mínimos detalles. Ellas y los médicos, las varias auxiliares, las limpiadoras, los celadores, en fin todos, absolutamente todos los sanitarios nos hacían a los pacientes de la Unidad objeto de una atención exquisita. Con la cual conseguían atemperar los tintes dramáticos de que suele revestirse una experiencia como la nuestra.
Por todo nos sentimos mi mujer y yo sincera y profundamente agradecidos. Muchas gracias, de corazón (en el sentido emotivo y, claro, también en el literal).
