El coronavirus es relativo

José Ignacio Aranguren de la Gracia|

Publicado el 31/05/2020 a las 10:44

La crisis del coronavirus esta poniendo de manifiesto rasgos propios de nuestra sociedad, que están quedando retratados. Pese a que aún persisten importantes desigualdades , los exponenciales avances experimentados en la ciencia y tecnología hacen que vivamos en un periodo con grandes facilidades y comodidades. En este contexto, hemos ido perdiendo sensibilidad. Cada vez somos menos conscientes de quienes somos verdaderamente. Nos hemos olvidado de nuestra limitaciones y carencias. Nos lo hemos creído demasiado hasta el punto de pensar que somos como dioses, que cada uno puede hacer siempre lo que quiera. El progreso, que no es malo en sí mismo, nos ha tiranizado sin darnos cuenta.Todo esto desemboca en una sociedad profundamente relativista y acomodada. Al desterrar la verdad de las cosas, nos convencemos de que nuestra opinión es lo único que vale y es nuestro pretexto para no implicarnos y vivir cómodamente. Nos escondemos tras un argumento falaz, pero que se presenta atractivo y sugerente. Cada uno que vea las cosas como quiera y punto. El problema es que eso, de forma casi imperceptible, nos hace profundamente infelices. Necesitamos puntos de unión, necesitamos mirarnos a los ojos y entendernos. Necesitamos no creernos perfectos y capaces de todo. Necesitamos, en última instancia, sentirnos vulnerables ante los demás.Sin duda, la actual pandemia nos confronta con nuestro propio yo. Nos lleva a reajustar la mente y replantearnos cómo estamos enfocando las cosas. Es un gran momento para que resurja nuestra conciencia, para quitarnos la careta. Estamos tocando de cerca una realidad que, en gran medida, no podemos cambiar. Podemos negarlo una y mil veces. Podemos seguir jugando al escondite, seguir diciendo que todo es relativo, que por encima de todo está siempre mi verdad, mi manera de ver. Pero si pensamos esto noblemente, nos daremos cuenta de que carece de sentido. Por supuesto que hay cuestiones debatibles; la mayoría lo son, pero en las cosas grandes, las que de verdad nos importan, pensar así nos genera un profundo vacío y desasosiego que queda reflejado en los altos niveles de consumismo y hedonismo de nuestra sociedad.Por eso pienso que el gran problema actual no es el coronavirus, que aun con mucho dolor y sacrificio, pasará. El gran problema del mundo actual es el relativismo, que campa a sus anchas por nuestros medios de comunicación y redes sociales y que se ha instalado a vivir en nuestra conciencia. Ojalá que la coyuntura actual nos lleve a reflexión y nos despierte de nuestra infundada implacabilidad, poniéndonos frente a lo que somos, pequeños, limitados; que nos recuerde que la realidad es más fuerte y grande que nuestra estrechez de mira. Sólo queda perdonarnos a nosotros mismos, curar nuestras heridas y arremangarnos para salir de esta situación entre todos, con la certeza de que, sólo en la decisión consciente de buscar la verdad, aun con las dificultades que eso conlleve, seremos verdaderamente libres.

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