Cuando todo esto pase

Pedro Lizaur|

Publicado el 15/05/2020 a las 07:56

Escribo estas líneas desayunando en el balcón del maestro Iturrioz mientras escucho su conversación con Andrés Hurtado sobre la vida y sus disyuntivas. El maestro sigue regando sus flores como intentando quitar hierro al asunto. La verdad es que tiene bastante bonita la terraza.

Cuando todo esto pase debería ponerme a adornar mi terraza.

Cuando el último sorbo de café me devuelve a la cruda realidad, decido levantarme de la silla porque tengo una cita. Me embarco entre las líneas de las mejores firmas del país y sus puntos de vista sobre la situación actual. Viajo a Sevilla, Madrid, Barcelona y, por supuesto, a las calles de Pamplona, descubriendo las acciones tan bonitas y reconfortantes que nos ofrece la sociedad a lo largo de estos días.

Sin miramientos decido coger un poco de Polvos Flu y quedo con El viejo, Santiago, para navegar un poquito por las redes. Poquito, mejor así. Ha llegado un momento en el que Twitter se ha convertido en un frontón donde la pelota casi siempre vuelve pegada a la pared, difícil de contestar. Nunca sabes si vendrá de izquierdas o de derechas, pero parece que, venga de donde venga, siempre hay que responder. Tener los últimos 280 caracteres parece que da la victoria, el desarrollo del partido ya no cuenta tanto. En estos días donde el contacto ha quedado reducido, ¿no puede haber abrazos en el marcador? En fin…

Me siento sediento de tanta sal y arreones del marlín, por lo que decido conectarme al vermú online con mi cuadrilla. Como siempre, algunos llegan tarde. Los de siempre. Los planes se van a agolpar cuando todo esto pase. ¿Y el viaje de los 30 años de verano? ¿Lo mantenemos? Parece como si todo siguiera su curso habitual. No faltan las cervezas, las patatas, las aceitunas, los ceniceros… Hasta algún avispado usa a su compañero de piso como camarero temporal. Da igual las circunstancias, siempre existirán los impuntuales y los vagos.

Apurado por el sonido de la olla decido volver a casa y comer tranquilamente en el salón. En el último momento han decidido venir a comer Elis Regina y Antonio Carlos Jobim. Se han empeñado en cantar bossa nova sin parar. El momento cumbre viene cuando deciden cantar “Águas de Março”. Qué pena no tener en casa lo necesario para finalizar la comida con una caipirinha.

De vuelta de Brasil me veo acompañando a Cascales, Enrique San Francisco, en su búsqueda de un nuevo papel por las pendientes del surrealista pueblo de Albacete. Un grupo de jóvenes gringos nos intentan vender las costumbres y la buena praxis de los Estados Unidos de América. Enrique, pasa de largo. Necesita un cambio de personaje, pero no está tan desesperado. Decido dejarles en pleno reparto de papeles por si acaso me toca alguno difícil de digerir. No está el tiempo para pruebas. El alcalde está un tanto encendido. Si todo sigue su curso, amanecerá que no es poco.

La tarde avanza decidida a dar la bienvenida a la noche. Antes de que anochezca me quito toda la pereza del mundo y pongo rumbo a las calles de Medellín. Me espera mi intenso amigo Fausto Murillo y su canal de youtube. Media hora de ejercicio que parece una auténtica eternidad. Sin duda, hay que moverse y no esperar a cuando todo esto pase.

Vuelvo sudado de la región de Antioquia, ducha revitalizante y cena ligerita. Por fin, descanso en mi sofá después de un día bastante ajetreado. Nada llama mi atención en la televisión. Salgo de casa y vuelvo a la terraza de Iturrioz. Ahí sigue con sus plantas. Decidido, mañana me pongo a mirar mobiliario y plantas para mi terraza. Las hojas pasan, los minutos me envuelven y sin quererlo acabo el libro.

 “Qué bien se está en casa”, pienso mientras echo el último vistazo a las redes y la estela formada durante el día. El partido sigue disputado, nadie quiere darlo por perdido. Da igual la hora. En fin, me acuesto satisfecho con la cantidad de parajes y personajes que he conocido sin salir de mis cuarenta metros cuadrados de casa. Mañana ya no volveré a la terraza de Iturrioz en Madrid, pero quizás me anime a visitar Orán. Demasiado evidente. Mejor lo dejo para cuando todo esto pase.

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