Los desheredados de la tecnología
Publicado el 15/05/2020 a las 08:25
Desheredados. Así calificada un titular de este periódico, hace unos quince años, una información que ilustraba las dificultades en pueblos situados a minutos de la capital en coche y que, sin embargo, presentaban problemas de acceso y conexión telefónica y a internet. Eran tiempos todavía de adsl, la fibra se antojaba tan lejana como la sienten todavía muchos navarros al margen de grandes urbanizaciones o del camino fijado por los diferentes gobiernos para su expansión. Y el móvil era absolutamente común como medio de comunicación, pero imposible de conectar al llegar a esos núcleos que pelean contra la despoblación y que se mantienen por la perseverancia de los que decidieron echar raíces donde su familia ha habitado por siglos. Luego llegó el internet rural. Una solución temporal, aunque infinitamente más cara que acceder a la red en la ciudad, disponer de múltiples canales de televisión y cobertura fija y móvil asegurada en un mismo contrato, como ocurría a apenas diez kilómetros. O quizá menos.
Y así seguimos. Tres lustros después el escenario se repite. Hablo de mi pueblo, de Unzu. Ya no aspiramos a conectarnos por el móvil, porque al menos la compañía dominante acabó instalando una antena. Tras años de espera. Su puesta en marcha supuso apagar el acceso por el sistema de internet rural. Y llegó “la radio”. Un acceso remoto, al albur de la meteorología, del tráfico generado al mismo tiempo. Y del 3 G. Sí. Esa nomenclatura que ya casi sorprende a muchos en su teléfono móvil, accesible desde 4 G o 5 G.
Es verdad que somos pocos, unos cientos si juntamos todo el municipio de Juslapeña y tres decenas en nuestro pueblo. Pero las necesidades de conexión son iguales que las del resto de la comunidad. Algunos ya trabajábamos desde casa, conectados a una empresa. Otros se han incorporado al tele trabajo, quién sabe si parcial o definitivamente, en este estado de alarma. Estudiamos carreras universitarias, grados de lo que llamábamos Formación Profesional, enseñanza secundaria o bachiller, tenemos negocios y servicios que atender. Y cuando hay que hacerlo desde casa, es necesario conectarse para asistir a clase, hacer exámenes, preparar y presentar proyectos... También para trabajar en grupo, subir vídeos... Y con nuestro sistema la velocidad de subida es menor a un mega, así que el asunto se complica, la lentitud desespera y no pocas veces te hace perder el hilo de lo que estabas trabajando.
En un momento en el que la comunidad presume de planes de banda ancha, de inversión en tecnología, de fibra, 5G, de puntera en definitiva, hay pueblos en los que es difícil trabajar y estudiar, Que siguen “desheredados”. Y todo son buenas palabras. Todos te comprenden y te dan la razón, pero no medios para cambiar la situación, aun cuando tecnológicamente no es un disparate ni un dispendio económico. Y eso que somos de esos pueblos que tantos dicen defender.