Qué desgracia

Pedro Hernández Barbarin|

Actualizado el 11/04/2020 a las 17:30

Analistas, obsrvadores, psicoanalistas, investigadores, futurólogos y hasta adivinos, se devanan las meninges por prever el futuro que nos espera tras la muerte, huida, sueño o alejamiento del coronavirus. Se les suman también esa reata de tertulianos expertos en nada, pero de fácil verbo, palabra hiriente y afilada lengua, que tanto juzgan o sujuzgan los vaivenes de Wall Street, el desarrollo de la teoría cuántica, los arpegios de la rumba, la estructura del armadillo, los impulsos sexuales de la folclórica o las disquisiciones filosóficas de Cristiano Ronaldo, Con suerte alguno se aproximará y, si da en la diana, posiblemente se gane una entrevista con Gabilondo, el Premio Príncipe de Asturias y, acaso, el flamante Nobel. Contará que fue fruto de duro estudio e investigación; de una seria, meditada y hasta tortuosa reflexión, olvidándose que simplemente se trató de una puta chiripa. Nadie sabe si el maldito bichito se extinguirá, rebrotará o volverá a aparecer periódicamente o cuando le dé la gana. Pero el pueblo, los ciudadanos de a pie, los insignificantes, estamos aprendiendo que uno no puede fiarse de las predicciones de los políticos, los científicos, los sanitarios, ni de la mismísima OMS, organismo que, a las primeras de cambio ha demostrado su ineficacia, ignorancia y falta de criterio y rumbo. ”No es fácil que se traslade a otros continentes”; no hay motivo para la alarma; su llegada a Europa será irrelevante. Mejor si os ponéis mascarillas. Mejor si no las usáis”. “Estamos preparados por si llegara a España”. (Pedro Sánchez). “Es así como debemos protegernos del virus” (Fernando Simón).”¿Cómo no les da vergüenza autorizarnos a celebrar tamaña fiesta en Vista Alegre?” (Santiago Abascal). “Otro palo de ciego del Gobierno: ordenar el confinamiento”. (Pablo Casado). Pero tamaño dislate no es patrimonio exclusivo de nuestros dirigentes. A Boris Johnson le hacía reir el maldito bicho. Donald Trump le retaba a invadir USA. Andrés Manuel López Obrador declaró que no les atacaría pues se quedaría embelesado escuchando los mariachis y Jair Bolsonaro prometió recurrir para ahuyentarlo al inigualable cimbreo de las caderas de las muchachas. A los navarros nos robaron material los turcos, a Francia los norteamericanos les confiscó, a golpe de dólar, un gran cargamento de China. A los italianos les birló Alemania millones de mascarillas. Más vale que los insignificantes parece ser que le hemos puesto el stop quedándonos en casita. Nos habíamos creído que la mejor sanidad del mundo era la de este país. Y la mejor de España la de Navarra. Tanto estúpido,tanto ignorante, tanto mentiroso, tanto rastrero ¡Y NOS TENEMOS QUE AGUANTAR!

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