Una nueva esperanza
Publicado el 08/04/2020 a las 08:10
En estas semanas de alerta social, preocupación e incertidumbre, se deja entrever un cierto desánimo y escepticismo general. Las seguridades con las que contábamos ya solo tienen un valor relativo, y la alegría por la salud de los más queridos se torna en tristeza por la enfermedad o el fallecimiento de personas cercanas. Pero la situación de confinamiento actual también propicia momentos de contemplación exterior e interior, y pone en valor las capacidades del ser humano cuando este se ve superado. Es única y exclusivamente en este tipo de situaciones, cuando la humanidad saca lo mejor de sí y aparta a un lado sus diferencias sociales, culturales y políticas para ocupar sus esfuerzos en lo más básico: la salud propia, de la familia y el deseo de vivir. Actos que hasta hace muy poco eran cotidianos, ahora se convierten en un lujo; situaciones que antes pasaban desapercibidas, ahora son noticia; personas que antes eran anónimas, ahora son héroes; y la fe que muchos tenían adormecida ahora quizá sea su sustento.
Ha surgido además un nuevo sentimiento de pertenencia al vecindario, con un “embalconamiento” de nuestras relaciones personales y una interiorización forzosa de nuestro estilo de vida. Creo en el ser humano cuando veo cientos de profesionales dar su vida en los hospitales, en las UCIS, incluso quienes disfrutaban ya de una merecida jubilación, así como de los voluntarios. Creo en el ser humano cuando veo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y al Ejército, trabajando a un objetivo común, ayudando a muchas personas incluso en sus problemas cotidianos. Creo en el ser humano cuando veo a religiosas de vida contemplativa trabajando en la realización de mascarillas y a sacerdotes que continúan con su ministerio atendiendo espiritualmente a quienes lo solicitan. Creo en el ser humano cuando veo a muchos empresarios ayudar en la compra de material y ceder sus espacios. Creo en el ser humano cuando veo también al profesorado atender diariamente a su alumnado, con los retos y dificultades que plantea la docencia no presencial. Y creo firmemente que esta crisis la vamos a vencer entre todos. Pero no gracias a los partidos de derechas o de izquierdas, ni a nuestro orgullo de sociedad occidental. Los logros vendrán de la mano de todas aquellas personas que siguen trabajando día a día: en los hospitales, en las urgencias, en los laboratorios, en los supermercados, en las farmacias, empresas de transporte, de limpieza, los que se ocupan de nuestra seguridad, de nuestra salud espiritual… y de tantos otros profesionales, incluyendo, cómo no, los que seguimos trabajando desde casa y en casa. ¿Quién sabe? Quizá todo esto forme parte un día de nuestra propia redención como seres humanos y se ponga en valor aquello que decía San Agustín: “Da lo que tienes para que merezcas recibir lo que te falta”.
Carlos Andrés Sánchez
