A nuestros agricultores
Publicado el 29/03/2020 a las 08:33
Se levantó temprano, muy temprano, y marchó a sus campos antes de salir el sol. La piel castigada por las horas a cielo abierto, el rostro cansado, la vista perdida. Aquellas tierras habían sido más que un modo de subsistencia, habían sido su vida, pero ahora, apenas daban nada. Hace pocos días se habían manifestado en toda España. Denunciaban que ellos eran obligados a vender a pérdidas, mientras que los intermediarios se enriquecían con la venta de los productos que tanto trabajo les había costado cultivar. Pedían algo tan sencillo como justicia, como que no se comprara fuera, sin control alguno de calidad, los productos que tan excelentemente producían ellos.
Hoy parte de esos países ya no exportan. Hoy nadie se acuerda de este país asustado y confinado, salvo los que vivimos en él.
Todo esto rumiaba en su tractor mientras se dirigía a su pieza, pero... ¡Qué carajo! ¡Son los míos!, ¡Mi gente! Las lechugas, cogollos, alcachofas y resto de productos de sus campos ahora eran necesarios. La agricultura había pasado a ser un servicio esencial. Debía salir de la relativa seguridad de su casa para garantizar el abastecimiento a los demás. Sí. Aunque fuera a costa de aumentar el riesgo. ¡Aunque fuera a pérdidas! Y en esos pensamientos, fue pasando la jornada, llegando el atardecer y poniéndose el sol. Dicen que a pesar de no sentirse comprendido, ni pagado, ni valorado, ahora está haciendo un esfuerzo mayor que nunca para no fallar a nadie. Dicen que también él está muy preocupado por la salud, por el futuro económico, por su profesión. Pero dicen que lo que más le preocupa es seguir mañana sano para seguir cultivando.
Me cuentan que ayer, ya de madrugada, vieron su tractor rojo desinfectando con productos que él había abonado de su bolsillo las calles de su pueblo, porque, ¡Qué carajo! ¡Son los suyos! Y dicen que fue al llegar a su casa a dormir, ya de madrugada, cuando pareció observarse en su rostro un atisbo de sonrisa. Hacía mucho que no le veían sonreír.
Hoy quería decirte que te estoy agradecido. Que entiendo tus problemas y los haré míos, porque tú hiciste tuya mi necesidad en los tiempos de confinamiento. Porque tu causa es clara y simplemente justa. Porque no nos has dejado abandonados. Porque tú también eres un héroe de esta tragedia. Y porque, ¡qué carajo! Has cuidado de los míos.