El poder de la esperanza

Jose Ignacio Aranguren|

Publicado el 26/03/2020 a las 15:30

Vivimos semanas extrañas. Semanas en las que no nos queda otra que confinarnos en casa y esperar con paciencia a que pase el chaparrón lo antes posible. Son momentos de angustia para todos y en los que muchos ciudadanos están sufriendo en primera o segunda persona a consecuencia del inapelable y maldito virus. La obligada, y responsable, restricción de permanecer en casa y las trágicas circunstancias que se están empezando a dar en nuestro país constituyen, sin duda, una ocasión para recalibrar el sentido de nuestra vida. En este contexto, y a raíz de todos los mensajes y videos que recibimos a todas horas, he podido darme cuenta del inmenso poder que tiene la esperanza en cada uno de nosotros. La esperanza ejerce de motor, de impulso. Es la energía que nos mantiene vivos y lo que nos lleva a seguir hacia adelante. Sin embargo, creo que hay mucha confusión actual a la hora de hablar de esperanza. Se ha convertido en un recurso fácil, en un término genérico para referirnos a una idílica confianza en el futuro. Es un vocablo mercantilizado, empobrecido, expuesto a la constante tergiversación y manipulación que sufre en la actualidad el lenguaje.De esta manera, se le otorga un sentido falsificado a esta palabra. Se nos hace creer que la esperanza es simple y ramplona. Que esperanza es solo una palabra de ánimo. Que esperanza es esperar y no hacer nada. Que esperanza es decirnos cada día como un mantra “todo va a salir bien”. Se ofrece una visión de la esperanza sumamente incompleta y reducida. Así, se desdibuja la esperanza y se la deja vacía de contenido.La esperanza nos revitaliza, nos hace sentir vivos. Crece y se desarrolla dentro de cada uno y de sus circunstancias. Nos habita. Reside en lo más profundo de nuestro ser y se erige como una seña de identidad del ser humano. Nos define como personas. Alimenta nuestra existencia, nos reconforta. Por eso necesitamos nuestra dosis diaria de esperanza.Esperanza es aprender a mirar. Es ver el fruto mucho más allá del momento presente. Esperanza es mirar a largo plazo, pero viviendo con absoluta presencia e integridad el momento actual. Esperanza es construir cada paso, con ojos vivos y atentos. Esperanza somos cada uno de nosotros cada mañana, al despertar.Esperanza es el aroma del hogar, de los tuyos. Esperanza es hacerse un horario para evitar la inactividad estos días. Y reírse de uno mismo cuando no se cumple. Esperanza es conocerse bien, y saber que lo importante en todo momento es vivir conforme a lo que cada uno queremos ser, y que es ahí donde obtenemos el premio.Desarrollar y vivir la verdadera esperanza nos hace más libres y humanos. Por eso en estas semanas de encierro, tratemos de buscar y compartir la esperanza cada día. Construyamos desde dentro y anclados en lo que somos, sin dejar de mirar con optimismo y confianza el día a día y conscientes de que, si así lo hacemos, saldremos fortalecidos y enriquecidos de esta difícil situación, como personas y como sociedad.

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