La pasarela del Labrit
Publicado el 25/01/2020 a las 08:29
Unos dicen que es peligrosa y otros que no, que se debe desmontar o que merece la pena estudiar un arreglo. Y para sorpresa del perplejo ciudadano, hasta en esto han diferido los pareceres de los alcaldes y concejales según sean de un bando político o de otro. Curioso, muy curioso. En su ignorancia, uno creía que la anunciada prueba de carga que se iba a hacer en ella habría de ser arrimando un buen montón de sacos de arena, con el riesgo que podría correr el operario cuando depositase el último de ellos (algo así creo que se hizo en los tendidos de la nueva plaza de toros de Pamplona el año 1922). Pero no, nada de sacos sudando la camiseta: resulta que el asunto ha resultado bastante más sencillo, o por lo menos más descansado porque la prueba ha consistido en instalar unos sensores para que tres personas de peso medio, sin necesidad tan siquiera de que sean gordas, desfilen por la pasarela a paso normal, más unos análisis de tensión y algún etcétera. Los datos fueron derivados a un ordenador de forma automática (hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad), de modo que con eso y con poca cosa más se podrá poner en claro de una vez por todas si el puente aguanta o hay que desmontarlo (y uno se pregunta si no se podría haber hecho esto mismo mucho antes). Los puentes son algo mágico que parecen volar por el aire como si se apoyaran en él, de modo que cada ojo es una pirueta, un salto en el vacío. Si un neanderthal (o neanderthala, perdón) hubiera podido ver alguno se habría quedado pasmado. Uno siempre ha tenido admiración por sus constructores, los romanos eran geniales, pero en estos tiempos siente especial respeto por los ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, esos profesionales salidos de una Escuela que a pesar de su decimonónico nombre imparte enseñanzas para que sean posibles esas proezas que parecen burlarse de la ley de la gravedad, juntando la belleza y la imaginación con la tecnología y el estudio. Un aldeano que no debía de ser tonto dijo en cierta ocasión que el papel aguanta todo lo que se le pueda escribir encima, o sea las mayores necedades, las peores mentiras o las propuestas más disparatadas. Igualmente, en el arte abstracto se puede pintar una composición vulgar pero adecuadamente camuflada de genialidad para que muchos imbéciles la admiren e incluso algunos lleguen a pagar por ella mucho dinero. Pero he aquí que los ingenieros de Caminos no pueden atreverse a tanto porque el acero y el cemento se ve que son más débiles que el papel y el lienzo, y no pueden aguantar todo lo que se les ponga encima. Un puente resiste cuando se ha estudiado con rigor, y sólo se puede levantar con esfuerzo. La lástima es que no todos los escritores y pintores están sujetos a tales exigencias.
Daniel Bidaurreta olza