Erijo un monumento con palabras (2)
Publicado el 18/12/2019 a las 11:08
(Sigue.) Sí se sabe que fue un sueco (que, al parecer, mientras andaba ideando el impecable, imperecedero e implacable pensamiento que sigue —como acarreaba una certeza como un templo, con el lento trascurso del tiempo, devino en adagio—, no se hizo el tal, el sueco) quien se sacó del magín esta sentencia apodíctica: una alegría compartida es una alegría doble; una pena compartida, la mitad de una pena. Don Santiago Ramón y Cajal, en “Charlas de café” (1920), escribió que “hay tres clases de ingratos: los que callan el favor, los que lo cobran y los que lo vengan”. Así las cosas, como el abajo firmante de estos renglones torcidos detesta (y por eso huye de) comportarse como uno de los tres tipos de desagradecidos que advirtió el Premio Nobel de Medicina de 1906 entre sus congéneres, a todas las persona que acudieron (y a cuantas, por diversos motivos, no pudieron desplazarse físicamente, pero estuvieron allí en espíritu —deseo mencionar entre estos guiones largos a los cuatro componentes del grupo “Las gafas de Mike”, Javi, Txetxu, Jon y Mikel, que amenizaron el acto con sus guitarras y voces y demostraron admirar a mi sobrino Jorge tanto como él los admira a ellos; a los tebanos Sergio Iturre, “Pucherico”, presidente de la Peña; Jesús Manuel García, “Fitín”; Alfredo Sarnago, “Purillo”; y Pablo Mugueta, “el Flaco”, coorganizadores del fiestón que le prepararon al imprescindible y “Supertebano”; a mi cuñada Elena y a mi hermano Jesús María, “el Chichas”, progenitores de la criatura; a su hermano Íñigo, que lloró como una Magdalena de emoción; a sus tíos y primos; a sus amigos, a los padres de sus amigos y a los amigos de sus padres—), a todos, sin excepción, los que el sábado pasado, 14 de los corrientes, se dieron cita en la sede de la Peña “La Teba”, a fin de felicitar a mi sobrino Jorge, que hoy, precisamente, 18, llega a la mayoridad, cumple los dieciocho, mediante estas líneas, les doy, de corazón, mis gracias más sentidas y sinceras, y con las palabras que he usado en este texto intento erigirles, por habérselo ganado a pulso, un emotivo y metafórico monumento. Ángel Sáez García angelsaez.otramotro@gmail.com