Erijo un monumento con palabras (1)

Ángel Sáez García|

Publicado el 18/12/2019 a las 11:06

¿ERIJO UN MONUMENTO CON PALABRAS? ENSALZO LA EXCELENCIA DONDE LA HALLO “Hay hombres que luchan un día y son buenos.Hay otros que luchan un año y son mejores.Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos.Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”. Bertolt Brecht No miento (del verbo mentir) cuando miento (del verbo mentar) que me dispongo a meter las manos en la masa, o sea, a dar cuenta (no es un cuento, aunque lo parezca) de las cuatro patas que acaba de suministrarme (inspirarme lo llamarán otros, seguramente) mi hermosa musa (que, como gusta exhibir la gama completa de los colores, a nadie le extraña que la llame por su gracia de pila, Iris), para probar si la mesa cojea, porque, como no lo haga, lo tendré claro, cristalino, y esta será digna de ir a misa. Desde que era un crío (antes, en Tudela, usábamos más la voz “muete”), desde que adquirí algunas nociones básicas sobre cómo ha de usarse la razón, a distintos educadores les he escuchado aducir o leído la misma o parecida y aleccionadora recomendación: se puede airear el nombre del pecado, pero se debe callar el nombre del pecador. Conjeturo meridianamente el porqué (no pongas el rostro de nadie dentro de una diana y nadie colocará tu cara en el disparadero). Así pues, conviene sacar a la luz la actitud o el comportamiento que hay que corregir, pues merece oportuna enmienda, pero sin señalar con el dedo índice ni con ningún otro, ni con la tinta azul del BIC ni con la negra de las teclas del ordenador/impresora que uses, a quien metió la gamba, cometió la falta o incurrió en el error. Los ciudadanos romanos, que veintitantos siglos antes habían llegado a idéntica conclusión y verdad, la concentraron en este latinajo: Errare humanum est, sed perseverare diabolicum (“Errar es humano, pero obstinarse en errar es diabólico”). Ahora bien, de esta verdad incontestable, irrefutable, he colegido o deducido otra del mismo jaez, pero de recorrido opuesto: ensalza la excelencia donde la halles. No se sabe a ciencia cierta (al menos, servidor —confiesa, sin ambages, su ignorancia— lo desconoce) quién fue la primera persona sobre la faz de La Tierra, un genio, sin duda, que tuvo el gesto (“el gesto es lo que cuenta” es, traducida, frase que suelen iterar los franceses), una gesta, de dar las gracias, esto es, que hizo el descubrimiento o el hallazgo inmarchitable de mostrarse agradecido con quien lo benefició. (Continúa.)

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