El gran circo nacional

José Mª Redín Berdonce|

Publicado el 15/12/2019 a las 08:59

Pasen y vean, el gran circo español está a punto de comenzar… La gran jaula de los leones traídos de tierras vascas, catalanas, gallegas y otras latitudes como Canarias, Baleares, Ceuta o Melilla está ya dispuesto a abrir sus puertas (o jaulas) para que asistan al mayor espectáculo que nunca han visto ni verán. Así podríamos anunciar la apertura del Congreso de los Diputados efectuado en días pasados en este bendito lugar, España. Para empezar y como plato fuerte comenzó el presentador (un señor con barba) con la gran novedad en nuestro país de Vox, un lobo estepario de lo más cruel y sanguinario que, según cuentan los ancianos del lugar, se comía a los niños crudos entre pan y pan… Que luego a decir verdad y visto lo visto al lado de él Torra, Otegui y compañía más que lobos parecían las hermanitas de la caridad. Seguido se hizo una introducción a modo de ensayo de cómo o de qué manera se haría prometer o jurar a sus “señorías” el acatamiento a la Constitución sin mojarse ni mancharse. Es decir, un parecido al misterio de la Concepción pero más terrenal. Y como había llegado el plato fuerte, este no se hizo esperar, se trataba como he dicho antes de jurar la Constitución lo cual a más de uno que haya asistido a un juicio, transacción ante notario o casación (por no decir matrimonio que hoy día duran menos que en agosto un melón) sabe lo que es jurar o prometer sin más dilación. Y aquí llegó la cuestión: los unos prometían por la libertad de los presos, los otros por la república catalana, otros por España y la revolución… Eso sí, en toda clase de idiomas, incluido el castellano, este como detalle o mal menor. Lo que eché en falta fue el gallego aunque estos como son tan listos... Y ya, por último, tras un pequeño accidente de una de sus “señorías” al subir al estrado para la votación, se procedió al consabido juego de las sillas donde desde los más chicos a los mayores se lo pasaron pipa al ver como sus “señorías”, entre prisas y empujones, se disputaban las sillas y sillones como si les fuese en ello la vida. Y así acabó una vez más la función de este circo nacional, del que se dice ser uno de los mejores y en el que pocos “trabajan” y encima comen.

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