50 años del Colegio San Agustín
Publicado el 21/10/2019 a las 08:16
El pasado día 5 de octubre se cumplieron los 50 años desde la transformación del antiguo convento de los Agustinos Recoletos, ubicado en el denominado 'Soto de Ainzoáin', en el colegio San Agustín de Enseñanza Primaria. Fue la crisis generalizada de vocaciones religiosas la que propició este cambio. De los primeros 67 alumnos que inauguraron el nuevo centro educativo se llegaron a totalizar varios miles en el transcurso de sus 34 años de funcionamiento.
La competencia profesional del equipo docente así como la excelente calidad de la formación impartida posibilitó que el Ministerio de Educación y Ciencia lo calificara en el año 1972 como Centro Experimental de la nueva E.G.B., constituyéndose en uno de los centros educativos pioneros de nuestra Comunidad Foral.
Lamentablemente, en el año 2003, al realizarse unas obras de remodelación en el centro, los técnicos detectaron graves deficiencias en la estructura del edificio que obligaron a su cierre. Durante el curso 2003-04 los alumnos se trasladaron al edificio de la antigua ikastola Jaso, previa inversión de unos 500.000 euros en su reforma y adaptación. Tras un intento fallido de crear una cooperativa integrada por la Apyma y el profesorado del centro, los más de 30 docentes fueron recolocados en otros centros educativos de Pamplona y el colegio San Agustín dejó de prestar sus servicios a la sociedad navarra. El edificio que albergó el colegio fue adquirido por una empresa aragonesa que en el año 2017 procedió a su demolición.
Un grupo de exalumnos del centro inició una campaña para que se respetase la escultura de San Agustín de unos dos metros de altura, situada sobre un pedestal, en una pequeña rotonda que daba acceso a la entrada principal del colegio. Este Diario (29/5/18) dio difusión a esta reivindicación y, afortunadamente, dicha escultura sigue en pie como elocuente testigo de lo que durante 14 años fue Seminario Mayor y 34 colegio de E.G.B. y B.U.P.
Mientras los lugares y los momentos que nos han habitado sean recordados y revividos en nuestros corazones, no habrán muerto, no habrán existido en vano. Seguirán entre nosotros como en aquel tiempo y aquel lugar en los que nos atraparon para siempre. Creo que este lugar (el entrañable 'locus' que ha cristalizado en el topónimo 'Agustinos'), el tiempo cronológico (medio siglo) y, sobre todo, los 'momenticos' (el 'kairós' o tiempos de calidad) en los que profesores, alumnos y familiares aprendimos a vivir y convivir, bien merecen este cariñoso recuerdo. Decía el inolvidable Gabriel García Márquez que “La muerte no llega con la vejez, sino con el olvido”.