El legado de Fethi
Publicado el 14/10/2019 a las 08:24
Una llamada hace un año, una llamada para una mala noticia que sin embargo escondía una gran sonrisa. Sí, la sonrisa de Fethi porque si algo me viene a la cabeza al recordarle es su enorme sonrisa, llena de sinceridad y de ganas de cooperar. En cuanto abrió su tienda de antigüedades en la calle Río Urrobi vino a nuestra tienda de Madre Coraje para caminar conjuntamente, en este viaje que cada uno surcaba con fines diferentes.
Su primera frase fue: “nosotros no somos competencia”. ¡Qué buena gente, ninguna mirada de recelo por nuestra tienda de segunda mano, todo lo contrario, siempre pensando en ver cómo colaborar! Siempre quedará pendiente ese té al que tantas veces nos invitó. Se fue como era, sin dar guerra, de forma silenciosa y casi sin enterarnos, se fue una gran persona con un corazón enorme y con millones de ganas de hacer cosas con otras personas para seguir avanzando y creciendo.
La sorpresa vino cuando desde Cáritas, que fueron quiénes hicieron todas las gestiones, me comentaron que su última voluntad había sido donar a Madre Coraje todas sus pertenencias tras la visita de su familia. Las lágrimas comenzaron a derramarse por mi cara en un momento de confusión, tristeza y de bondad por su parte. Cuando llegamos a su bajera había allá toda una vida, muchas horas de trabajo, esfuerzo, kilómetros recorridos, experiencia, conocimiento, cariño y muchas cosas por organizar, pero sobre todo mucha ilusión. Esa bajera tenía su aura que envolvía esa locura que nos había regalado, y su sonrisa se dejaba sentir en el ambiente para continuar con su labor. Si había alguna duda de que andaba por ahí, al nombrar su nombre junto a Alicia, delegada y ejemplo para todo el equipo de Madre Coraje, algo se movió entre el barullo que ahí estaba montado, le sentimos y le hicimos presente, o eso quisimos creer. Surcó por estas tierras y ahora surcará por otros lares. Traspasó fronteras que le hicieron posarse unos años por Pamplona y algunas personas tuvimos la suerte de conocerle y disfrutar de sus saberes, que inundaban el ambiente. Tenía muchos kilómetros en su mirada y mucho conocimiento en sus pies. Permeó en muchas personas a las que simplemente pasó rozando, pero calando, y que hoy añoran su ausencia. Gracias por transmitir esa fuerza de seguir caminando por este mundo que tantas fronteras pone, para poder seguir creciendo como personas, gracias por hacer las cosas con tanta ilusión, y gracias por esa sonrisa que tanto le caracterizaba. Gracias por donarnos su legado que tanto trabajo y tanta carga emocional tiene encima.
Desde Madre Coraje sólo queremos dar las gracias por pensar en nuestra organización y sólo esperamos que, esté donde esté siga sonriendo y se sienta orgulloso y en paz con cómo hemos gestionado toda su donación, que podemos asegurar que ha sido inmensa. Con ella ha hecho honor a su bondad y esos fondos están repercutiendo en nuestro trabajo con comunidades empobrecidas en Perú y Mozambique.
Laura Irurzun Urdiain, técnica de la Delegación de Navarra de Madre Coraje.