La 'troupe' de Javier Ibáñez celebra su vida
El actor, director, dramaturgo y músico navarro falleció el 4 de febrero de este año y sus compañeros del mundo del teatro y de la música, su familia y sus amigos y amigas le rinden homenaje este sábado en la Escuela Navarra de Teatro (19 horas).


Publicado el 26/06/2026 a las 18:17
Javier Ibáñez Huici murió el 4 de febrero a los 72 años. Actor, dramaturgo, director de teatro y músico, quiso marcharse de manera discreta, sin ninguna ceremonia de despedida. Pero quienes se quedaron en este mundo lo están necesitando. Quieren “poder expresar y celebrar haber compartido con él” parte de sus vidas, y por eso empezaron a juntarse hace unas semanas gente del mundo del teatro y de la música, familia y amigos y amigas cercanas, para organizar un homenaje que busca celebrar su vida y que él estuvo en las suyas. Será este sábado, en la Escuela Navarra de Teatro (19 horas), que ha cedido el local.
El acto se ha convertido en la “colaboración entre un montón de gente”, por lo que fluirá la libertad para expresar sus sentimientos hacia Ibáñez. Una de esas personas es el director de teatro Ángel Sagüés, compañero y amigo durante décadas, que habla de él como “un hombre moderno, pero del Renacimiento”: escribía, era un pensador, un artista músico, un artista teatral..., “y todo ese mundo maravilloso creativo y mental que tenía giraba básicamente en torno a un quinto piso de la calle Nueva de Pamplona donde hizo acopio de textos, grabaciones, fotografías, vídeos... de su aspecto creativo y vital, de la relación con las personas que quería y que amaba”. De hecho, ese lugar se ubicará en el escenario de la ENT, de manera que los y las asistentes puedan ‘recorrer’ el pasillo de la casa de Ibáñez como sinónimo de “la memoria total de lo que ha sido su paso por la vida”. “El paseo por el piso va a ser el paseo por esta celebración”, apunta Sagüés.
Y es que, tras fallecer Ibáñez, algunas de esas personas cercanas estuvieron yendo al piso y descubrieron, a partir de sus poemas, sus reflexiones sobre el mundo y la vida, vídeos sobre Pamplona en sus distintas facetas de música..., “algo inabarcable”, “el mundo tan amplio y diferente que suponía Javier”.
A pesar de los años de relación con Ibáñez, de amistad y de trabajo, lo que aquellas personas encontraron en su piso les hizo redescubrirle. “Ha sido un redescubrimiento en muchos sentidos, en muchas facetas”. Es el caso, por ejemplo, de escritos que hacían referencia a cosas que Ibáñez trabajó con otros compañeros y compañeras, sin saber estos que aquella idea había podido partir de un poema que escribió hace 40 o 50 años.
“Era un hombre feliz”, lo describe Sagüés, “por lo menos de cara a los que le rodeaban, porque quería ese mundo feliz para la gente de su alrededor”. Luego, en su interior, debía trabajarse su manera de afrontar “una vida complicada para él y para todos”. “Luchaba contra los demonios que llevaba dentro, como todos”, y siempre le caracterizó “ser muy él mismo, de ahí la fascinación que ha generado en los demás”.
“Lo daba todo” -“si te planteabas hacer algo con él, no se andaba con medias tintas: te agotabas de lo capaz de ofrecer y de ofrecer que era; si estaba ahí, lo estaba al cien por cien”-, y no entendía de generaciones, por lo que su círculo de amistades abarcaba un amplio abanico de edades. “Fue un contemporáneo en el amplio sentido de la palabra: era contemporáneo en el 68, lo fue en el 77, lo ha sido en 2025... Estaba en el aquí y en el ahora, con lo cual podía tener una relación fluida y presente con cualquier edad”.
La imagen de Ibáñez en la gala de los Premios Max que se celebró en el Teatro Gayarre en junio del año pasado ha sido una de las más difundidas, si no la más, al anunciarse su fallecimiento. Subido al escenario y vestido de rojo, el color que marcó esa edición, declamó 'A los hombres futuros', poema de Bertolt Brecht que después de fallecer Ibáñez los suyos verían como “una especie de testamento que pudo dejar a través de las palabras de Brecht”. Y mientras que el actor navarro se quedó “muy satisfecho” con esa actuación, para quienes estuvieron junto a él durante décadas y vivieron “tantas aventuras, batallas y encuentros de explosión de creatividad en el escenario, cantando, interpretando y en la vida”, “fue una más”, ya que Ibáñez brindaba “momentos increíbles”.
Grabado en la mente tiene Sagüés el día en que, en 'Abismo', un trabajo con José Lainez en el que Sagüés e Ibáñez interpretaban a dos personajes encerrados en una especie de cárcel, Sagüés debió colgar a Ibáñez, y en el cuelgue presionó una parte muy potente de su cuerpo. “Javier aguantó como un jabato los 15 segundos que debía estar colgado. Era así: estaba en el escenario y lo daba todo, como en la vida”. También recuerda cómo en 'Ameli-Catalina', en la que los intérpretes comían sobre el escenario espaguetis cocidos, quien los cocinaba advirtió que los cocería en vinagre, y así hizo. “Javier fue el único que los comió”, detalla de una anécdota que muestra que Ibáñez “era una persona consecuente, llevando al extremo su implicación en lo que estaba haciendo”. “Y ahí estaba, como un salvaje comiendo espaguetis cocidos en vinagre”, ríe Sagüés.
EN BREVE
Figura emblemática del mundo del teatro en Navarra, se inició como actor muy pronto, y con el Teatro Estable de Navarra representó, entre otras, Bienvenido Don Quijote y Peter Pan y Wendy. Director y creador de textos como El nuevo vecino, para La Trapera de Peralta, del que fue su primer director, o El sueño de Virginia, premiado en 1992, y dramaturgo prolífico, dirigió obras y cuentos infantiles que llevó a las tablas la compañía Kollins Clown, interpretó Luces de bohemia con La Ortiga TDS, fue protagonista en El pobre de mi tío Vania con Atikus Teatro o ¿Qué fue de John Lennon? y escribió y dirigió la comedia Maniatics. Músico notable, formó parte de grupos como Magdalena o Dr Robert.