Violencia de género
Publicado el 22/09/2019 a las 15:57
Ya lo decía Charles Darwin. «Los instintos naturales se pierden en estado doméstico». Y no se equivocaba. Las costumbres impuestas han sido suficientes para producir cambios mentales hereditarios, en no pocas ocasiones. Sí. Somos animales de costumbres. Y hemos convertido en hábito la costumbre de matar mujeres. Y poco importa la impronta de la selección continuada cuando se trata de costumbres. Sí. Somos animales de costumbres. Si bien selección y costumbre concurren la mayor parte de las veces, esta última se lleva la palma, ya sea metódica o inconscientemente. Y no hace falta esperar muchos siglos para descubrir como las razas «civilizadas» de humanos casi seguramente acabarán por exterminar y reemplazar a las razas salvajes a lo largo de todo el mundo. Es lo que tiene poseer facultades más sofisticadas para reconocer la estructura de un escarabajo que el Universo. Y cuando la costumbre se convierte en hábito da igual 42 que 62. Pero una cosa es cierta. Las costumbres no dependen del Espíritu Santo sino de ti y de mi. Mientras tú y yo pensemos que esto no es lo suficientemente grave, mientras tú y yo sigamos pensando que mejor callar, mientras tú y yo sigamos permitiendo que siga pasando, las estadísticas seguirán aumentando a la velocidad del muro de la vergüenza. Y, entonces, ni tú ni yo seremos tan diferentes a esos animales de costumbres que no dudan en quitarle la vida o otro, casi con total seguridad a otra, con tal de mantener su ego a raya, bajo el seguro manto de legitimidad que les provoca el hecho de saber lo fácil que es en este país... arrebatarle la vida a una mujer.