Un nuevo amanecer
Publicado el 06/08/2019 a las 16:58
Si el esfuerzo por el diálogo y la cooperación ha de ser el sello distintivo de cada uno de nosotros, también desde esta suculenta diversidad cultural de nuestro mundo, hemos de trabajar con espíritu armónico, a fin de que se haga posible el entendimiento entre unos y otros. Esta vida no es para encerrarse en los nuestros, sino para compartir vivencias y caminar unidos, a pesar de las caídas, reforzando y reafirmando los espacios de continuidad cultural y lingüística, con nuestra comprensión y mano tendida siempre. Nuestra coexistencia nos reclama razonar, por muy complejos que sean los abecedarios, empezando por la propia lengua. Esto nos demanda a movilizar otros comportamientos más coherentes y asistenciales con cualquier vida, pues aparte de que estamos perdiendo tierra fértil y biodiversidad a un ritmo alarmante, considero primordial activar el respeto y la consideración hacia todo análogo. Hoy sabemos que la degradación de la tierra afecta a más de treinta mil millones de personas y que nos cuesta el diez por ciento de la producción de la economía mundial cada año, pero tampoco debemos olvidar la fuerte crisis de valores (degradación humanística) que sufrimos como especie pensante. (...)
Ojalá dejemos de despreciarnos, de negar el derecho universal a la dignidad humana y a la seguridad de toda existencia, de que impere la fuerza moral a la fuerza bruta, y seamos capaces de afrontar esa nueva alborada, según un orden ejemplarizante, que refleje justicia y bienestar para todos. Al fin y el cabo, no bastan los conocimientos para ser feliz, se requiere la sabiduría del corazón para desprenderse de lo mundano y, entonces, podrá brotar una gran variedad de clemencias y claridades, que nos ayudarán a que ese despertar no sea un mero sueño, sino un vivir y un renacer hacia un mundo fraterno, que aún no conocemos realmente, porque solemos endiosarnos en las alturas y apenas arrepentirnos de nuestras usuras. ¡Qué pena!
Víctor Corcoba Herrero