Vetos y cordones sanitarios
Publicado el 29/07/2019 a las 08:08
Uno está cansado de oír en todo tipo de intervenciones políticas, desde hace mucho tiempo, este tipo de palabras. Si nos atenemos a la Real Academia de la Lengua Española (RAE), el veto es el “derecho que tiene una persona o corporación para vedar o impedir algo” y, si nos atenemos al concepto de vedar, observaremos los verbos como prohibir, impedir, estorbar, dificultar, “privar o suspender de oficio o del ejercicio de él”. En resumen, todo un compendio de ¿tener derecho? a llevar a cabo acciones para ponérselo “crudo” a cualquiera, en cualquier faceta de su libre expresión y derecho a opinar. Así estamos observando como unos partidos y otros “se desean lo mejor” y nos machacan a “los de a pie”, un día sí y otro también, pero sin explicarnos, ni por asomo, sus razones, no sea que nos demos cuenta que no las tienen y que sus vetos solo tienen un objetivo común a todo político (al menos de los actuales, por lo que vemos) que es conseguir el poder, por encima de todo. La única explicación que nos dan, es que están “interpretando” lo que hemos votado. Es decir, no solo utilizan nuestros votos como quieren, sino que nos quieren tomar por “inútiles mentales”, y que les “hagamos la ola” ante tamaña desvergüenza.
Olvidando que detrás de cualquier sigla de partido vetado hay cientos de miles, o millones, de votos individuales que representan la dignidad de cada persona como tal, en su singular forma de pensamiento o razón, la cual no se puede pisotear por devaneos particulares de mentes aferradas a una forma de vida, la política que, en una parte de los casos, corresponde a gente cuya vida ha transcurrido “sin tener que buscarse las habichuelas”, y en otra parte de ellos corresponde a la forma de vida que les permite unos ingresos a los que jamás hubieran pensado tener acceso. Ni por formación, ni por competencia (incluida la ética). Como pueden adivinar, respecto a “vetos” actuales estoy refiriéndome a todos los partidos y arcos parlamentarios, sean nacionales o autonómicos, por lo que la crítica es global.
Pero este asunto de los vetos y “cordones sanitarios” (tiene “tela” la expresión; como si al que se le impone fuese un “apestado”) en la política es una traslación de lo que sucede a nivel individual en nuestra sociedad, desde siempre. Existe en el ámbito privado (en este se suele resolver por intereses de empresa, y más que vetar se procede a despedir; no les voy a contar nada que no sepan) y en el ámbito de empresas públicas o gestoras de servicios públicos donde -al no poder despedir en las primeras o, en las segundas, tener que dar explicaciones respecto a porqué se tiene que responder ante resoluciones judiciales de despidos improcedentes- se resuelve a través de situar a la persona en el rincón más apartado para que caiga en el olvido, sin querer obtener nada de lo que puede aportar por competencia profesional (acreditada en la mayor parte de estos casos) y experiencia (muy dilatada, normalmente).
Incluso puede llegar el caso (algún ejemplo podría poner) que el veto se lo impongan, “en diferido”, a través de influencias externas de otras entidades privadas que ven restados sus beneficios, por la forma de trabajar del “vetado”, defendiendo los intereses de su empresa pública. Y como no hay posibilidad de rebatir sus razones, se va por la vía lateral, a través de responsables de rango superior que - conociendo esas razones desde el minuto uno, y viéndolas totalmente viables y justas- ceden a ejercitar el veto sobre su subordinado, apartándolo del trabajo que llevaba a cabo. Increíble sí. Pero, desgraciadamente, cierto. No sucedería si el dinero fuese propio de ellos. Del análisis de las competencias, modo en que se accede a los puestos, aptitudes (capacidades), actitudes (implicación y objetivos determinados y determinantes para el bien público prioritario), se sacarían las respuestas para poder explicar este tipo de situaciones. Como ven, igual que en el ámbito político respecto al concepto de tratar con dinero ajeno, y respecto al nivel de los líderes y “próximos”. Y como esos análisis ni se hacen, ni se van a hacer nunca, seguiremos sabiendo/intuyendo por qué suceden las cosas, pero nada cambiará. Así nos va, y así nos va a seguir yendo.