Eutanasia

Arancha Caballero Sagardía|

Actualizado el 09/06/2019 a las 21:03

Noa tenía diecisiete años y lo tenía muy claro. Quería dejar de sufrir. El sufrimiento se había convertido en su corta vida en algo así como el bambú o la hierba asiática. Da igual adónde lo llevas porque crece en cualquier parte. Los abusos vividos se convirtieron en algo más que experiencias; se erigieron como su residencia. Allí donde el derecho al olvido existe, comprobó en carne propia, que el olvido o la memoria no entienden de derechos. Dejó de vivir la vida para vivir de los recuerdos. Y los recuerdos se convirtieron en lo único que tenía, al tiempo que los abusos iban dibujando sus terribles efectos. Hizo de la anorexia refugio y del estrés postraumático... trinchera. Y la combinación de ambas la acercó hacia el abismo al tiempo que el abismo no dejaba de mirarle a ella. Y así se fue fraguando su destino. Y así condicionaron los abusos su vida. Y así comprendió que nada cambiaría lo vivido y que la vida no merecía la pena ser vivida. Y nadie como ella para comprender la magnitud de su sufrimiento, nadie como ella para entender lo peligrosa que puede llegar a ser la memoria. Cuando la memoria se repite en el tiempo... cuando el tiempo pasa y se repiten las memorias. "Se sentó sobre mí" verbalizaba en ese libro, en el que ponía palabras a sus terribles experiencias con la ilusión de que dejaran de pesar tanto... con la percepción de que poner en palabras lo vivido, ayudaría a comprender su decisión. Y creyendo que era libre en decidir acerca de la muerte, decidió dejar de sufrir a su manera, quizás sin discernir demasiado cuanta libertad existe en morir... o midiendo al máximo hasta sus últimas consecuencias. Noa fue crítica con el sistema de salud de su país... en España, el problema no es el sistema. Porque existen grandes profesionales que haciendo honor a su juramento de Hipócrates, hacen todo lo posible para que estas cosas no sucedan. Pero manzanas podridas hay en todas partes y, a veces, se repiten las experiencias, cuando la vulnerabilidad de alguien es grande... como grande es el poder de quien se aprovecha. "Se sentó sobre mí" decía una y otra vez y comparto su desesperación, cuando alguien que debiera brindarte sus cuidados, decide conscientemente aprovecharse de la situación. Noa escribió su historia... Escribir puede ser droga y antídoto en situaciones de estrés. Cuando es grande el sufrimiento y el afrontamiento más directo se hace difícil de resolver. Escribir activa mecanismos diferentes en el cerebro, inhibe la emocionalidad y, sobre todo, ofrece una salida creativa a los recuerdos más recurrentes, puesto que de alguna forma, te permite y me permite reconstruir la realidad. Todos somos Noa frente al abuso y su obra puede llegar a ser de gran utilidad. "Ganar o perder" marca la diferencia entre la vida y la muerte, desde la perspectiva de una adolescente que no pudo soportarlo más, que fue valiente en contar sus experiencias y contribuir con su experiencia hacia una atención más diferencial.

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