¿Que Vox puede ganar las elecciones (2)
Publicado el 22/03/2019 a las 12:12
(Sigue.)El empacho de buena parte de la ciudadanía, ante los desmanes interminables y las salidas de pie de banco sin cuento de los políticos profesionales (ellas y ellos) de las diversas formaciones en torno a las cuales los susodichos se agrupan, es un hecho que no se puede refutar o negar. Hay representantes de partidos de izquierda que, o piensas como ellos, o participas de su completo ideario a machamartillo, o te espetan a las primeras de cambio, a modo de metafórico remoquete, el insulto preferido por los tales y sus correligionarios, facha, su baldón con marchamo. Los dirigentes nacionalistas (independentistas y supremacistas —por cierto, ¿queda aún por ahí alguien que no se haya enfadado sobremanera al leer las lindezas que osó trenzar otrora de los españoles y, por tanto, de sí mismo, el ínclito Torra?, porque él puede considerarse lo que quiera, catalán, verbigracia, sí, pero su pasaporte y DNI son españoles—), y los del resto de las formaciones, PP, PSOE, Unidas Podemos, Cs, Vox, etc., todos, al unísono, se han juntado, de consuno, cortados por el mismo patrón, con idéntico fin, ir a la caza del voto, por el arte compartido de intentar pescar en el majal del río revuelto. Quien vive en una comunidad autónoma con doble lengua cooficial, por ejemplo, está harta/o de comprobar el uso inadecuado e indebido que se hace, desde el gobierno correspondiente, de una de las dos lenguas (¿cuándo aprenderán que las lenguas con futuro son las que se promueven, no las que se imponen, pues la imposición lleva aparejada, de manera indefectible, asco, repugnancia, rechazo?), de escuchar que sus mandamases se dedican a solicitar más inversiones y a hacer más reivindicaciones y se quejan de que solo contribuyen o dan (a regañadientes, de manera insolidaria —cuando no sostienen que el Estado, España, les roba—) al resto de las comunidades o territorios; de que sean unos, los que antes, cuando mandaron, y lo hicieron en varios asuntos rematadamente mal, critiquen ahora a los otros, que también yerran en el ejercicio de sus cargos o funciones (incluso detrayendo pasta del erario a manos más o menos llenas para sí mismos o los suyos); de que incumplan leyes porque sí; de que sean incoherentes con lo que prometieron, olvidándose de que el compromiso obliga a hacer lo prometido o a dejar el escaño o puesto y marcharse; de que, en lugar de tender puentes, se dediquen a dinamitarlos y destruirlos; de que se quiera dialogar o pactar solo de lo que les conviene o interesa (obviando o saltándose a la torera la ley, el interés general, el bien común); de que tengan o digan que tienen la sartén por el mango para hacer y deshacer a su antojo; de que, en lugar de decir verdades como puños, engañen como si fueran expertos bellacos; de que la democracia interna de los partidos sea un mero bulo; de que las listas, más que tales, sean letales, por tontas; de que… (Continúa.)