Prisión permanente revisable

Arancha Caballero Sagardía|

Publicado el 22/03/2019 a las 11:58

Quiero empezar expresando que es este un tema especialmente complejo que merece todo mi respeto. Pero creo que las cosas, por obvias que parezcan, hay que decirlas. Y no dar por hecho ni generalizar cuestiones tan delicadas como ésta. La libertad es el derecho más preciado que existe. La privación de libertad es necesaria y está justificada en los supuestos que estipula la ley. Pero la prisión permanente revisable, es tanto como condenar el riesgo. Permanente es un término que hace referencia a perpetuidad. Y revisable a riesgo. Pero, independientemente de la gravedad de muchas de las cosas que suceden en nuestra sociedad, condenar el riesgo es tanto como atentar contra nuestro derecho más preciado; la libertad. Condenar el riesgo es como condenarte a ti mismo. Porque, ¿quién está a salvo del riesgo? El riesgo es inherente al ser humano y cuanto más trates de justificarlo, más sectario se volverá tu discurso y, hasta tu vida. ¿Conoces algún cobrador del frack a perpetuidad? Sería algo así como hacer penitencia de por vida. Antinatural. Condenar el riesgo es tanto como condenarte a ti mismo una y otra vez. Sin remedio. Libertad no es sentimiento ni pensamiento. Libertad eres tú. Condenar el riesgo es como adelantarse a los hechos sobre hipótesis sin contraste que valga. Cuando, además, algo tan sumamente determinante se convierte en el eje central del marketing político, la gravedad se multiplica a la velocidad de los osos en el Ártico. La alarma social que provocan ciertos actos delictivos, nunca viene sola. Aprovechar la vulnerabilidad de las personas para convertirse en abanderado de sus causas, es tanto como manipular. Quizás la manipulación, por las graves secuelas que dibuja entre quienes la padecen, debería considerarse como delito contra la salud pública y contra la libertad de las personas. Y, de seguir así, acabaremos todos así como Jack Nicholson de camino hacia su libertad y la tuya. Si realmente defiendes algo permanente y revisable, empieza por analizar lo extremista de tu ideología, plagada de eufemismos. La prisión permanente revisable ignora la condición humana de las personas y la convierte en mero animal. Pero animales somos todos. Animales de costumbres. De costumbres arraigadas. De coger y tirar la llave. De tirar la piedra y esconder la mano. Cuando permanente es el totalitarismo de alguien... revisable debería ser también su capacidad crítica y hasta cognitiva. Es fácil eregir a las víctimas en contra de lo que no funciona. Lo difícil no aprovecharse de ellas ni de su vulnerabilidad. Pero, ¿cuánta libertad existe en cambiar de carcelero o de paradigma cuando te sigue manipulando a su antojo, bajo un manto de legitimidad? Cuando escucho a otros endosar a alguien en contra de lo que sea, me pregunto cuánto hay ahí de libertad. La libertad empieza por reconocer que el humano también se equivoca... a veces a perpetuidad. 

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