Por la profesionalidad
Publicado el 29/07/2018 a las 09:49
Eradio Ezpeleta publicaba el pasado 16 de julio en Diario de Navarra la carta titulada 'El bosque'. Recordaba a Santo Tomás Moro y hacía un paralelismo entre los árboles que no dejan ver el bosque y los malos políticos que tanto desprestigian su profesión. Reclamaba que deben surgir nuevas figuras que no escondan sus convicciones, que ofrezcan una verdadera revolución haciendo política en donde la persona y el servicio estén por encima de cualesquiera otros objetivos, huyan de la búsqueda de réditos personales o partidistas y vayan siempre en favor de familia y marginados. Afirmaba que los nuevos líderes deben declarar públicamente cuáles son sus principios y luchar por ellos sin mirar las consecuencias.
Leyéndolo -estoy totalmente de acuerdo- me surgió una idea, antes impensable, en relación a los políticos “profesionales”. Yo creía firmemente -seguro que influido por las centenas de “tertulias” políticas que he visto y oído, donde se habla “ex cathedra” se sepa o no del tema- que los políticos en ejercicio deberían demostrar su valía en otras actividades antes de dedicarse a la política, saber cómo es la vida fuera. Yo afirmaba que una persona, tanto daba mujer o varón, debería llegar a un cargo político tras una travesía lo más exitosa posible en otras actividades, ya fuese albañil, juez, o cocinero.
Pero después de leer a Eradio Ezpeleta me planteé que yo no exigía que mi frutero hubiese sido previamente un gran policía, ni que mi taxista antes fuera un experto sastre, ni que mi médico… Lo que yo les pedía era que fuesen excelentes fruteros, taxistas o médicos y que, además de estar “muy enamorados” de sus profesiones, tuviesen unos profundos conocimientos de las mismas y que yo, cuando requiriese de su sabiduría, me beneficiase de esa vasta erudición.
Pues lo mismo quiero de los políticos: igual que un ebanista entró en el taller de su maestro siendo casi un niño y allí fue aprendiendo y escalando posiciones, así quiero también que un político empiece como militante de base, sea concejal y, andando el tiempo y si las elecciones son propicias, pueda acabar presidiendo el Gobierno. Lo que le voy a exigir en todas esas etapas es que sea transparente y honrado, que no aproveche su posición para beneficiarse él o para favorecer a “los suyos” y que vuelque esos conocimientos y experiencia trabajando incansablemente en favor de todos sus administrados. Tampoco estorban en él otros saberes que lo completen como persona.
El problema surge cuando vemos esta política raquítica y miserable que tenemos. Políticos adolescentes para los que un asunto blanco por la mañana es morado por la tarde, que viven y actúan según las encuestas, que solo se preocupan de “la imagen” que muestran, que siembran odio cada vez que hablan, incapaces de autocriticarse ni de pedir disculpas…
Hace unos años pregunté al ex alcalde-exparlamentario-exsenador sangüesino Javier del Castillo que por qué no volvía al ruedo político. Me contestó esto: “si yo encontrase cincuenta hombres justos…”.