Chupinazo para unos valientes

Jesús Javier Corpas Mauleón|

Publicado el 14/06/2018 a las 08:13

José Miguel Araiz es toda una institución. Cuarenta y cinco años siendo ángel guardián de los corredores lo convierten en su más duradero centinela. Sin embargo, todo se acaba. Para este pastor de bravos, los Sanfermines pasados fueron sus últimos en esa arriesgada misión. José Miguel es, además, sencillo y simpático, así como un gran anfitrión en los almuerzos del coso pamplonés.

Con esos abundantes méritos, la Asociación Cultural Gigantes de Pamplona lo propone como candidato para tirar el artefacto que dé inicio a San Fermín 2018. No pueden prender la mecha de esa pirotecnia mejores dedos. Y es que se trata de un homenaje no sólo a él, sino a todas las generaciones de pastores que se han sucedido para el manejo de los toros por las calles de la capital navarra.

Seguiremos viendo los polos verdes en su impagable tarea, que llevarán otros, Miguel Reta, Jesús Merino y los demás, todos buenos. Sin embargo, ya no veremos a ‘Rastrojo’ domando una rama, larga y sin hojas, recién estrenada en el albor de la fiesta. Una imagen tan clásica del Apartado, como Calleja con su cámara fotográfica, el cardado de la marquesa de Seoane, aunque no se sorteen sus Veraguas de Prieto de la Cal, o los pinchos de chistorra y criadillas, duques del bar.

Otros palos serán quienes acoten el peligro entre los adoquines. La vara indicó jerarquía en las palestras griegas y en las escuelas de gladiadores romanas. También la portaban los praecones (heraldos) que acompañaban a sacerdotes y magistrados. Asimismo en la antigua Roma, atadas varias de ellas, formaron el fasces consular. Hoy, la llevan alcaldes y generales. Aunque nadie con la practicidad de los pastores, ya que en ellos, además de símbolo de autoridad, es herramienta para el gobierno de la manada.

Para el encierro resultan imprescindibles muchas personas: ganaderos, forales, carpinteros, dobladores y, por supuesto, los pastores. Y, de estos, se han jubilado Vicente ‘Chichipán’, Martínez o el propio José Miguel Araiz, más conocido por ‘Rastrojo’.

Por ello, por las vidas que salvaron sus actuaciones, por los riesgos asumidos, por su tesón y bonhomía... con tanto por, merecido es se multipliquen los votos para que ese colectivo, en mano de José Miguel, dispare el cohete más famoso del mundo. Ese que, desde el

Ayuntamiento, inventara Joaquín Ilundain con Pérez de Salazar en 1940: el chupinazo.

José Miguel Araiz, ‘Rastrojo’, ¡al balcón! En representación de todos los de la vara.

Jesús Javier Corpas Mauleón, escritor y empresario.

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