El riesgo de los juicios personales sobre sucesos públicos
Publicado el 17/04/2018 a las 12:07
Mi nombre es Lucía Sastre Villanueva, tengo 15 años y estudio 3º de ESO en el colegio Irabia-Izaga. Como a la mayor parte de los lectores de su periódico, considero que mantenerse informado sobre los cambios que ocurren en nuestro planeta es indispensable. Una gran cantidad de noticias nos revelan las horribles consecuencias provocadas por catástrofes naturales, guerras o diferentes atentados contra las personas o el medio ambiente. El objetivo de estos artículos es el de transmitir la información y, quizás, concienciar al resto del mundo de lo que está pasando. Sin embargo, muchas de las desgracias solo son percibidas como un tema común del que hablar, e incluso discutir por las redes sociales. Si bien es cierto que estas logran la función de difundir el mensaje, muchas veces alteran la información o la convierten en un motivo de cotilleo. Es poca la gente que se para a pensar en cómo se sienten los afectados y las consecuencias de sacar propias conclusiones a partir de información de segunda o tercera mano. Pero incluso menos personas se movilizan y hacen por cambiar la situación. Existe una gran diferencia entre las noticias de guerra y sobre famosos. Todos conocemos casos en los que tras un ataque o crimen, mensajes de texto afirman que si los reenvías, se alcanzará “justicia”, enviando al culpable a la cárcel, obviando cualquier juicio. Como si de una serie de televisión se tratase, discutimos sobre quién es el asesino, el ladrón y el héroe. De la misma manera en la que todos nos equivocamos, tenemos un mal día, decimos un mal comentario, que luego nuestra pobre víctima acaba olvidando, deberíamos ser comprensivos con aquellos que están siempre bajo el foco de atención. La educación y la empatía fundamentan la capacidad de discernir aquello que puede ser objeto de juicios y comentarios, y lo que debe ser tratado con respeto. Movilizarse ante aquello que nos preocupa puede resultar complicado, pero si en cada noticia se dedicase un apartado sobre cómo podemos contribuir para solucionar los diferentes problemas, resultaría más sencillo que cada uno aportase su granito de arena. Basta de pegarse horas hablando de distintas teorías sobre quién es el culpable. Levantémonos todos y hagamos algo.