En busca de una Selectividad común a todas las comunidades
Publicado el 11/04/2018 a las 08:20
Cada vez somos más los jóvenes afectados por una enfermedad que no deja de propagarse: una epidemia tan sólo delimitada por las fronteras de las distintas comunidades de España, y cuyas células siguen haciendo metástasis de manera imparable; en Navarra bajo la apariencia de EvAU; y en otros lugares, de EFB, de PAU, de EBAU, de EVAU, de ABAU o de PEBAU. Tal vez sea tan común ya el malestar provocado por su padecimiento que no nos resulta extraño escuchar sus diversas manifestaciones, pero su invasión se antoja más que evidente. Porque una vez que se aprueba su puesta en práctica, las células van destruyendo con su maligna fuerza interna todos y cada uno de los tejidos aislados que encuentran a su paso por el moribundo sistema educativo.
Sin embargo, a nadie parece preocuparle realmente que nos haya llegado la hora, y por eso ahora, quienes debemos rellenar en menos de dos meses folios y más folios en bucle para poder acceder a la universidad, nos sentimos hijos infelices de comunidades públicamente divorciadas de malas maneras, en las que ya no queda ni un ligero compromiso claro con el futuro, y en las que ya nadie se esfuerza por encontrar una cura a esta dolorosa enfermedad que no cesa… Y en muchas ocasiones, tenemos la impresión de estar siendo manipulados por una de las partes, firmando exámenes que no favorecen la igualdad ni el acuerdo, y dando lugar así a la separación de bienes entre las antiguas medias naranjas ahora enfrentadas. Quizás por eso ya no nos sirvan los términos similares a modo de efecto placebo, porque las distintas pruebas y análisis han confirmado las suposiciones al dar claramente positivo. Ya lo han dicho nuestros hermanos de Castilla y León, ya lo ha diagnosticado el informe Manu de Cristina Rueda que puso rostro a tantos estudiantes brillantes que no pudieron acceder a las carreras con las que siempre habían soñado, y ya se ha hecho viral también la disparidad entre las medias en los resultados de las distintas pruebas de acceso a la universidad por comunidades en relación a los de las pruebas PISA…
Pero aunque aquí la información también se difunde, nadie cambia nada mientras la primera metástasis continúa. Y a los estudiantes, ya enfermos, sólo nos queda pedir que se haga posible la cura, que se nos cuide a todos por igual, independientemente de nuestro lugar de procedencia. Que se nos exija lo mismo y se nos evalúe de la misma manera que a nuestros hermanos de otras regiones. Y, en definitiva, que no nos quede el sabor amargo de una familia educativa divorciada con separación de bienes; de pruebas de acceso a las universidades a medias enfermas y desiguales.