En el tiempo de las libertades plenas
Publicado el 10/10/2026 a las 08:21
La encrucijada generacional con la vivienda hará efectivo el divorcio entre espacio y tiempo. Gracias a los grandes avances en la ciencia, hemos conseguido vencer, en parte, a la muerte, de manera temporal, alargando la esperanza de vida. Sin embargo, el espacio se ha ido reduciendo, no me refiero a la corteza terrestre, sino a donde explotamos la vida. Los pueblos se han vaciado a una velocidad vertiginosa. Las ciudades se han reducido al barrio hasta donde nuestro salario nos permite su jurisprudencia, porque los centros son metros de exclusividad para los turistas que pueden permitírselo. Grandes bloques de pisos se han convertido en hoteles vertiginosos que animan la estancia temporal y que eliminan cualquier atisbo de vivencia duradera que permita alimentar las bases sólidas de una vecindad. Hasta los paseos de los perros están limitados por unas vallas con cara de pocos amigos que limitan las carreras en busca de la pelota. La ciudad nunca ha sido tan nuestra, llena de libertades, pero sombras ocultas e invisibles navegan apoderándose de los recovecos, de los adoquines que fueron puestos por las manos que ya no la transitan. El espacio, dictadura del oxígeno, ya no sabe, y cuesta, de la misma manera. Hemos aumentado el tiempo, quién sabe si era necesario, pero el espacio lo hemos perdido.
Lo hemos perdido por otros, pero no son caras conocidas, son entes que solamente miran por el tiempo para hacer dinero y por el espacio para explotarlo. Quizá alguna vez, como meta del ser humano, quisimos dominar el tiempo y el espacio. El tiempo, aunque creamos que está en nuestras manos, no tenemos la capacidad de controlar su extinción. En cambio, el espacio, hubo una vez que fue nuestro, que lo compartimos y lo vivimos juntos. Ahora, como si de un clan caníbal se tratase, nos aniquilamos el espacio para obtener dinero. Quizá ahí está el fallo. No supimos ver que la ecuación no era de dos, sino de tres actores. El dinero ha echado del tablero el tiempo y el espacio, porque nos hemos creído dioses que pueden, y deben, jugar con el espacio en el tiempo de las libertades plenas.
Pedro Lizaur de la Peña