Respuesta a la carta "Cuando mi nieto nos pregunte ¿por qué?"


Publicado el 13/05/2026 a las 05:00
He leído con atención la carta publicada recientemente en Diario de Navarra, de fecha 30/04/2026, firmada y dirigida al consejero de Educación por un abuelo preocupado por el futuro escolar de su nieto: “Cuando en el mes de septiembre ni nieto nos pregunte ¿Por qué?”. Comparto la inquietud, quien tiene un niño cerca sabe que cualquier cambio en su rutina pesa más de lo que parece, pero me gustaría introducir una precisión que considero necesaria para el debate público.
Las preguntas que este abuelo dirige al consejero Gimeno no me resultan nuevas. De hecho, fueron formuladas por mí, en el ámbito que a mi modo de ver, corresponde: Directamente a los padres del niño afectado, en una comunicación privada enviada el 1 de mayo. Allí expuse, con claridad y sin dramatismos, lo que está en juego: la reorganización de líneas derivada de la caída de natalidad en Navarra, la necesidad de ajustar aulas y la dificultad emocional que supone explicarle a un niño pequeño que su escuela cambia aunque él no lo haya elegido.
Lo hice sin convertir al menor en un símbolo ni en un argumento. Son personas. Y cuando un asunto administrativo -por legítimo que sea discutirlo- se traslada al espacio público, conviene recordar que detrás de cada “ratio” hay un crío que no pidió aparecer en un periódico. No cuestiono la preocupación del abuelo -de la que me consta- que ha escrito a este Diario. Es comprensible. Pero sí creo que el debate educativo gana cuando se sostiene sobre datos, planificación y responsabilidad institucional, y pierde cuando se hace a la búsqueda de un efecto emocional que poco aporta a la solución. Las decisiones del Departamento pueden y deben ser discutidas. Pero la discusión mejora cuando se hace con rigor y sin convertir a los niños en protagonistas involuntarios. Ese fue el espíritu de comunicación privada a la familia.
Te puede interesar

Comparto un extracto de la misiva que les envié: “Pero la realidad, esa que no entiende de emociones, es más simple y más dura: en Navarra nacen menos niños. Las aulas se vacían. Las líneas se reorganizan. Y a veces esa reorganización cae justo donde más duele: en la vida de un niño que no entiende de ratios ni de planificación educativa. Porque explicar a un niño de tres años que las cosas cambian aunque él no quiera es una de las primeras lecciones difíciles de la vida. Y explicárnoslo a nosotros mismos tampoco es fácil. Me gustaría que todo siguiera igual, que las aulas no se cerraran, que los compañeros no se separaran, que la letra del apellido no importara. Pero la realidad no pregunta si estamos preparados (...) Los cambios no siempre son elegidos, pero pueden ser habitados. Y a veces, lo que empieza como una pérdida termina siendo un comienzo que no sabíamos que necesitábamos”.
José María Puyol Ruiz