Joaquín Úriz, prior de los agustinos recoletos de Monteagudo y Marcilla

Joaquín Úriz Janáriz
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Joaquín Úriz Janáriz

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Luis Landa El Busto

Publicado el 29/10/2026 a las 07:55

Es confortante la reflexión de la reciente ganadora peruana del premio Planeta 2026, Isabel Allende: “Silencio antes de nacer, silencio después de la muerte, la vida no es más que el ruido entre dos silencios difíciles de entender. Porque la muerte no existe, las personas solo mueren cuando las olvidan; si me recuerdas, siempre estaré contigo”. Estas palabras nos llevan a contemplar la semblanza del agustino Joaquín, que vivió por y para los demás, interpretando su existencia como un servicio.

Joaquín Úriz Janáriz nació el 2 de abril de 1933 en Úcar (Navarra). Después de cursar sus estudios primarios en su pueblo natal, sus padres Gerardo y María Cruz quisieron que prosiguiera la secundaria en los agustinos recoletos de Lodosa. Convencido de su vocación religiosa, realizó el noviciado en el convento de los recoletos de Monteagudo en 1949.

Sus estudios filosóficos y de teología los superó en el monasterio agustiniano de Marcilla y se ordenó sacerdote el 14 de julio de 1957 de manos de monseñor Francisco Javier Ochoa, de la mismo orden.

Entre 1957 y 1960 Joaquín obtuvo la licenciatura en Derecho Canónico en Salamanca. Los diez primeros años de su ministerio los dedicó a la pastoral educativa en los colegios San José de Lodosa y San Agustín de Valladolid. En 1970 fue nombrado secretario del provincial Javier Pipaón, natural de Viana; de 1976 a 1982 fue nombrado prior provincial de los agustinos recoletos con sede en Madrid. Como tuvo que viajar por todo el mundo para visitar las distintas sedes de los discípulos del obispo de Hipona, estudió inglés y francés en la Escuela Nacional de Idiomas. De 1982 a 1986 residió en San Agustín de Valladolid.

Durante nueve años ejerció como prior del convento de Monteagudo, tres años del monasterio de Marcilla y ocho, vicario del barrio de La Elipa en Madrid, en total dos décadas.

El P. Úriz se distinguió por su afabilidad, sencillez y bondad, sin olvidar su facilidad para vivir en convivencia con el resto de religiosos en las distintas comunidades que ha estado. Procuró dar testimonio de los consejos que propone san Agustín en su regla de “ocuparse más de lo común que de lo propio en un ambiente de fraternidad y de ayuda al más débil”.

Tuvo un gran cariño por el carisma de la familia agustino recoleta, especialmente por san Ezequiel Moreno, ya que en su última etapa de su vida en Monteagudo, 2012-2024, se dedicó a preparar y organizar los recuerdos y las distintas estancias, así como la promoción y devoción de san Ezequiel Moreno, abogado de las enfermedades cancerígenas, con varios milagros en su haber.

Joaquín fue un religioso observante y ejemplar, convencido de su vocación de consagración a Dios, de forma que el breviario y el rosario se adherían a sus manos, como un imán. Fue muy devoto de la advocación de la Virgen del Camino, patrona de Monteagudo, por eso siguió las palabras de Leonardo da Vinci, “así como un día bien empleado produce un grato sueño, una vida bien utilizada produce una dulce muerte”.

El agustino de Úcar falleció el 11 de octubre a los 93 años de edad en Valladolid. El funeral con la urna de sus cenizas tuvo lugar en la iglesia del convento agustiniano de Monteagudo, ante la Virgen del Camino, repleta de fieles venidos de las distintas comunidades y con 21 concelebrantes. Presidió la eucaristía el vicario provincial Luis Diego Ramírez y la homilía corrió a cargo del prior Rafael Mediavilla, que glosó en sus palabras la sencillez, bondad y espíritu comunitario de fray Joaquín, a pesar de los altos cargos que ejerció en su ministerio. Toda su vida fue un servicio.

Nuestro sentimiento de dolor para sus hermanos Araceli y Javier, así como a sus sobrinos y familiares. Nos animan las palabras de San Agustín: “La muerte no es nada, solo he pasado a la habitación de al lado. No estéis tristes en el entierro, seguid riendo de lo que nos hacía disfrutar juntos. La muerte no es el final, porque en la otra vida beberéis hasta emborracharos con un néctar que nunca os saciará”. Descanse en paz.

* El autor es amigo de la familia del fallecido

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