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    Navarra
JOSÉ MARÍA DOMENCH ES EDITOR

UN ESCRITOR NAVARRO DE UNA PIEZA

Actualizada Domingo, 16 de agosto de 2009 - 03:59 h.
  • JOSÉ MARÍA DOMENCH

P ABLO Antoñana ha muerto cuando ya era un abuelo cariñoso y algo gruñón , pero aún combativo y luchador por las grandes causas del hombre y de la humanidad. Se ganó la vida como secretario de ayuntamiento, pero por su calidad literaria habría merecido ganarse la vida como escritor. Un escritor enorme, que ahormaba las palabras con precisión, que evocaba oficios de otros tiempos con sus "palabros" olvidados en el baúl de los recuerdos, con sus adjetivos evocadores, precisos, definitivos; con sus metáforas plenas de imágenes sugestivas, y con sus historias redondas, acabadas y provocadoras.

Pablo Antoñana ha muerto a los ochenta y dos años, pero siempre nos quedará su literatura de altos quilates y renovado lirismo, mezclado con una tierna crudeza que era parte de su propio ser.

Aunque ya conocía su obra, mantuve un trato continuado con él desde que en 2002 edité para la Biblioteca Básica Navarra, con motivo del Centenario de Diario de Navarra, su magnífica colección de artículos que se publicaron en el periódico desde noviembre de 1962 hasta octubre de 1977 bajo el título de "Las tierras y los hombres", el mismo título que quiso para su libro.

A partir de ahí le visitaba con frecuencia y le iba entregando ejemplares de los libros que yo publicaba en mi pequeña editorial y que sabía que a él le podían interesar. Sé que los leía todos, pues en ulteriores visitas me comentaba algo sobre ellos, cosa que yo agradecía por su desinteresada aportación.

El año pasado le ayudé a publicar Escrito en silencio, otra recopilación de artículos publicados en distintos medios y de la que se sentía particularmente orgulloso y satisfecho por la contribución que sus tres nietos habían tenido en la ilustración con sus propios dibujos de los diferentes textos.

Haciendo un poco de historia, es mediado el siglo pasado cuando el nombre de Pablo Antoñana empieza a ser conocido en los círculos literarios españoles al conseguir, en 1959, llegar a finalista del premio "Acento" de novela corta con El capitán Cassou. Dos años después, ganó el "Sésamo" de novela corta con No estamos solos; el "Ciudad de San Sebastián" de relatos con "El tiempo no está con nosotros", y, en fin, también en 1961, fue finalista del "Nadal" de novela con La cuerda rota.

Pablo Antoñana tuvo dificultad para publicar y tanto El capitán Cassou como La cuerda rota no vieron la luz, respectivamente, hasta 1993 (Gobierno de Navarra) y 1995 (Pamiela). Por todo ello, Antoñana no se pudo dedicar de lleno a la creación literaria, aunque en 1964 la prestigiosa Plaza & Janés le publicó El sumario.

A pesar de todo, Pablo fue un escritor reconocido por la crítica, pero no por el gran público, que únicamente conocía sus originales aportaciones al artículo periodístico, que cultivó con primor y del que era un insobornable peón. Un peón que se atrevía con un jaque mate a los reyes y reinas del ajedrez humano.

Descanse en paz mi admirado y admirable Pablo Antoñana.

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