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Caminando por la ruta de los búnkeres del Pirineo en Navarra

Sólo en Navarra se planificaron 1.814 puntos de la organización defensiva de los Pirineos después de la Guerra Civil por temor a una invasión. El regimiento América 66 ha localizado 221 de la 'Línea P' en un buceo histórico y una tarea de campo, que perfilan siete rutas de una propuesta de ocio.

 
Ruta 1 Ruta 2 Ruta 3 Ruta 4 Ruta 5 Ruta 6 Ruta 7
Búnker

 Adentrarse  por un búnker es como sumergirse en un camino a ciegas, con aberturas de claridad a media altura que permiten seguir avanzando. Cada orificio anima a dar un paso en el  laberinto metafórico sobre el origen de su construcción. Las troneras que se abren en sus extremos descubren un campo de visión al mundo real y a un ejercicio de reminiscencia sobre su razón de ser 70 años atrás. Semiocultos por el decurso del tiempo, entre una vegetación espesa, conservan su actitud vigilante como hitos de una época entre vacilante y convulsa que condujo al Ejército español a reforzar su defensa del fantasma de una invasión por los Pirineos, que no llegó a ser tal. Nunca tuvieron uso y tampoco se llegaron a construir todos los planificados. En Navarra, hay constancia de 1.814, pero sólo en papel por la indagaciones efectuadas por el Regimiento de Infantería América 66 en el Archivo General Militar de Ávila. Como detalle, la ocupación de todos ellos hubiese movilizado a 20.000 efectivos en una hipótesis de despliegue total, que nunca se produjo.  

 

Después de la Guerra Civil, el Ejército temió una invasión de los aliados e incluso de la Alemania de Hitler

Las averiguaciones llevadas a cabo, dentro de un trabajo de algo más de un año de duración y la implicación del medio millar de militares de Aizoáin, han rescatado la memoria escrita en piedra y hormigón de unos hitos que jalonan un frente escalonado. Un deseo de “poner en valor” los vestigios de un capítulo histórico, como señala el coronel del regimiento, Jorge Santamaría Ballabriga, unido a la voluntad de mostrar una alternativa de ocio con el diseño de siete recorridos a pie -precisa el teniente coronel David Félix Vaquerizo Rodríguez- explican el ímprobo trabajo de investigación realizado. Su finalidad, tal y como aparece señalado en el estudio, es “mostrar al curioso lector, experto montañero, sencillo excursionista, al erudito historiador -¿por qué no?-, al público en general la ‘historia de nuestro búnkeres’. ¿Qué son, por qué están ahí, para qué sirven o sirvieron? ¿Cuántos y dónde se localizan? Y presentarlo del modo más atractivo que hemos encontrado, ‘recorriéndolos’ de un modo fácil, cómo y apetecible”. 
 

"En la mayoría de los países estas obras están puestas en valor. Vas a Dinamarca o Noruega, y las obras defensivas -las que quedaron en pie tras la Segunda Guerra Mundial- pueden ser visitadas. Suponen un atractivo para la población.  Y para el turismo. Pretendemos dar a conocer esta parte de nuestra historia militar, que no deja de ser nuestra historia de España”, puntualiza el coronel.

Sobre los cimientos del hoy elenco de fortificaciones de mayor o menor tamaño, con su diferencia de uso -nidos de ametralladoras, asentamientos de cañón, observatorio y puesto de mando o fortaleza con 100 metros de laberinto-, hay una base histórica, que el propio regimiento de Aizoáin recoge. 



Un trabajo de un año del Regimiento América 66 concluye con el perfil de 7 recorridos a pie para conocer los búnkeres

Al año de iniciarse la Guerra Civil, las tropas nacionales sintieron la necesidad de controlar el flanco norte ante incursiones de republicanos huidos a Francia o posibles ataques organizados, como los que se dieron al cabo del tiempo en el valle de Roncal, Roncesvalles o Arán en octubre de 1944. “Se inician entonces los planes y el estudio de la posible organización defensiva del Pirineo”. Pero no fue hasta la conclusión de la contienda fraticida, iniciada la Segunda Guerra Mundial, cuando hubo una primera orden de fortificación de la zona de Irún, lo que se conoce como línea Vallespín, en honor al mando que estuvo al frente de las operaciones. La impermeabilización de los pasos fronterizos se convirtió en una obsesión ante el temor a la restauración de la República. 

Los acontecimientos posteriores, con la invasión de Francia por parte de Alemania, decoraron un nuevo marco. Franco supo en su encuentro en Hendaya por boca de Hitler de sus intenciones de invadir la Unión Soviética en 1941. Antes que calmarse, la estrategia alimentó sus sospechas de una invasión aliada en España por el precio que podía pagar Alemania en el frente ruso, como la historia se encargó de confirmar. La hipótesis de una invasión alemana tuvo igualmente su peso en la mente de quienes     ponen el acento en el clima de incertidumbre y desconfianza que fue creciendo esos años. Con todo, la Línea P, como se conoció al sistema defensivo de la coordillera en atención a su inicial, no adquirió visos de proyecto formal hasta noviembre de 1943, cuando España adoptó la posición de “estricta neutralidad’” en la Segunda Guerra Mundial. 

450 KILÓMETROS DE DEFENSA

Con la coordillera pirenaica como baluarte natural, su organización defensiva se planificó a lo largo de sus 450 kilómetros de extensión sobre “una estructura jerarquizada” de tres sectores: oriental, central y occidental. El correspondiente a Navarra -dentro de este último- estaba organizado en torno a 42 Centros de Resistencia, cada uno de ellos dotados de diferentes obras de fortificación: asentamiento de fusil ametrallador y ametralladora, asentamiento de mortero y ametralladora aintaérea, asentamiento de cañón contra carro y observatorio y puesto de mando y fortaleza, entre otros. En teoría, 1.814. En la realidad tangible, el año de estudio e investigación sobre el terreno ha confirmado la localización de 221, en diferente estado. “Es posible que existan más”. La incógnita planea como una propuesta abierta a aportaciones anónimas que ayuden a engordar la estadística.  

La verificación -dentro de los ejercicios de instrucción y adiestramiento en el conocimiento de la montaña, prácticas de topografía o preparación física- tuvieron un punto de partida en el medio centenar aproximadamente de fichas elaboradas en los años 70 y 80 por una unidad de Cazadores del Regimiento. Lo habitual en aquellos años era realizar inspecciones periódicas de conocimiento del territorio y plasmar sus conclusiones en documentos para la posteridad. Aquel primer recopilatorio fue un peldaño  del desafío de  desentrañar el misterio de las fortificaciones escondidas. “Ingenuamente pensábamos que nos encontrábamos finalizando el camino, y éste no había sino comenzado”, se sinceran en Aizoáin. Los continuos cotejos en el Archivo General Militar de Ávila desvelaron un reto de mayor ambición. 



Con el soporte de la documentación asegurado, se iniciaron las búsquedas por el monte con el sentido de la orientación como freno al desconcierto que, en algunos casos, suponía localizar el punto exacto de asentamientos apartados de las coordinadas del GPS o la brújula. “Hay referencias que han cambiado con el paso del tiempo”, aclara el teniente coronel David Félix Vaquerizo. En aquellas situaciones de mayor complicación, la intuición, alimentada con la experiencia en tácticas militares, dejó expedito el camino. “¿Si yo tuviese que hacer un búnker dónde lo pondría?”, era la pregunta socorrida en la mente de los buscadores. La respuesta despejaba cualquier incógnita.  

Por si fuera poco, el paisaje ha experimentado una metamorfosis a lo largo de las últimas siete décadas, con la apertura de nuevas vías de comunicación y la ocupación por edificaciones o infraestructuras del terreno donde antes hubo un dispositivo de vigilancia. 

“Los documentos que teníamos databan de hace muchos años”, expone el sargento  Vázquez en su explicación sobre la dinámica de investigación sobre el terreno. “Veíamos si el búnker estaba cerca de una vaguada o de algún edificio de referencia. Poco a poco concretábamos su acceso. Luego calculábamos también el tiempo de duración a pie del recorrido realizado y la comunicación que pudiera haber con otros búnkeres. Así fue complicándose todo poco a poco”, recuerda.  

La ‘Línea P’ empezó a ser abandonada a mediados de los años 50, con el pacto firmado con los Estados Unidos

Los diferentes senderos dejaron al descubierto construcciones mimetizadas, en unos casos, en el entorno natural con hayas enraizadas en su parte superior y reconvertidas, en otros, para usos antagónicos para los que fueron concebidas.  El cabo primerol Abadiano ayudó a rescatar a una oveja en apuros en un recinto transformado en improvisado redil. En otro caso particular, uno de los búnkeres había sido rehabilitado como columbario, recuerda el teniente coronel Vaquerizo. 

En la andadura por la historia, el contigente militar tan sólo siguió la estela de las unidades regulares que acometieron el proyecto en el monte: Regimiento de Fortificación número 1, creado en Pamplona sobre la base del reemplazo de 1928; los Regimientos de Fortaleza número 1 (1943-1960) y número 2 (1947-1960); el Regimiento de Zapadores número 5, “integrado en la División de Montaña Navarra número 6, que realizó sus prácticas en Aizoáin”. Ejemplo de las pruebas que realizaron son los modelos conservados en la parte posterior del acuartelamiento, con, al menos, cuatro referencias. No es difícil imaginar a aquellos especialistas apostados “a 1.500 o 2.000 metros de altura”, como significa el coronel, en plena faena de sudor y sin más logística de apoyo que unas tiendas de campaña para combatir el frío. En 1953, con la firma del pacto con Estados Unidos, la Línea P comenzó a abandonarse. 

La vuelta al pasado por sus pasadizos subterráneos componen una idea de divulgación, expuesta en siete recorridos a pie. Su selección busca de alguna manera satisfacer el deseo de disfrutar de  la naturaleza, sin un nivel de exigencia física especial. Al contrario, están diseñados “para permitir su aproximación en vehículo” y el acceso a pie hasta los búnkeres “de forma fácil y cómoda”. Las  estructuras subterráneas son “accesibles y en las mejores condiciones de conservación, que nos permiten visitar el interior de forma cómoda y segura, comprender su función e interpretar su misión táctica”. “Cada vez que veo un búnker me sorprende lo bien que se ejecutó y lo bien que estaba planificado para estar donde está. Una vez que entras compruebas que la elección fue la mejor”, aprecia el coronel Santamaría. La capacidad del asombro permanece latente al paso de los años en parajes recónditos, abiertos a la vista de troneras y de la historia de la Línea P.  

 

GLOSARIO DE VOCABULARIO MONTAÑERO 

(Pincha en las palabras para conocer su significado)

 

 

GLOSARIO DE VOCABULARIO TÉCNICO MILITAR

(Pincha en las palabras para conocer su significado)

 

 

LOS VIGÍAS DEL SILENCIO

La Línea P fue “un secreto militar” que, siete décadas después, comienza a revelarse. La conclusión corresponde a José Manuel Clúa Méndez, cuyos conocimientos ayudaron al Regimiento de Infantería América 66 a explorar los entresijos que condujeron a perfilar La Organización Defensiva de los Pirineos. Un buceo histórico en el Archivo General Militar de Ávila, contrastado con un trabajo de campo en la rutina de ejercicios de instrucción y adiestramiento, prácticas de topografía o preparación física, desempolva la historia adherida a la piedra y el hormigón de obras que no tuvieron uso pero que siguen, a los años, generando interrogantes y suscitando curiosidad.

Fueron 1.814 los búnkeres planificados sólo en Navarra dentro del frente escalonado que idearon regimientos de fortificación y fortaleza y unidades de zapadores. Rastreando su estela, las inspecciones practicadas en algo más de un año por el medio millar de militares de Aizoáin revelan la constatación de 221 en un mar de incertidumbre por la más que posible existencia de más puntos de defensa ocultos por la espesura de la vegetación y el peso del tiempo.

En su construcción, se movilizaron un ingente número soldados de reemplazo para asegurar una estructura dividida en Centros de Resistencia. Los designados para Navarra, dentro del sector occidental, fueron 42.

“El marco histórico”, bautizado como tal en el estudio del Regimiento de Infantería América 66 en que se sitúa el proyecto, arrancó en verano del año 1937. “El curso de nuestra última guerra civil - según su recopilación- nos sitúa próximos a finalizar la denominada como Campaña del Norte. La República aún mantiene la frontera francesa correspondiente a Aragón y Cataluña. Los nacionales sienten la necesidad de controlar ese flanco norte en su avance hacia el este, previendo posibles infiltraciones de republicanos huidos a Francia o ataques en fuerza desde el norte, como de hecho ocurrió más adelante (sucesos de los valles de Roncal, Roncesvalles y Arán en octubre de 1944). Se inician entonces los planes y el estudio de la posible organización defensiva del Pirineo. Finalizada ya la contienda fratricida e iniciada la conflagración mundial, se da en 1940 la orden de inicio de los trabajos reforzando la fortificación en la zona de Irún (línea Vallespín), en ese momento limítrofe con la Francia ocupada por los alemanes, y continuando con el resto en octubre de 1942”. Franco temió por un giro más que previsible de los acontecimientos bélicos si, como le reveló Hitler en su encuentro en Hendaya, Alemania pretendía invadir la URSS. Sus sospechas alimentaban su precaución ante una hipotética derrota alemana en el frente ruso, con el consecuente efecto de una mayor solidez del bando aliado para que dirigiera su maquinaria de guerra a España.
 

Búnker en el collado de Eskisaroi

La declaración de “estricta neutralidad” en el conflicto mundial, antes que flexibilizar el control, consolidó el proyecto de imperbealización de los Pirineos. Fue en noviembre de 1943. La Línea P comenzó a tomar cuerpo.

Una de las fuentes utilizadas en el ímprobo trabajo del Regimiento América 66 -la procedente de José Manuel Clúa Méndez- retrocede a las expectativas depositadas por los exiliados republicanos en el “Gobierno francés de De Gaulle y sus aliados para que pudieran atacar a Franco y reconquistar España”. El 19 de agosto de 1944, con la liberación de Europa, la alerta se extendió a lo largo de la frontera española.

Hubo, sin embargo, un giro en los acontecimientos. Un año después, De Gaulle ordenó la retirada de “todas las banderas republicanas españolas en Francia”. En una palabra, se desentendió “definitivamente de la Junta Española de Liberación (JEC) a la que no reconocerá” (La línea Pirineos, línea P, la mayor obra de fortificación en España). Sin el apoyo de Francia ni sus aliados, los españoles con anhelos de restaurar la República se sintieron defraudados y empujados a emprender “una guerra de guerrillas, conocida como el maquis”.

Sin que llegaran a representar “un peligro real para el régimen de Franco” y una vez abortada la intención alemana de invadir Gibraltar a través de España, José Manuel Clúa se pregunta por las razones que condujeron al despliegue defensivo. “Algunas teorías relatan que había una posible intención por parte de los aliados de invadir España y otras hablan de que los rusos, no contentos con tomar Berlín, querían reconquistar España para la República”.

Hoy quedan vestigios de un episodio, cuya huella mantiene en vilo a cuántos se siguen interrogando por su razón de ser. “¿Qué son, por qué están ahí, para qué sirven o sirvieron?”. Como sostiene el teniente coronel David Vaquerizo, “la historia de nuestros búnkeres está ahí”.

 

LOS SIETE RECORRIDOS

 

 

 

 

LA PRIMERA RUTA: Donde nace el río Arga | Collado de Urkiaga Oeste  

 

La aproximación hasta el Puerto de Urkiaga, a apenas 40 kilómetros de Pamplona a través de la carretera N-138, nos permite disfrutar de todo el alto valle del río Arga. La ruta comienza a serpentear tras salir de Eugi y cobra toda su belleza al alcanzar el desvío de Artesiaga y las ruinas de la antigua Real Fábrica de Armas (construida en 1766 por orden de Carlos III), atrapadas bajo las hayas y ceñidas al ahora arroyo del Arga. Conviene aquí recordar que cuando se construyeron las defensas del Pirineo (1943), la actual carretera desde el cruce de Irurita hasta el puerto no era sino un camino de carretas, y en su vertiente norte hacia Francia, apto sólo para caballerías. Fueron pues Ingenieros militares quienes construyeron carreteras y pistas a Artesiaga, a Urkiaga y hacia los Alduides.

Pues bien, siendo el Puerto de Urkiaga punto clave para cerrar la penetración desde el norte hacia Pamplona, se explica la gran cantidad de obras defensivas que se construyeron, no sólo en el propio puerto, sino como es lógico imaginar, en las alturas que lo dominan: el Adi por el este y Enekorri por el oeste. De ambos nos ocuparemos más adelante, en los próximos recorridos que enlazan con el Centro de Resistencia de Ibañeta y la regata de Sorogain por el Monte Iturrumburu y el collado de Adatún (recorrido nº 5) y con Quinto Real (recorrido nº 3) a través del Okoro y la divisoria del Monte Argintzu.

En el punto kilométrico (en adelante PK) PK-18.5 encontraremos amplio espacio para estacionar el vehículo y paneles informativos sobre la zona en la que nos vamos a adentrar. Sin embargo, no dispone de agua, tampoco en el resto del recorrido; y la cobertura telefónica está bastante ajustada, mejorando según ascendemos. Nuestra aventura se centrará en el oeste del puerto, siguiendo las marcas rojas y blancas de la Gran Ruta GR-11 que asciende a Enekorri. Se trata de un agradable y corto paseo de 6 kilómetros -ida y vuelta por el mismo camino, lo que nos permite dar por finalizado el recorrido en cualquier momento- con 230 metros de desnivel y algo más de una hora, bajo las hayas. No hay pérdida posible, pero ¡atención a la salida!: no confundir con la pista maderera que corre paralela más al norte, y ceñirse a la GR, por la izquierda (punto 0, izquierda según llegamos al puerto).

A poco más de 1 kilómetro, según ascendemos por la excelente pista, encontramos hasta 13 oquedades o “puertas” hormigonadas en el talud norte (punto 1), alguna de ellas de difícil aproximación debido a la maleza, pero posible acceso al interior, bien conservado y que mediante una galería simple une con otras (de a 2 o de a 3) entradas, constituyendo cinco abrigos o refugios para una unidad militar de entidad Compañía, aquélla que habría de ocupar y defender el propio puerto. Es preciso el uso de linterna.

Transcurridos otros 2 kilómetros, cuando las hayas desaparecen para dar paso a los abetos, tras atravesar las dos puertas en el vallado junto a la cabaña de cazadores y la balsa de agua, saliendo al prado, la pista deviene en senda y alcanza el alto de Enekorri desde el que vemos ahora claramente toda la divisoria y entendemos los apuntes mencionados al inicio sobre la defensa del Puerto: se puede observar a la izquierda (oeste) los montes Argintzu y Okoro; y a la derecha (este) el Iturrumburu y el Adi, flanqueando y dominando el puerto, y entendiendo necesario su ocupación para defender Urkiaga.

En lo alto de la loma, bajo el puesto de caza (“palomera”) encontramos nuestra organización defensiva (punto 2): 5 posiciones de ametralladora y fusil ametrallador, unidos por un ramal defensivo o trinchera y disponiendo de otro refugio para los ocupantes.
Desde aquí iniciamos el regreso hacia el punto de partida, y tras recuperar el vehículo, se nos ofrece la posibilidad de continuar nuestro recorrido 400 metros más abajo del puerto, hacia el norte (Francia) hasta los PK-18.9 y 19.2, donde encontraremos a la izquierda de la carretera otras dos obras de fusil ametrallador (punto 3 y fotografía) con posibilidades para detener el coche. Finaliza nuestra primera aventura.

 

 

 

 

LA SEGUNDA RUTA: Sólo hayas | Collado de Urkiaga Este   


Nos acercamos en esta ocasión a un paraje especialmente recomendable para aquellos calurosos días del estío. Se trata de un agradable paseo de 8 kilómetros -ida y vuelta por el mismo camino, lo que nos permite dar por finalizada la aventura cuando más nos apetezca- con 300 metros de desnivel y algo más de 2 horas, bajo la fresca y húmeda sombra de las hayas, a cubierto del sol. Aunque también ofrece un especial atractivo envuelto en jirones de niebla en las ya frescas mañanas del otoño.

A escasos 40 kilómetros de Pamplona, siguiendo la carretera N-138 hacia el norte y tras superar Zubiri primero y Eugi después, alcanzamos el denominado como Puerto de Urkiaga, en el PK-18.5, y punto clave para cerrar cualquier penetración desde el norte. El puerto nos brinda espacio suficiente para estacionar el vehículo y paneles informativos sobre la zona en la que nos vamos a adentrar. Sin embargo, lamentablemente no hay fuente, ni aquí, ni en ningún otro punto de nuestro recorrido; y la cobertura telefónica está bastante ajustada. Por otra parte, se trata de un itinerario muy seguro y bien jalonado, toda vez que discurre siempre a caballo de la Gran Ruta GR-11 (jalonada con marcas rojas y blancas) hacia el dominante Pico Adi al este.

No habremos de andar apenas 50 metros en esta dirección (punto 0 del croquis, derecha según llegamos al puerto) para encontrar todo un catálogo de búnkeres a ambos lados del camino (punto 1): 3 posiciones defensivas de ametralladora y otras 2 de cañón antitanque que ponen de manifiesto la importancia de este punto; y los correspondientes ramales o trincheras que los unían, ya prácticamente enterrados. El interior es accesible aunque, por la proximidad a la carretera, se encuentran algo sucios.

Seguimos el ascenso por la GR-11 y a 1 kilómetro, a la izquierda del camino (norte, punto 2), descubrimos dos entradas en el talud que permiten explorar el interior de un abrigo de pelotón. Otro kilómetro más, tras el cruce de caminos (punto 3), se nos muestran en el collado 5 fortificaciones más, nuevamente a ambos lados de la pista: 1 de mortero y 2 de fusil ametrallador a la izquierda (norte); y de mortero, fusil y trinchera a la derecha (sur). Las de fusil ametrallador se encuentran prácticamente cegadas, al igual que el ramal defensivo que apenas se intuye. En cambio, las posiciones de mortero se observan bien conservadas.

Ahora sólo resta alcanzar hacia el sur el collado final de Adipeko (1,5 kilómetro), cuando la pista GR se convierte en senda y atraviesa una puerta para el ganado (punto 4) que abandona el bosque y sale al prado para divisar, arriba a la derecha (a 200 metros), ya el siguiente búnker de ametralladora, de dos entradas y doble tronera. Y continuando por la senda, 300 metros hacia el sureste, sin perder altura, una nueva posición de ametralladora (punto 5) orientada hacia el collado de Adatún, entre el Adi y el Monte Iturrumburu. Desde éste divisamos abajo una cabaña y algo más a la derecha (noroeste) a otros 300, colgados sobre la vaguada 2 nuevas posiciones de fusil ametrallador (punto 6) apuntando al norte, aparentemente enterrados pero accesibles y en buen estado, aunque sus troneras sí se encuentran cegadas.

Es interesante observar que en el descenso hacia el búnker nº 6, sobre una pequeña meseta, encontraremos diversos restos megalíticos (crómlech y menhires muy bien conservados, ver de nuevo punto 5). Desde aquí -búnker nº 6- iniciamos el regreso hacia el punto de partida, pasando por la mencionada cabaña a 300 metros al oeste, a nuestra altura, y desandando la ruta de subida.

Tras recuperar el vehículo, y si todavía quedan ganas de búnker, aún se nos ofrece una última posibilidad: detenerse de nuevo 1 kilómetro más abajo del puerto, hacia el sur (Eugi) en el PK-17.4, en la explanada en que estuvo emplazada en su momento la antigua aduana, para explorar las últimas posiciones. Se tratan de una nueva obra de ametralladora, situada a 100 metros al sur e izquierda de la carretera (este, punto 8) de la zona de picnic, y otra de fusil ametrallador prácticamente enterrada, 200 metros al noreste de la anterior (punto 9) siguiendo el arroyo. Es interesante no ya por la obra de fortificación en sí misma sino por el entorno.

Por último, dejar constancia, aunque no merezca la pena de ver, de una posición más de cañón contra carro pegada a la carretera (punto 7 y PK-18.1) olvidada y enterrada. Después sólo resta almorzar en la explanada y dar por finalizada la aventura

LA TERCERA RUTA: La ‘Peña de los Generales’ | Quinto Real

 

 


El itinerario propuesto -incluyendo varias opciones que describimos en la reseña- discurre por uno de los más bellos parajes de nuestro Pirineo navarro, en un “apéndice” sobre Francia, más allá de la frontera natural, y supone aproximadamente, en su versión completa, 10 kilómetros, 3 horas y 750 m de desnivel; la opción más sencilla quedaría reducida a 6,5 kilómetros. No obstante, a diferencia de los anteriores, el itinerario no se nos presenta tan claro y seguro, por lo que deberemos prestar especial atención a las indicaciones de la reseña, los indicios sobre el terreno y aprovechar una meteorología favorable.


Tras superar el puerto de Urkiaga e iniciar el descenso hacia Francia encontraremos dónde estacionar nuestro vehículo en el PK-23.4 de la carretera N-138, a la derecha en el sentido de la marcha (45 kilómetros desde Pamplona). En esta ocasión no encontraremos más agua que la de los numerosos arroyos que atravesemos -no hay fuentes- atención pues a este aspecto. Y en cuanto a cobertura telefónica, aunque débil en la carretera, está asegurada en todo el trayecto.


El recorrido se inicia en el camino que encontramos 20 metros más adelante, a la izquierda (oeste) en pronunciado ascenso (figura 2, punto 0), una antigua pista forestal no apta para vehículos convencionales. El camino discurre entre hayas y torrentes y tras dejar a nuestra derecha una cabaña rehabilitada llegaremos a un cruce, en un collado amplio y herboso denominado Pelono Bajo. Descendemos 50 metros hacia el refugio de cazadores y bajo el haya encontramos nuestro primer búnker (punto 1, hasta aquí 1 km y 20 minutos), un asentamiento de ametralladora orientado hacia el este, de acceso al interior complicado por la vegetación.


Para continuar nuestro recorrido desandamos el trayecto hasta el anterior cruce donde habremos de abandonar el camino más evidente para continuar el ascenso por la izquierda (hacia el noroeste, ver fotografía punto 1) siguiendo el lomo o divisoria. En este caso no hay más señal que el paso del ganado y la ruta se intuye a través de los helechos y el prado, sirviendo de guía las numerosas palomeras que van jalonando por nuestra derecha la subida. Tras otro kilómetro (20 minutos) de ascenso alcanzamos el segundo búnker (punto 2), otro asentamiento de ametralladora cuya tronera apunta en la dirección por la que venimos (ahora sí es posible el acceso al interior).


A partir de este punto la progresión se simplifica puesto que ya no resta sino seguir hasta la divisoria final: 400 metros en la misma dirección noroeste, sirviendo de guía la Peña de los Generales o Monte Argintzu (agujas rocosas destacadas en el perfil de la divisoria). Habremos de alcanzar el collado a la derecha de la Peña, donde la Gran Ruta GR-11 cruza (mediante una escala de madera) la alambrada pasando al otro lado de la vertiente (hacia Irurita) y encontrar nuestro próximo búnker (otros 200 metros, punto 3).


Iniciamos ahora el regreso hacia la alambrada y tras volverla a atravesar, ascendemos por la divisoria de la izquierda (noreste) hacia el siguiente búnker (punto 4). Está perfectamente visible su entrada a 400 metros, colgado del farallón y orientada su tronera hacia el norte (de nuevo a Irurita). Desde aquí, existe la posibilidad de seguir otros 700 metros por la divisoria hacia el este hasta localizar otros dos asentamientos de ametralladora (punto 5), dos posiciones gemelas y distantes entre sí apenas 100 metros.


En todo caso, e independientemente de que hayamos decidido llegar a estos últimos, desde el punto 4 de nuestro recorrido retomaremos la marcha ahora en dirección sur, siguiendo la GR-11 y manteniendo la alambrada a nuestra derecha o atravesándola por distintas puertas metálicas para acceder a los búnkeres 6, 8 y 9 de nuestro itinerario (2 kilómetros). Todas las obras defensivas son de ametralladora y con la posibilidad de acceso al interior, si bien esto con dificultad, pues la entrada se encuentra semienterrada e invadida por las ortigas. Destacar el búnker número 8, no por su organización o conservación, pues es similar al resto de las obras ya visitadas, sino porque se encuentra al pie del Okoro (1.258 metros de altitud) punto de observación de toda la zona y observatorio militar del Centro de Resistencia de Quinto Real.


Desde aquí, el regreso (2 kilómetros) siguiendo el mismo itinerario que de ida, y pasando por el punto 2 (precisamente en este cruce tendremos la oportunidad de visitar el búnker número 10 de nuestro recorrido, desplazándonos 1 kilómetro hacia el este por el camino más destacado) y descendiendo hasta la carretera (otros 2 kilómetros). Para almorzar recomendamos seguir la carretera 1 kilómetro hasta la frontera francesa, donde la venta nos ofrece merecido refrigerio.

 

 

LA CUARTA RUTA: La llave de Baztan | Alkurruntz y Puerto de Otsondo

 

 

 

El puerto de Otsondo ha sido testigo de diferentes hechos de armas de nuestra historia contemporánea: durante la guerra de la Convención (1793-94) contra Francia, defensa primero contra y persecución después de las tropas francesas en la guerra de la Independencia (1813-14) y durante la Restauración Borbónica con las operaciones del general Martínez Campos (1875-76); evidenciándose su valor como zona clave para controlar la penetración desde Francia a través del valle de Urdax-Baztán-Artesiaga-Pamplona.

Presentamos en esta ocasión un recorrido a través de lomas de suaves contornos cubiertas de prados y turberas, de belleza espectacular, con vistas al valle del Baztán y el País vasco-francés, y que, partiendo del puerto de Otsondo a tan sólo 63 km de Pamplona, nos ofrece tres posibilidades:

1. ASCENSO AL ALKURRUNTZ (hasta el vértice 2 km, 380 m de desnivel y aproximadamente 1 hora de subida). Tomaremos como punto de partida propiamente el collado de Lizarmeaka (K-62.4 de la carretera N-121-B) a 200 m al sur del puerto de Otsondo. El cruce con la carretera NA-4453 nos ofrece parking (punto 1 de la panorámica), zona de picnic con agua potable (fuente) y baño (WC). Conviene además saber que hay buena cobertura telefónica.

Desde el parking, seguir la NA-4453 en dirección suroeste (hacia Orabidea) durante 600 m, hasta el cruce de pistas a nuestra izquierda (sur, otra posibilidad para dejar el vehículo) y a 50 m tomamos la senda entre ambas pistas (punto 3, sendero local SL jalonado con marcas blancas y verdes). Iniciamos aquí el ascenso siguiendo el espolón norte del Alkurruntz (punto 4) siempre hacia la aguja rocosa (punto 5). Tras ésta encontraremos restos megalíticos correspondientes a dos menhires (punto 6), girando aquí la senda a nuestra derecha (hacia el oeste ¡atención!) hasta el collado de Zuretako (1 km, punto 7) donde encontramos también la evidencia de un crómlech y nuestro primer búnker (de ametralladora, con posibilidad de acceso al interior pero muy sucio).

Cambiamos ahora de nuevo la dirección, siguiendo la senda hacia el noroeste directamente hacia la cumbre rocosa (300 m). La última parte del ascenso hasta la puerta de entrada (punto 8) a la posición defensiva -verdadera fortaleza- se realiza por escalones tallados en la piedra y entre las ruinas de antiguas edificaciones. A la derecha (sur) de la entrada un vallado aísla y protege diversas antenas y sensores de un centro sismográfico.

El búnker se encuentra en buen estado, siendo preciso el uso de linterna para adentrarse en su interior. Consta de una galería principal de 100 metros que asciende ligeramente hasta un asentamiento de ametralladora (cara este del monte) y cuenta con dos ramificaciones laterales a derecha e izquierda (sur y norte) que llevan al centro sismográfico (acceso tapiado) y a otro nido de ametralladoras (respectivamente a 50 y 80 m de la entrada). Existe un acceso secundario en forma de pozo con escala metálica en la parte este, junto a la tronera. En todo caso, una verdadera aventura el recorrer la posición, posiblemente el búnker más interesante de toda la línea de defensa del Pirineo navarro.

El vértice es fácilmente asequible, a tan solo 20 metros más de altura, y nos permitirá en un día claro disfrutar de unas vistas privilegiadas sobre los valles del Baztán y La Nivelle.

El regreso se realiza por el mismo camino dando ya por bien empleada la jornada; sin embargo, para aquellos “exploradores” más inquietos, sugerimos que al volver al collado [Zuretako] reconduzcan la dirección hacia el sur (izquierda), alcanzando el próximo collado de Zueta y seguir la pista forestal (pequeño recorrido PR-8) que nos guiará hacia el suroeste hasta el collado Atxuela (GR-11) en 5 km. Esta variante nos ofrece la posibilidad de encontrar un total de 16 búnkeres de fusil ametrallador, ametralladora y mortero, todos ellos sin embargo semienterrados o anegados, impidiendo su acceso y restando cierto interés.

2. PUERTO DE OTSONDO (paseo hacia el monte Baratxurieta, 500 m, sin desnivel apreciable). Esta vez sí, iniciamos nuestro trayecto en el puerto de Otsondo (K-62.6 de la carretera N-121-B), también con posibilidad para dejar el coche en el cruce con la NA-2655 (a Gorramendi), con zona de picnic y fuente.

El camino (a Urdazubi) desde este cruce se dirige hacia el oeste y en 500 m podemos encontrar otros 5 búnkeres: el primero a tan sólo 50 metros, tras pasar la puerta para el ganado, a nuestra derecha (norte), acondicionado para albergar a un cañón contra carro; el siguiente y más interesante a 200 metros, a la izquierda, ascendiendo 5 metros un talud sobre el camino, una posición accesible y muy recomendable, en forma de cruz, preparada para albergar varias ametralladoras; 300 metros más adelante otros dos asentamientos de cañón, a la derecha (norte de nuevo) en muy buen estado pero cegadas las entradas de modo que el acceso habrá de realizarse por la tronera; el último, a 50 metros hacia el oeste ascendiendo al monte Baratxurieta, un pozo de tirador fortificado.

Además existen otros tres asentamientos interesantes y accesibles de cañón antitanque más. Para localizarlos habremos de regresar a la carretera, seguir el descenso hacia el norte y a 400 metros desviarnos a la izquierda (norte) por la pista que lleva a Urdax, a aproximadamente 1 km desde la carretera; los otros dos se encuentra al pie de la carretera N-121-B, en los puntos K-72.1y K-72.9 (sendas curvas muy pronunciadas, atención a la detención en la carretera).

Como puede observarse, la mayoría de las obras defensivas corresponden a cañón contra carro, lo que sugiere que el eje principal (carretera Urdax-Elizondo) implicaba realizar el esfuerzo principal en la defensa.

3. CORDAL GOIZAMENDI-LIZARTZU (16 Km, a caballo del la PR-6). Únicamente dejar constancia de la existencia de diversas obras defensivas (abrigos, depósitos y asentamientos) que en comparación con los ya expuestos en la zona de Otsondo, acaso carezcan de otro atractivo que el paisajístico.

 

 

LA QUINTA RUTA: La Chanson de Roland | Puerto de Ibañeta y Guirizu



Seguramente no habrá lugar en nuestro Pirineo tan vinculado a las idas y venidas de invasores como el que hoy traemos a estas páginas. Por el Puerto de Ibañeta penetraron celtas, godos, y francos en siglo VIII al frente de Carlomagno, quien tras ser derrotado en Zaragoza, y en su retirada a Francia arrasó la capital de los vascones, Pamplona. En venganza le emboscaron en Ibañeta, según nos relata la Chanson de Roland. Por el Collado de Lepoeder volvieron los franceses en 1808 al mando del general D’Armagnac y por él huyeron cinco años después, los hombres del mariscal Soult, derrotados y exhaustos. Y por eso en los planes defensivos de 1940 en Ibañeta y Guirizu se establecen dos Centros de Resistencia fundamentales. Actualmente los únicos invasores que atraviesan Ibañeta y Lepoeder son los peregrinos del Camino de Santiago, lo que supone un contraste enorme comparado con la soledad y el silencio de los recorridos anteriormente expuestos.

En esta ocasión presentamos un entretenido ascenso de 350 metros de desnivel y 6 kilómetros, contando el regreso, que discurre atravesando prados en la linde del hayedo. Supone aproximadamente un par de horas.

Alcanzamos el Puerto de Ibañeta por la carretera N-135 donde en el K-48.7 encontramos amplio aparcamiento tras la ermita de San Salvador (punto 1 de la panorámica). Para la subida habremos de seguir el camino rural asfaltado en su momento que hacia el este (derecha según alcanzamos Ibañeta) conduce al vértice de Orzanzurieta, y servirnos de referencia la Gran Ruta GR-12 que se dirige a Azpegui. Y decimos de referencia únicamente, puesto que su trazado acorta los distintos lazos que el camino rural describe, evitándonos encontrar algunos de los puntos interesantes del recorrido.

Apenas recorridos 200 metros encontramos el primer búnker a la izquierda (norte), una posición de fusil ametrallador semienterrada. A continuación, 100 metros más adelante encontramos un paso canadiense para el ganado. Enseguida, a la derecha (al sur) sin perder altura y durante 350 metros, alcanzamos una posición de cañón antitanque (punto 5) recientemente rehabilitada, cuyo interior resulta muy interesante de visitar. Desde aquí, en lugar de regresar hasta el punto 3, retomaremos hacia el noreste (derecha) para salir a cortar el camino asfaltado subiendo hasta el espolón (a 350 metros) donde adivinamos (punto 6) junto al puesto de caza una posición defensiva de Pelotón excavada a pico sobre el terreno.

Habremos de continuar otros 300 metros para encontrar una nueva posición de fusil ametrallador interesante y accesible (punto 7) a la derecha del camino (sur); y a 200 metros más un muy bien conservado asentamiento de mortero (punto 8), también a nuestra derecha. Ambos merecen la pena de ser inspeccionados. Seguimos ascendiendo casi 1 kilómetro por la pista hasta llegar a una peña muy característica donde ya intuimos que por su posición dominante habremos de localizar una posición defensiva de Sección que controla toda la zona (punto 9). Para alcanzarla hay que abandonar el camino a nuestra izquierda atravesando el cercado por el paso peatonal al efecto.

Tras disfrutar de las vistas que la posición ofrece sobre la carretera a Francia (norte), el vértice Guirizu (oeste) y la Colegiata de Roncesvalles (sur) retomamos la pista para seguir subiendo durante 1 kilómetro hasta un collado en el que se nos presenta la posibilidad de inspeccionar otras dos obras de fortificación, acaso poco interesante por estar semienterradas. Para ello habremos de traspasar la valla por la puerta frente al abrevadero; desde aquí descender 150 metros hacia el noreste por una trocha de ganado hasta encontrar una posición de fusil ametrallador prácticamente oculta y (50 metros más adelante, hacia el noreste) un pozo de tirador que defienden el collado hacia el norte.

Continuando por la pista desde el collado llegaremos al de Lepoeder tras otro 1,5 kilómetros. Después de superarlo quedan 200 metros para localizar un nuevo búnker hacia el noreste (izquierda del camino) fácilmente identificable. Desde Lepoeder, podemos observar todo el panorama: una vez más Guirizu, Roncesvalles, Orzanzurieta y a su izquierda el templo o torre romanos de Urkulu.

Para el descenso sí que aconsejamos ahora seguir la marcas rojiblancas de la GR-12 que acortarán el camino. Al llegar al punto 3, el paso canadiense ya mencionado, existe la opción de desviarse hacia el norte (derecha) para intentar localizar otras dos posiciones muy ocultas a 300 metros, entre las hayas, sin descender: un asentamiento de fusil ametrallador y otro, 50 metros a nuestra derecha, abandonando el camino hacia arriba, de cañón contra carro.

Y aquí acaba nuestra particular Chanson de Roland, un recorrido muy montañero con estupendas vistas, fácil y seguro, con cobertura telefónica asegurada pero sin agua, de modo que una estupenda forma de rematar la excursión será en Roncesvalles para conocer la Real Colegiata de Santa María, el Hospital de Peregrinos, el Silo de Carlomagno y las Capillas de Santiago y San Agustín. Visita obligada.



 

 

LA SEXTA RUTA: La otra puerta de Baztan | Collado de Eskisaroi  

Describíamos en el recorrido número 4 al hablar del Puerto de Otsondo cómo los antecedentes históricos demuestran la importancia de este punto como clave para acceder al valle y alcanzar Elizondo. Paradójicamente, todos los episodios y hechos de armas han implicado la defensa del paso y el correspondiente ataque frontal, desdeñando la posibilidad de obviar Otsondo y volver por otro lugar: el Collado de Eskisaroi. Sin embargo la organización defensiva del Pirineo diseñada en 1940 sí que previó esta opción y fortificó el collado, cerrando la penetración que desde Urdax, Zugarramurdi o Etxalar busquen alcanzar Elizondo como centro del Baztan. En suma, se trata de la otra puerta del valle, aquella que el Centro de Resistencia de Eskisaroi tenía por cometido cerrar.


Volvemos a tomar como referencia nuestra reseña número 4 para describir el acceso hasta el Collado de Lizarmeaka (K-62.4 de la carretera N-121-B) a 200 metros al sur del Puerto de Otsondo. Desde aquí, todavía 8,5 kilómetros más por la NA-4453 (hacia Orabidea) que desciende hasta el fondo del valle para elevarse luego hasta el Collado de Eskisaroi. Encontramos sitio para detener nuestro vehículo a la izquierda (este). En esta ocasión no hay fuente y deberemos prestar atención a la cobertura telefónica en días cubiertos.


Nuestro recorrido (ver la panorámica del itinerario) consiste en una suave ascensión de 170 metros de desnivel y algo más de 3 kilómetros -ida y regreso-; esto es, menos de una hora en total. Y comenzaremos encontrando los 3 primeros asentamientos de fusil ametrallador en el propio collado, dos de ellos semienterrados, a 20 metros del collado, bajo los robles enormes, pegados al camino jalonado de marcas rojas y blancas de la Gran Ruta GR-11 que asciende hacia el sureste (izquierda desde la carretera). El tercero, a 200 metros adentrándonos en el bosque por el camino que discurre sin ascender hacia el noreste. Aunque escondido es posible acceder a su interior, que se conserva limpio y en buen estado.


De vuelta al collado y retomando la GR-11, iniciamos ahora sí, el ascenso hacia el Monte Oiarmuno, en cuyo alto se adivina el siguiente búnker (panorámica, punto 8). Tras recorrer 600 metros y alcanzar la piedra grande en el camino, abandonamos la GR a la izquierda para dirigirnos a una gran haya aislada entre los helechos, muy característica. Desde aquí ya se divisa claramente la cima y la posición defensiva. Se trata de una posición de ametralladora de libro, y aunque el interior no está accesible por tener cegada la entrada, el panorama es impresionante: desde Larrun en Francia a nuestra izquierda hasta el mencionado Alkurruntz a la derecha, y a nuestra espalda Bertiz y el Aizkolegi.


Existen todavía otros dos asentamientos de mortero a 400 metros en la misma dirección sureste. Se hallan entre helechos -adivinando más que pisando una senda o trocha de ganado, hasta el collado-, pero prácticamente enterrados, por lo que únicamente queremos dejar constancia de su existencia.


El regreso lo realizaremos volviendo tras nuestros pasos por el mismo itinerario. Si bien, para aquellos a quienes les parezca escaso, caben tres posibilidades:


1. Al caer de nuevo a la GR-11, continuar por ella en dirección al este hacia el Alkurruntz, pasando por los collados de Atxuela y Zueta hasta el referido de Zuretako donde (ver nuevamente el recorrido número 4) tendremos la oportunidad de enlazar con el Centro de Resistencia de Otsondo a través de sus 5 kilómetros y 16 búnkeres de fusil ametrallador, ametralladora y mortero. Todos ellos están semienterrados o anegados, impidiendo su acceso y restando cierto interés.


2. Tras recuperar el vehículo y si decidimos regresar por la carretera NA-4453 hacia Otsondo, parar en el K-22.8, junto a la Borda Indarteko. Coger el primer camino a la derecha (sur) que desciende hasta el arroyo. Cruzar por el puente y ascender 1 kilómetro por el camino ancho bajo los castaños y robles, dejando siempre a nuestra izquierda el arroyo, hasta encontrar dos abrigos o depósitos -en la vereda de la izquierda el primero y a la derecha el segundo-, antes de cruzar de nuevo el arroyo en el siguiente puente que lleva a la Borda Maritoneko.


3. Última opción y más aconsejable, aunque exenta de búnkeres. Desde Eskisaroi continuar por la carretera NA-4453 hacia el sur, recorriendo los 20 kilómetros hasta Elizondo por un paraje increíble y solitario, cambiando hayas y abetos por castaños y robles, para poder ver el camino que aquella organización defensiva del Collado de Eskisaroi trataba de impedir. En verdad que merece la pena.

 

 

LA SÉPTIMA RUTA: La segunda defensa de Baztan | Erratzu y el Puerto de Izpegi

Cuando describíamos el Puerto de Otsondo (recorrido nº 4) definíamos éste como la llave de Baztan, habiendo sido testigo de diferentes hechos de armas de nuestra historia contemporánea: durante la guerra de la Convención (1793-94), Independencia (1813-14) y la Restauración Borbónica (1875-76). La sucesión de contiendas evidencian su valor como zona clave para controlar la penetración desde Francia a través de Urdax-Baztan-Artesiaga-Pamplona. Pues bien, el recorrido que en esta ocasión presentamos -Erratzu y Puerto de Izpegi- coincide con un Centro de Resistencia de segunda línea, esto es, se establece como última medida en el caso de que Otsondo fuera conquistado, protegiendo además el acceso por el Puerto de Izpegi.

De otro lado, el presente itinerario se difiere también de todos los anteriores porque los aproximadamente 15 kilómetros se pueden realizar básicamente en vehículo, deteniéndonos en los puntos de interés que a continuación describiremos.

Así, iniciamos el recorrido en el K-4.1 de la carretera NA-2600 tras atravesar Erratzu, a 58 kilómetros de Pamplona por la N-121B. Al estacionar el coche en el punto inicial (punto 1 del croquis) podremos observar las ruinas de un antiguo campamento militar y a una posición de cañón contra carro (punto 2) si retrocedemos 100 metros por la carretera en dirección a Erratzu, a derecha e izquierda respectivamente. A continuación, regresamos al punto inicial para recuperar el vehículo y seguir progresando 300 metros hasta el siguiente cruce con un camino a la izquierda (norte), donde volveremos a estacionar para cruzar el puente, ascender 100 metros y descubrir arriba a la derecha, entre robles y hayas, las imponentes troneras de una organización defensiva (punto 3). Está preparada para alojar hasta tres ametralladoras y sumamente interesante de recorrer con linterna. Se encuentra limpia y exenta de riesgos, más allá de toparnos con algún asustado murciélago.

Encontraremos otras dos posiciones muy similares, igual de interesantes y accesibles para ser exploradas algo más adelante: en el K-4.9, a la izquierda (norte) en la entrada a la casa rural Juanillo arriba en la terraza, a la izquierda del arroyo (punto 4); y en el K-5.6, también a la izquierda (norte) detrás del caserío y sobre el talud (punto 5).

Recuperamos nuevamente el vehículo para ascender hacia el Puerto de Izpegi y localizar -siempre a la izquierda (norte) y sucesivamente-, dos posiciones de cañón contra carro en el K-10.8 (punto 6) y K-11.2 (punto 7) muy visibles y accesibles; y una tercera de fusil ametrallador (punto 8) en el K-11.3, a 300 metros del puerto.

Izpegi nos brinda la posibilidad de disfrutar de las vistas y un merecido almuerzo antes de iniciar el regreso por la misma vía hasta nuestro punto inicial (punto 1) donde aún encontraremos la alternativa de aparcar nuevamente o continuar en vehículo a la izquierda (sur) ascendiendo por el camino de Elorta (pista asfaltada durante otros 2 kilómetros). Esta opción de 4,5 kilómetros, de suave subida, nos ofrece la oportunidad de estirar las piernas e inspeccionar otras 7 obras defensivas de ametralladora y fusil ametrallador. Se hallan todas a la izquierda, en el sentido de la marcha (este) y siempre visibles desde el camino, siendo únicamente necesario desviarse unos 300 metros para alcanzar las obras 9, 10 y 13, según se describe en el croquis adjunto.

Visitando de regreso Erratzu y Elizondo, y disfrutando del incomparable marco de Baztan, daremos por bien aprovechada una estupenda jornada. Jornada que además cierra nuestra aventura para conocer la Historia de nuestros búnkeres, aquel periplo que dio comienzo hace 8 capítulos para conocer de primera mano la realidad de la Organización Defensiva del Pirineo Navarro. Por supuesto que existen parajes de excepcional belleza que alojan en sus laderas y cumbres, que esconden en sus valles obras de fortificación incluidas en esta línea defensiva, tales como Belagua, Etxalar y el Collado de Lizarrieta, Urdax o Bera, pero éstos ya no reúnen las condiciones que nos habíamos marcado: que nuestros recorridos aunaran la belleza del entorno y su accesibilidad con obras defensivas significativas de acuerdo a su cometido, bien conservadas y que su interior pudiera ser inspeccionado y fácilmente localizables.

En suma, esperamos haber cumplido nuestro objetivo y dado satisfacción al lector/explorador y que nuestras reseñas hayan permitido recorrer de un modo fácil, cómodo y apetecible las 108 posiciones defensivas descritas en nuestra selección de itinerarios, de la mano del Regimiento América 66.

 

 

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