Maneras de vivir
Cinco microestreses que nos pesan
Hoja de ruta para frenarlos. Los psicólogos advierten de situaciones cotidianas que nos van cargando sin que seamos conscientes


Publicado el 24/10/2026 a las 05:00
Hoy no ha sido un mal día. Las cosas han funcionado relativamente bien y no ha habido que enfrentar grandes problemas pero, al llegar casa, sientes un agotamiento extremo. Detrás de ese cansancio puede estar el microestrés, un fenómeno diferente al estrés genérico que tiene categoría de epidemia en la sociedad actual. Para la psicóloga clínica María Martínez, "es como el polvo que se va acumulando y no lo ves venir. No eres consciente de que se va juntando... pero, cuando miras, ahí está".
Hay situaciones que generan un malestar constante, como tener a una persona tóxica en nuestro entorno. Si en ese caso lo recomendable es cortar cualquier lazo rápido, en los microestreses el primer paso es verlo, ser consciente de sus terribles efectos. "Ese malestar, esa carga mental" proviene de situaciones cotidianas que son un problema pequeño, nimio, insignificante, pero nos complican la existencia. Llama la atención la serenidad con que algunas personas pueden gestionar duelos y problemas de gran envergadura, dando y transmitiendo paz, y luego ‘petar’ cuando se les cruza, por enésima vez, la típica mosca cojonera.
¿Por qué saltamos? "Porque llevamos mucha carga. Y tenemos un aguante increíble. Pero no infinito. No somos conscientes de todo lo que llevamos encima, lo consideramos normal, y no lo es. Es la gota que colma el vaso, que tiene más que ver con el acumulado que con el hecho en sí", ejemplifica. Por eso es clave eliminar, en lo posible, tensiones gratuitas que no aportan nada. Vamos a buscar cinco ejemplos de estos microestreses que nos pesan en el día a día.
LAS PRISAS
Vamos siempre a la carrera. Dejamos lapsos de cinco minutos en la agenda que ni siquiera cubren nuestros desplazamientos. Queremos hacerlo todo y estar en todas partes como si tuviéramos el don de la ubicuidad. Eso genera frustración y malestar porque habitualmente llegamos tarde o es imposible cubrir todas las tareas que nos imponemos. Una visión más realista de nuestras posibilidades y del tiempo disponible ayuda a mitigar este asunto.
PEQUEÑOS GESTOS
La espera a un whatsapp urgente que paraliza nuestro día porque algo importante depende de esa réplica. Un mal gesto de un vecino cuando nos cruzamos en el ascensor. "Son situaciones que no quieres que pasen y que generan malestar", añade la psicóloga. La incapacidad para que cambien situaciones incómodas e injustas es, a juicio de la experta, uno de los principales estresores. La tensión que causa tener que evitar a gente tóxica de nuestro pasado que reaparece sin justificación alguna es fuente de infinitos problemas.
DUDAS Y AUTOCRÍTICA
¿Este cliente habrá queda satisfecho? ¿Habrá gustado mi trabajo si no me dicen nada? ¿Está en su punto realmente este plato que he cocinado? Y, por supuesto, otras preguntas más relevantes. ¿Estoy siendo buen padre? ¿Soy de esos presuntos amigos que desaparecen cuando vienen mal dadas? ¿Estoy a la altura de lo que necesita la gente a la que quiero? Tener autocrítica es bueno -aunque suele parecer que no tenerla es el verdadero chollo-, pero también hay que poner límites a la autoexigencia. "Ese diálogo interno va generando un polvillo que pone nuestro cuerpo en alerta", advierte.
EL AUTOCUIDADO
En esta línea, los tiempos actuales traen de serie nuevas responsabilidades. La alimentación y mantener nuestra salud se antoja cada día como una tarea más exigente. Ya no basta con ir al gimnasio todo lo que se pueda, también queremos saber cuánto azúcar y grasas tienen los alimentos que ingerimos y meditamos las mejores combinaciones de una dieta equilibrada. ¿Me estoy cuidando bien?, ¿duermo suficiente? Todo eso, además, requiere tiempo, ya sea comprar alimentos en diferentes lugares o acudir a un nutricionista. Más deberes para la agenda.
EL TRÁFICO
A los que nos encanta conducir nos cuesta más darnos cuenta de que el tráfico es también un motivo de estrés. El frenazo inesperado de quien va delante, la ‘pirula’ del que tiene mucha prisa y la misión imposible de aparcar en ciertos barrios populares. "El tráfico es, seguramente, el microestrés más evidente", admite la psicóloga clínica María Martínez.
¿CÓMO COMBATIRLOS?
Todos estos pequeños estados de alerta se van acumulando y van cayendo, como una fina nieve, sobre nuestra calma. Vale, los tenemos identificados y sabemos que son el problema. Ahora se trata de combatirlos y desactivarlos. ¿Cómo lo hacemos? "Cuando tu mente está centrada en algo que tú puedes hacer ahora mismo se relaja. Se estresa cuando es algo que no puedes cumplir. Aunque sea algo para esta misma tarde, es un peso extra", apunta la especialista, que se presenta como psicóloga kaizen porque ha aplicado esa metodología en su consulta.
Básicamente, la mejoría viene de "preguntarse qué micropaso podemos realmente completar en este mismo momento". Eso nos permite "descansar y que nuevas ideas entren en nuestra mente". Deberíamos pensar "qué puedo hacer ahora en este tiempo que tengo". Sin conjugar nada en futuro. "Si tengo la cabeza en algo que no puedo hacer ahora, mal", zanja".
Como referencia y termómetro para saber cómo estamos, la mejor pista es la respiración. "Si va rápido, necesitas parar. Si notas tensión en el estómago o la barriga apretada, los hombros subidos también denotan tensión". Ahí realizar unas respiraciones lentas pueden servir para templar los ánimos. Y luego centrarnos en el ‘ahora’ e ir quitando de nuestra vida esa capa de nieve, gris y molesta, que puede hacer difícil ver las cosas bonitas de la vida.