Salud
El peligro de ser "tu mejor versión" y la necesidad de validación externa
"Vivir con máscaras nos desconecta de lo que necesitamos y nos agota por dentro", explica la psicóloga Ana León


Publicado el 03/03/2026 a las 08:22
Hemos aprendido desde muy pronto que mostrarnos tal y como somos, de manera genuina, no siempre es seguro. En muchos casos, la autenticidad se sacrifica como estrategia de supervivencia en nuestro día a día, una elección que hacemos para evitar el rechazo. Desde pequeños aprendemos qué partes de nosotros son aceptadas y cuáles pueden generar rechazo o abandono.
“Sin darnos cuenta empezamos a exagerar o incluso a ocultar aspectos de nuestra personalidad para encajar en la sociedad. Nos vamos moldeando en función de las respuestas que encontramos en el entorno y esto, en muchos casos, nos impide vivir en armonía y tranquilidad”, explica la psicóloga general sanitaria Ana León (@analeonpsicologa), autora de Habita tu piel (Kitaeru), en una entrevista con Europa Press Salud Infosalus.
Sostiene que las máscaras con las que nos movemos en sociedad no son en sí mismas algo patológico, sino una respuesta aprendida, una “defensa” que nos protege. “El problema aparece cuando esas máscaras dejan de ser flexibles y se convierten en el personaje desde el que funcionamos en el mundo; cuando actuamos desde el miedo o desde lo que esperan los demás y empezamos a vivir desde ahí. Además, vivimos en una sociedad que nos pide ser auténticos, pero que luego nos penaliza si lo somos”, advierte.
POR QUÉ NECESITAMOS LA APROBACIÓN DE LOS DEMÁS
En este contexto, la experta explica que nuestro sistema nervioso está diseñado para buscar vínculo y pertenencia desde nuestros orígenes. “Quien no era aceptado podía morir por falta de protección. Hoy seguimos relacionándonos desde ese mismo miedo primitivo al rechazo”, remarca.
De hecho, señala que crecemos con la idea de que debemos agradar y rendir para ser queridos y aprobados, “una herida relacional que en la edad adulta se traduce en una búsqueda constante de aprobación”.
SER AUTÉNTICOS ES NUESTRO REFUGIO
Según insiste esta psicóloga sanitaria, vivir sin autenticidad “es vivir en incoherencia con nuestros valores, pensamientos y deseos, con lo que consideramos importante”. Esa incoherencia cotidiana, a largo plazo, “pasa factura”, porque lo que hacemos y lo que pensamos no están alineados. El cuerpo permanece en tensión y lo vive como una amenaza. “No debemos buscar ser nuestra mejor versión; al final se trata de estar en paz en tu propia piel”, afirma.
Cuando estamos en alerta constante, vivimos midiéndonos continuamente. Tras esa sensación profunda de no estar en el lugar correcto o de agotamiento emocional, es necesario revisar nuestra escala de prioridades para recuperar la alineación interna. “Esto también regulará nuestro sistema nervioso y estaremos más tranquilos”, asevera.
A la hora de ser más auténticos en el día a día, influye el modelo ecosistémico, “fundamental” porque no somos solo decisiones individuales. Intervienen nuestra historia de apego, los mensajes recibidos en la infancia, el contexto cultural, las normas sociales, el momento vital y el estado de nuestro sistema nervioso. También pesa el riesgo a decepcionar y el miedo a perder vínculos, de ahí la dificultad para dejar de encajar. “El miedo no aparece porque algo vaya mal, sino porque algo me está pidiendo un cambio”, subraya.
CONSEJOS PARA SER MÁS AUTÉNTICOS
Por último, la psicóloga destaca que lo más importante es no exigirnos ser auténticos todo el tiempo, ya que eso genera una presión innecesaria. “Estamos influidos por el entorno, no hay que olvidarlo”.
Asegura que “la autenticidad se entrena con pequeñas cosas cotidianas”: escuchar el cuerpo, tomar conciencia, parar cuando sentimos que perdemos energía o que estamos traicionando nuestros valores por agradar a los demás.
También propone cuestionar el “deber”, esas normas que nos hemos autoimpuesto o que nos han impuesto desde fuera, y reconectar con el deseo: preguntarnos “¿por qué lo hago?” o “¿qué quiero realmente?”, cuestiones que, según reconoce, rara vez nos planteamos.
Asimismo, anima a replantear dónde ponemos el foco de nuestra responsabilidad, evitando cargar con lo que no nos corresponde, y a tratarnos con compasión. “No puedo llegar a la autenticidad desde la autoexigencia permanente”, advierte.
En definitiva, para Ana León, la autenticidad implica una regulación más flexible. De este modo, también se regula el sistema nervioso y se disipa la sensación de estar siempre actuando para complacer a los demás, lo que mejora los vínculos.
“Si empiezas a mostrarte como eres en realidad, tendrás relaciones más honestas, se reducirá ese sentimiento de soledad que a veces aparece incluso estando acompañada y fortalecerás tu autenticidad. Es una forma de prevenir problemas de salud mental, porque vivir en incoherencia interna genera un gran malestar psicológico. Se trata de no abandonarte. Igual que sabemos cuidar a los demás, debemos poner el foco en nosotros y en nuestro autocuidado”, concluye.