¿Es tan mala la carne roja para nuestra salud?
Un estudio revela que la respuesta varía en función de quién financie la investigación


Publicado el 14/06/2025 a las 05:00
Pocos alimentos generan tanta controversia en el ámbito de la salud en general y de la nutrición en particular como la carne roja. Defensores y detractores llevan años enfrentándose sobre los supuestos perjuicios que supone un consumo excesivo de ternera, cerdo o cordero para nuestro organismo. ¿Realmente es tan mala para el corazón? ¿Tenemos que eliminarla de nuestra dieta por completo? Pues ni lo uno ni lo otro. Un estudio publicado recientemente en la revista American Journal of Clinical Nutrition llegó a una conclusión "preocupante".
Según recoge la investigación, liderada por el español Miguel López Moreno, la respuesta a estas preguntas depende básicamente de quién pague los estudios. Los financiados por empresas vinculadas con la industria cárnica son mucho más favorables al consumo de este alimento que los realizados por investigadores independientes. En otras palabras, la carne de ternera o cerdo parece mucho más sana en los estudios de parte.
Lo cierto es que las conclusiones de este estudio no nos sorprenden demasiado, incluso casi podríamos calificarlas de obvias, pero es un muy buen ejemplo de cómo las investigaciones ‘interesadas’ pueden influir en la percepción que los consumidores tenemos de un determinado alimento tanto para bien como para mal. Recuerdan, por ejemplo, algunos estudios financiados por la industria del alcohol en los que se sugería que un consumo moderado podría formar parte de una dieta sana.
Colesterol y tensión
Y esto fue lo que animó a Miguel López Moreno, investigador de la Universidad Francisco de Vitoria, a averiguar si ocurría lo mismo con un alimento tan controvertido como la carne roja no procesada. El científico español y su equiopo compararon un total de 44 ensayos clínicos publicados entre 1980 y 2023 en los que se analizaba si el consumo de este alimento aumentaba las posibilidades de los participantes de desarrollar enfermedades cardiovasculares. La mitad de los estudios se realizaron en Estados Unidos y 29 recibieron dinero de empresas relacionadas con la industria de la carne roja. Pues bien, una vez analizados todas las investigaciones, el equipo de Moreno descubrió que los ensayos financiados por las empresas con intereses en el sector tenían "casi cuatro veces más posibilidades de reportar resultados cardiovasculares favorables o neutros frente a los estudios independientes".
Un ejemplo. Según las investigaciones de parte, las personas alimentadas con carne roja durante los ensayos obtuvieron unos niveles de colesterol, presión arterial y trigliceridos calificados como favorables en el 21% de los casos y neutros en el 79% restante. Sin embargo, los estudios financiado con dinero público, reportaron resultados cardiovasculares peores en el 73% de los casos y neutros en el 27%.
"Poco fiables"
"¿Significa esto que los estudios financiados por la industria son de peor calidad?", se pregunta el autor de la publicación. No necesariamente. "La calidad de un estudio depende de su diseño, no solo de su financiación. Lo interesante es analizar el comparador dietético utilizado en cada caso. Por ejemplo, en las investigaciones financiadas por la industria, la carne roja se comparó princioalmente con otras proteínas animales (62%) y con hidratos de carbono refinados (24%), mientras que en los estidios independientes, la comparación se realizó con proteínas vegetales (60%) y con otras proteína animales. Y esto lo cambia todo", argumenta Miguel López Moreno.
Según explica el investigador de la Universidad Francisco de Vitoria, en nutrición, el efecto observado depende de qué se retira y qué se añade. Por eso, preguntar si la carne roja es buena o mala sin especificar ¿comparada con qué? no tiene sentido". Para López Moreno, estas investigaciones donde se mezclan churras con merinas tienen el problema de que "generan estimaciones poco fiables" pueden "favorecer la confusión y obstaculizar políticas públicas que promuevan dietas más saludables y sostenibles como el reemplazo de carne roja por proteínas vegetales".
Las mejores alternativas a la proteína animal
Se puede tomar la proteína suficiente sin comer carne ni pescado, pero es verdad que las alternativas exigen hacer unas determinadas combinaciones porque la proteína de origen vegetal no hace el mismo efecto en nuestro organismo que la animal. Esta última tiene, por lo general, una mayor digestibilidad y su contenido y proporción de aminoácidos esenciales suele ser mayor. Las legumbres, por ejemplo, son una buena opción, pero se deben tomar siempre con cereales y semillas. La quinoa sería de los cereales más completos, pero también son fuente de proteína el arroz, el trigo sarraceno, la avena..., mientras que los frutos secos (nueces, almendras, avellanas...) mejor triturados o muy masticados.