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Turismo rural Navarra

Las Abaurreas, esencia del Pirineo

Perdemos nuestros pasos por senderos, panorámicas, cuevas y leyendas entre Abaurrepea/Abaurrea Baja y Abaurregaina/Abaurrea Alta, dos pueblos con un origen común protegidos por la esbelta silueta de los Pirineos.

Vídeo Abaurreas
Vídeo Abaurreas
Abaurrea Alta y Abaurrea Baja, esencia del Pirineo.
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Vídeo Abaurreas
  • Conocer Navarra
Actualizada 15/01/2021 a las 09:26

(Reportaje publicado en la revista Conocer Navarra nº47 con fecha junio de 2017. Textos de JULIO ASUNCIÓN y fotografías de IÑAKI TEJERINA)

 

Las Abaurreas son dos de los nueve municipios que forman el valle de Aezkoa. Sus nombres oficiales son Abaurrepea/Abaurrea Baja y Abaurregaina/Abaurrea Alta. Muchos de los que visitan el Pirineo navarro pasan fugazmente por los pueblos de este valle de camino a la Selva de Irati. Las Abaurreas se encuentran algo alejadas de ese camino que, desde Aribe, lleva al gran hayedo–abetal, uno de los máximos atractivos turísticos de Navarra. Por este motivo, las dos localidades resultan casi desconocidas. Pero estos pequeños pueblos guardan muchos atractivos para quien se acerque hasta ellos.

En las Abaurreas nos esperan el pueblo más alto de Navarra, leyendas y cuevas de brujas, un museo donde la piedra quiere reflejar el paso al más allá, miradores de panorámicas impresionantes, rutas senderistas entre hayedos, pinares y robles que no tienen que envidiar a las caminatas de la Selva de Irati e iglesias antiguas llenas de encanto. Todo esto en un lugar de espíritu humilde, que no ha olvidado su condición rural y donde el frío y las nieves son unos vecinos más que no olvidan visitar sus calles y caminos todos los inviernos. Las Abaurreas son la esencia del Pirineo navarro. Vayamos a ver qué nos cuentan sus iglesias y ermitas, sus montes y sus gentes.

 

ATRAVESANDO EL VALLE DE AEZKOA

Las Abaurreas se encuentran a 70 kilómetros de Pamplona. Aunque no parece una distancia excesiva, lo cierto es que tardaremos casi hora y cuarto en llegar desde Pamplona, ya que tendremos que superar un buen número de curvas para alcanzar este rincón del valle de Aezkoa. Sin duda merece la pena el esfuerzo, vamos a descubrir uno de los lugares más desconocidos y sorprendentes de nuestra montaña.

Antes de alcanzar nuestro destino, paramos en Aribe y tomamos un respiro para recordar que de esta localidad es la mujer más anciana de Navarra. Junto al río Irati, en la cueva de Aizpea, apareció el esqueleto de una mujer enterrada hace más de 7.500 años. Es el fósil humano completo más antiguo de la Comunidad foral. Irati, así llamaremos a la mujer de Aizpea, descansa hoy en las vitrinas de la sección de Prehistoria del Museo de Navarra. Tras dejar atrás el recuerdo de este hallazgo arqueológico, continuamos por la NA–140 superando el pueblo de Garaioa. Cinco kilómetros más adelante llegamos a Abaurrea Baja.

 

ABAURREA BAJA, UNA ANCIANA MADRE

Abaurrea Baja es la madre. Abaurrea Alta, la hija. De la primera nació la segunda y con el paso del tiempo, como pasa también con las personas, la hija fue superando en vigor a su madre. Hoy Abaurrea Alta, con sus 127 habitantes, casi cuadruplica la población de Abaurrea Baja (35 en 2016). Ya desde antiguo, el espacio que hoy ocupa Abaurrea Alta fue recogiendo los excedentes de población de la localidad originaria, donde las tierras eran más pobres en pastos y en superficie agrícola aprovechable. Cuando se vive de la tierra, la tierra manda, y en este caso decidió dividir a los vecinos, que fueron construyendo bordas y cabañas para aprovechar mejor los prados del altozano. En 1237, el rey Teobaldo I decidió crear la población de Castillonuevo (la actual Abaurrea Alta). Una de las principales razones, acabar con los pleitos entre los abaurreanos y sus vecinos del valle de Salazar que también deseaban esas tierras. Durante un par de siglos se consideraron las dos Abaurreas el mismo pueblo. Es en el Libro de Fuegos de la Merindad de Sangüesa, fechado en 1427, cuando ya se diferencian. Allí aparecen como Abaurrea de Suso (o de arriba) e de Yuso (o de abajo). Aun así todavía formarían un solo concejo hasta que, en 1845, Abaurrea Alta creó su propio ayuntamiento.

Abaurrea Baja posee el monumento más antiguo y valioso de ambas localidades: la iglesia de San Martín de Tours. Es un templo gótico del siglo XIV que conserva bien sus trazas medievales. Muy poca escultura adorna el exterior de la iglesia, solo los capiteles con motivos vegetales de su portada, que se embellece con cuatro arquivoltas. La torre apenas sobresale sobre el cuerpo de la iglesia. Es como si la humildad del pueblo se trasladara también a su torre campanario. Como si la misma iglesia quisiera no destacar demasiado.
En su interior nos espera una hermosa y amplia nave con bóvedas de crucería. La cabecera poligonal enmarca el presbiterio, al que se accede a través de una reja gótica del siglo XVI. Destacan también el púlpito, la sillería y un facistol barroco del siglo XVIII. Muy interesante es la balaustrada en piedra del coro con dos escudos. Uno tiene especial importancia, porque probablemente es una de las representaciones más antiguas del escudo de Navarra. El otro es el escudo del valle de Aezkoa, un roble atravesado en su base por un jabalí. Este escudo lo utilizan como propio todos los municipios del valle. El jabalí representa el valor en el combate. Esto nos recuerda que soldados aezkoanos formaron parte de la guardia de Sancho el Fuerte. El roble del escudo simboliza la tradición y la fortaleza.

En la iglesia falta mucho por hacer y restaurar. El templo es el reflejo del pueblo, se respira un aroma de romántica decadencia. Es ese ambiente de lugar antiguo y tranquilo que poco a poco se va apagando, según va quedando despoblado. En 1950 vivían en Abaurrea Baja 150 personas. En menos de 70 años ha perdido casi el 75 por ciento de su población hasta convertirse en el municipio menos poblado de Aezkoa. Podría imaginarse que Abaurrea Baja es como esa madre ya anciana que se sienta al fresco dejando pasar el tiempo frente a la casa familiar, recordando otros tiempos.

Un pasado, el de las Abaurreas, que no fue sencillo. El duro clima y la pobreza del terreno hicieron que aquí solo se diera una agricultura de subsistencia. Tal era la escasez de tierras de calidad cultivables que los campos daban trigo para fabricar pan solo para medio año teniendo que traer de otros lugares el grano restante a cambio del dinero obtenido de la venta de cabezas de ganado. La ganadería siempre ha sido una de las fuentes económicas principales de las Abaurreas y del valle de Aezkoa. Principalmente vacuno de raza pirenaica, que proporciona carne de la mejor calidad. En las últimas décadas, la siembra de patata para semilla se ha convertido en otra de las actividades principales. También la explotación maderera contribuye al sostenimiento de los ayuntamientos. Aun así, la sangría de jóvenes que prefieren los atractivos de la ciudad no para. Abaurrea Baja, la madre anciana, no olvida a los que se fueron.

Antes de abandonar esta localidad, podemos conocer parte de su patrimonio natural en una propuesta muy sencilla e interesante siguiendo la pista del sendero local SL NA–50B que, desde las cercanías de la iglesia de San Martín de Tours, nos lleva a la cueva de Asketaldea. Al finalizar este artículo se describe la propuesta de forma pormenorizada.
Tras visitar la cueva de Asketaldea emprendemos camino hacia Abaurrea Alta. A la salida del pueblo nos encontramos con otro de los monumentos de Abaurrepea: un bonito crucero renacentista. ¿A cuántos abaurreanos ha visto esta antigua cruz marchar hacia el nuevo pueblo, hacia el caserío que parece querer buscar las alturas del valle? Más de uno se persignaría ante el crucero pidiendo un futuro mejor. Sigamos los pasos de aquellos que hace siglos se trasladaron, desde el lugar en que nos encontramos a Abaurregaina o Abaurrea Alta. Allí nos espera el ‘Balcón de los Pirineos’.

 

ABAURREA ALTA, BALCÓN DE LOS PIRINEOS

Si hay un pueblo en Navarra donde el cielo parece tocarse, donde las estrellas quedan más cerca, ese es Abaurrea Alta/Abaurregaina. Se encuentra a 1.039 metros de altitud y es la única localidad de Navarra que supera los 1.000 metros de altura. Llegaremos en cinco minutos desde ‘La Baja’. La carretera gana altura rápidamente, salvando en algo más de tres kilómetros los casi 200 metros de desnivel que separan los dos núcleos.

Antes de llegar al pueblo tenemos que hacer una obligada parada en el mirador de Abaurrea Baja. Se encuentra junto a la carretera. Desde él obtendremos una estupenda panorámica del valle de Aezkoa.

Una mesa interpretativa nos ilustra sobre los hitos que vemos desde aquí. A nuestros pies, haciendo de nuevo gala de su humildad ante la amplitud del paisaje, apenas asoma el caserío de Abaurrea Baja. A lo lejos también se puede ver Aria, que junto con Villanueva de Aezkoa es el pueblo que conserva más hórreos de Navarra. También destacan las paredes rocosas de Berrendi. Sobre el río Irati se levanta el monte Pettuberro, en cuya cima se dice que se reunían las brujas de Aezkoa en akelarre. Y, a lo lejos, el monte Or­tzanzurieta que, con sus 1.566 m, es el más alto que se puede ver desde aquí.

Tras despedirnos definitivamente de Abaurrea Baja, llegamos a nuestro destino. Hemos salido del fondo del valle y ahora tenemos horizontes más amplios. Abaurrea Baja está rodeada de montes que, de alguna manera, la encajonan. En cambio Abaurrea Alta, aunque dispone su caserío a las faldas de la Peña de San Miguel, se orienta hacia los extensos prados que se abren hacia el sur y el sureste del pueblo.

Siguiendo la comparación de la madre y la hija, parece esa chica que ha querido independizarse para ver mundo con esa curiosidad inagotable propia de la juventud. Una curiosidad que se ve premiada con la belleza. Y es que la panorámica que disfrutaremos desde el mirador de Abaurreagaina dejará una impronta indeleble en nuestras retinas. El mirador se encuentra a la salida del pueblo en dirección al valle de Salazar. Lo mismo que en el que hemos visitado en Abaurrea Baja, aquí también encontramos una mesa interpretativa que nos informa de lo que estamos viendo. Ante nosotros se dibuja una de las vistas más hermosas del Pirineo navarro y de parte del Pirineo aragonés. Cerca, enmarcando la imagen, los prados que son tan hermosos con el verde intenso de la primavera como con el gran manto blanco con el que la nieve los cubre en invierno. La sierra de Abodi, que limita por el sur a la selva de Irati, no puede llegar a ocultar al padre Ori: el primer dos mil del Pirineo. Y al fondo, en nutrido grupo que parece pelearse por salir mejor en la foto, aparecen los gigantes. El Anie, francés, con sus 2.507 m compite en importancia con La Mesa de los Tres Reyes, que a sus 2.446 m suma el galardón de ser la cima más alta de Navarra.

Los maños también acuden a la cita: Rincón de Alano (2.352 m), Peñaforca (2.390 m) y Acherito (2.378 m) entre otros, nos recuerdan la belleza del Pirineo aragonés. Y a la derecha asoma el Bisaurín (2.670 m) el pico más alto que se ve desde aquí y que asoma junto al navarro Ezkaurre (2.047 m). Hasta 21 picos que superan los 2.000 metros. Ante la belleza de esta panorámica, uno quiere pensar que Abaurrea Alta no se creo solo para aprovechar los mejores pastos de la zona. Quizás un pastor–poeta enamorado de estas vistas allá en la Edad Media decidió quedarse a vivir aquí, aguantando fríos y vientos pero alimentando su espíritu con la hermosura del paisaje. Quizás pensó algo parecido a los versos del gran pastor–poeta Miguel Hernández:

 

“Lo que haya de venir, aquí lo espero
cultivando el romero y la pobreza.
Aquí de nuevo empieza
el orden, se reanuda
el reposo, por yerros alterado,
mi vida humilde, y por humilde, muda.
Y Dios dirá, que está siempre callado”.

 

Puede que también nosotros queramos quedarnos aquí, hechizados con las vistas del erizado Pirineo. Nos consuela pensar que más adelante, desde las alturas de la Peña San Miguel, volveremos a disfrutar de más panorámicas. Con razón a Abaurrea Alta se la llama El Balcón de los Pirineos. Y es que desde Abaurregaina se tienen algunas de las mejores panorámicas de la gran cordillera y del valle de Aezkoa.

 

LA IGLESIA DE SAN PEDRO Y EL MUSEO DE LAS ESTELAS

Volvemos al caserío para acercarnos a la iglesia parroquial, la iglesia de San Pedro. El templo no es muy grande, pero tiene una robusta traza de muros de sillar. Parece tener su origen en el siglo XIV, como la iglesia de San Martín de Abaurrea Baja, pero fue muy reformada en siglos posteriores, sobre todo en el XVI. La portada gótica de tres arquivoltas está coronada con las llaves de San Pedro en alusión a la advocación del templo. La portada está precedida por un pórtico que, entre otras funciones, protege del frío, viento y lluvia a los feligreses. No es de extrañar en uno de los lugares más fríos de Navarra, donde se han llegado a alcanzar los 22 grados bajo cero. Y si no que se lo digan a las hermanas Graciana y Jerónima de Enecoiz, que en 1768 tuvieron un pleito con el vicario de las parroquiales de las Abaurreas por “acudir a misa sin el atuendo tradicional de las mujeres casadas, que es, además de la cofia, un velo blanco en la cabeza cubriéndoles la cara, y cuando tienen luto, otro velo negro sobre el blanco”. Graciana y Jerónima se defendieron diciendo que “aquella tierra era de grandes fríos y que no tenían tiempo para ponerse la toca cuando van del campo a la iglesia”.

Para visitar el interior de la iglesia tendremos que acudir en domingo, cuando se abre para la misa. Así podremos ver sus bóvedas de complicada nervadura propias del gótico tardío. El templo tiene planta de cruz latina y cabecera pentagonal. En el interior también hay que destacar el coro, fechado por una inscripción en 1587. La pila bautismal también es interesante. Puede que sea el elemento más antiguo de la iglesia, ya que por su tipología podría ser románica.

La iglesia de San Pedro nos guarda una sorpresa. En su lado norte, donde estuvo el antiguo cementerio del pueblo, hoy encontramos el Museo de Estelas, un ejemplo de recuperación del patrimonio. El cementerio guardaba un pequeño tesoro: decenas de estelas discoideas, una de las mejores colecciones de Navarra. Varias de ellas son medievales, de los tiempos de los primeros habitantes de Abaurregaina. Las estelas funerarias eran un homenaje en piedra a los muertos. De origen celta y aun anterior, fueron posteriormente cristianizadas y adoptadas en Navarra y País Vasco antes de que se generalizara el uso de la cruz en las tumbas. Esta tradición sigue vigente todavía y muchas veces se eligen estelas de factura moderna para señalar las sepulturas en muchos cementerios navarros.

La mayoría de las estelas de Abaurrea Alta habían quedado enterradas debido al abandono y al paso del tiempo. Gracias a haber sido rescatadas del olvido, el visitante puede asombrarse del simbolismo representado en estos monumentos funerarios de gran riqueza decorativa. Amplio es el catálogo de motivos: personajes humanos, instrumentos de labor que recuerdan el oficio del fallecido, motivos vegetales, el sol, la luna, estrellas, cruces de diferente tipología, pájaros, anagramas, motivos geométricos, etc. Las estelas recuerdan al antepasado fallecido y nos hablan también de la creencia en el más allá.

A todo esto hay que sumar el acierto en la exposición. Iremos encontrando las estelas mientras hacemos un recorrido alegórico que lleva del nacimiento a la muerte. Un recorrido laberíntico que recuerda las complicaciones y los retos a los que hay que enfrentarse en la vida. El recorrido acaba en una pasarela. Es el lugar más alto del jardín de estelas y representa el cielo. Desde este lugar podemos ver el laberinto que hemos recorrido. El alma desde el cielo observa su obra en la Tierra. Y desde aquí también tenemos una estupenda panorámica de los Pirineos. No podemos menos que pensar que merece ganarse el cielo. Toda una enseñanza.

 

LA PEÑA DE SAN MIGUEL, LA ERMITA Y LA CUEVA DE MAULETXE

La Peña de San Miguel, que se pega a las casas de Abaurrea Alta como si quisiera quitarse el frío al contacto con la gente, es nuestro siguiente punto de interés. Allí nos espera las ermita de San Miguel, hoy unas sugerentes ruinas, y la cueva de Mauletxe donde recordaremos una de las leyendas de brujas que se cuentan en el valle.

La ermita de San Miguel es la iglesia más antigua del lugar. Está a media ladera del monte San Miguel. La ermita data del siglo XIII y hoy solo quedan ruinas de ella. En su interior conserva un arco milagrosamente completo. El arco en complicado equilibrio y la vegetación que poco a poco va cubriendo los muros dan ese aire melancólico que poseen las ruinas de lugares retirados y que tan bien plasmaron en sus obras los pintores del Romanticismo.

Cerca de la cima del monte se encuentra la cueva de Mauletxe donde se dice que habitó una bruja. Es el valle de Aezkoa rico en leyendas de brujas. El monte Pettuberro, el crucero de Garaioa o la desaparecida ermita de Santa Engracia en Abaurrea Baja son algunos de los lugares relacionados con las sorgiñak y sus akelarres.

Se dice que en la cueva de Mauletxe vivió una bruja de malas pulgas pero de buen corazón. No se le conocía que hubiera traído la desgracia a nadie, pero su mal genio mantenía a la gente del pueblo a distancia. Experta en preparar ungüentos curativos con las hierbas del monte, temía que sus saberes se perdieran cuando le llegara su hora. Por esto, y por la soledad apenas confesada que en el fondo sentía, adoptó como propia a una niña. La niña poco a poco se fue haciendo mayor, retirada del mundo y con la sola compañía de la bruja. La bruja no dejaba de advertirle de la maldad de los demás humanos y de que se mantuviera alejada de ellos. Pero un día la joven, que hacía cada vez gala de mayor belleza, mientras buscaba en el monte hierbas para las pócimas se encontró con un apuesto mozo del pueblo. En seguida surgió el chispazo del amor. Se veían a escondidas, a espaldas de la bruja. Esta sospechó del asunto ante la alegría que demostraba su hija. Confirmaron las sospechas el brillo que vio en los ojos de la joven, que la bruja reconoció como propio de quien se ha enamorado. Una vez descubierta la relación, la bruja prohibió a su hija que volviera a ver al abaurreano.

Pero nadie, ni siquiera la bruja de Mauletxe, puede contra el amor. Una noche los jóvenes decidieron fugarse. La bruja se despertó al notar que su hija no estaba durmiendo a su lado en la cueva como todas las noches. Alarmada, salió de la cavidad y subió a lo más alto de la peña para intentar localizarla. Desde allí vio cómo los dos jóvenes huían, ya lejos de su alcance. Presa de la ira y la desesperación se precipitó al vacío. Todavía se dice que el espíritu de la bruja ronda por la cueva a la espera de que vuelva su hija.

La cueva de Mauletxe y la ermita de San Miguel son un ejemplo del contraste entre lo pagano y lo cristiano. San Miguel fue el arcángel que venció a las fuerzas del mal. Por eso muchas ermitas dedicadas a San Miguel se encuentran en lugares donde existieron cultos paganos. En la Peña de San Miguel podemos recordar todo esto mientras visitamos la cueva, la ermita y al mismo tiempo disfrutamos de las extensas panorámicas que tendremos desde la cima, ubicada a 1.134 metros de altura, y el lugar donde la leyenda dice que se tiró la bruja. Para ello nada mejor que seguir la ruta que recorre el monte San Miguel y que se detalla en la ruta número 2 con la que se da cierre a este reportaje.

La cima de la Peña de San Miguel es un excelente lugar para ver atardecer. Se va el día y finalizamos la jornada. Hemos conocido las Abaurreas y caminado unos cuantos kilómetros por dos rutas de senderismo que nos han mostrado parte de la naturaleza de la zona. No hay tiempo para más.

Pero quedan muchas historias en el tintero. No hemos hablado de la cueva de Zatoya, lugar que habitaron algunos de los últimos cazadores prehistóricos del Pirineo. Tampoco de los destrozos que hicieron las tropas francesas en las Abaurreas en la Guerra de la Convención. Ni de cómo el general carlista Zumalacárregui quedó atrapado por la nieve en estas tierras, ni del tiroteo que se produjo en 1944 en Abaurrea Alta entre los maquis y la Guardia Civil. En otra ocasión recordaremos cómo el contrabando era una actividad frecuente en estos montes. Por eso tendremos que volver a las Abaurreas. ¿Qué mejor que contar estas historias una tarde de invierno junto a la chimenea de una casa rural al tiempo que vemos nevar a través de las ventanas?

 

ruta 1 SENDERO A LA CUEVA DE ASKETALDEA Y AL MENHIR DE IRURIGIETA

Esta ruta sigue el sendero local descrito como SL NA–50B, por lo que es fácil de seguir aun sin gps. Se incluye un desvío en busca de un espectacular menhir, ubicado en los altos de la sierra de Areta. Además, visitamos la cueva de Asketaldea, de recorrido sencillo pero a la que hay que acceder con linterna. También se pasa por un bosque de viejas hayas que completa esta interesante ruta. Junto al kilometraje de la ruta se especifican las coordenadas gps de cada hito y desvío.

 

  • Km 0,00 (30T x=645450 y=4752507) A la entrada del pueblo, muy cerca de la iglesia, empieza el sendero local, cuyo inicio está señalado por un poste indicativo.
  • Siguiendo las marcas verdes y blancas empezamos a andar atravesando prados, al mismo tiempo que se va ganando altura. La vereda se interna en el bosque.
  • Km 1,45 (30T x=644459 y=4751795) El sendero local se bifurca. A la izquierda se va a la escondida cueva de Asketaldea.
  • Km 2,17 (30T x=644168 y=4751338) Llegamos a la cueva de Asketaldea. Es una cueva de fácil recorrido donde no necesitamos cuerdas ni ningún material de espeleología específico. Pero siempre hay que tomar unas mínimas precauciones, como no internarse solo, llevar calzado adecuado y avisar a algún conocido de nuestra intención de visitar la cavidad. Parte de la cueva está en completa oscuridad por lo que hay que llevar un par de linternas, una para iluminar y otra como repuesto de seguridad por si se estropea la primera. Tras acceder por una rampa descendente, la gruta se nivela. En algunos puntos el techo llega casi a los 10 metros de altura. Las formaciones más interesantes se encuentran en una pequeña sala de más difícil acceso que se encuentra en el mismo fondo de la cueva. No hace falta decir que hay que respetar este espacio natural y sus formaciones y que no debemos dejar huella alguna de nuestra visita.
  • Tras emerger del interior de la tierra y haber sentido el misterio que emana de la cueva, volvemos a seguir el sendero con su marcas verdes y blancas.
  • Km 2,63 (30T x=644066 y=4751400) Si queremos visitar el menhir de Irurigieta hay que salirse del sendero marcado por la izquierda 450 metros más adelante.
  • Km 3,22 (30T x=643766 y=4750949) Saldremos del bosque a una zona de prados de altura. Aquí hay que coger una pista perfectamente marcada que, en dirección noroeste, lleva al menhir.
  • Km 4,80 (30T x=642633 y=4751831) A 1,5 kilómetros del anterior desvío, la pista de tierra da un giro de noventa grados a la derecha. Cerca de esta curva, a 60 metros a la izquierda de la pista de tierra, está el menhir. Lo encontramos tumbado en el suelo. Su tono rojizo y sus más de 4 metros de longitud lo hacen fácilmente localizable. Incluso es visible en Google maps. Parece un gran hacha de piedra prehistórica dejada caer por un gigante en el prado donde se encuentra. A 150 metros al sur del menhir hay un cromlech, que todavía conserva varias de sus piedras en círculo. (30T x=642606 y=4751686)
  • Tras tomar un descanso en este prado, que fue sagrado en la antigüedad, toca volver a retomar el sendero local. Para ello desandamos la pista que nos trajo hasta el menhir.
  • Km 7,46 (30T x=644066 y=4751400) Llegamos de nuevo al SL NA-50B en el punto en que lo dejamos.
  • Km 7,80 (30T x=644185 y=4751696) La pista desciende a través del bosque, hasta que este, de repente, se ve poblado por hayas centenarias de extrañas y tortuosas formas que parecen almas en pena convertidas en árboles por un extraño designio. Llama la atención un haya con una oquedad que recuerda una boca abierta en horrible lamento.
  • Km 8,40 (30T x=644422 y=4751861) Dejamos atrás el hayedo.
  • Km 9,97 (30T x=645450 y=4752507) Solo queda seguir el sendero local hasta Abaurrea Baja. Hay que llegar al pueblo antes de que anochezca. Quién sabe qué espíritus de la noche pueden confundir al caminante en una zona tan sugerente donde encontramos una oscura cueva, un prado que fue sagrado en la Prehistoria y un bosque misterioso.

 

ruta 2 SENDERO DE LA PEÑA DE SAN MIGUEL

Pocas veces un recorrido tan corto tiene tantos puntos de interés: una ermita en ruinas que conserva buena parte de su belleza, una cueva donde se dice que vivió una bruja, rocas perforadas de manera sorprendente y panorámicas excelentes del valle de Aezkoa y de los Pirineos. Y para ello únicamente tendremos que superar 80 metros de desnivel. Esta escasa dificultad hace que el recorrido resulte muy adecuado para familias con niños. Más teniendo en centa la buena señalización y la poca distancia de la ruta, de solo 1,5 km.

 

  • Km 0,00 (30T x=646133 y=4751694) En esta ruta se sigue el sendero local SL-NA 51B marcado con señales blancas y verdes. Saliendo de la plaza, nos acercamos a la parte alta del pueblo. Allí comienza el sendero.
  • Km 0,34 (30T x=646319 y=4751791) Solo cinco minutos de ascenso serán necesarios para llegar hasta la ermita de San Miguel, que da nombre al monte. Desde la ermita empezamos a disfrutar del horizonte de montañas del Pirineo hacia el este. Junto a los ancianos muros del hoy abandonado templo, una estela moderna recuerda a un paisano que, aun viviendo en Pamplona, quiso que sus cenizas reposaran en este lugar, en el pueblo en que nació.
  • Desde la ermita tenemos dos alternativas para ascender a lo alto del monte. Elegimos la que nace a los pies de la iglesia y que comienza en dirección noroeste.
  • Km 0,58 (30T x=646220 y=4751943) Entre bojes el sendero lleva a la cueva de Mauletxe. Si no eres aprensivo y no temes al espíritu de la bruja que se dice que todavía anda por aquí, te aconsejamos que te internes en la gruta. La cueva se puede explorar sin dificultad, tomando las mismas precauciones que ya se expusieron en la ruta de la cueva de Asketaldea. También aquí tenemos que usar linterna para las partes más profundas. Seguramente no des con el fantasma de la bruja, pero sí con una experiencia curiosa e interesante.
  • Km 0,66 (30T x=646168 y=4751973) Queda acceder a lo más alto del monte. Justo en la cima llama la atención el agujero en la roca, fruto seguramente de la erosión o que quizás hizo la bruja que se despeñó desde aquí con algún hechizo. Cuando vi que el gps marcaba 666 metros de distancia desde el origen de la ruta, un escalofrío recorrió mi espalda. Haremos acopio de valor para disfrutar de las mejores panorámicas del valle de Aezkoa.
  • Km 1,10 (30T x=646350 y=4751961) En la vuelta, al pasar de nuevo junto a la cueva, cogemos la otra alternativa posible y vamos bajando hacia el pueblo. En el camino pasaremos por un claro donde nos encontraremos con otra gran panorámica de los Pirineos.
  • Km 1,10 (30T x=646289 y=4751795) Poco más adelante, pasamos de nuevo junto a la ermita de San Miguel.
  • Km 1,53 (30T x=645450 y=4752507) Tomamos de nuevo el camino que nos trajo en el inicio de la ruta a la ermita y, enseguida, llegamos al pueblo.
  • Poca distancia y mucho que ver. ¿Qué mejor excusa para calzarse las botas y visitar este pueblo acostumbrado a lidiar con el frío y las nieves por coquetear con las alturas?

 

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