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Turismo Navarra

Urroz Villa, el pueblo mercado

Enclavado en las fronteras del reino y colmado de privilegios reales, Urroz fue durante muchos siglos un importante epicentro comercial de ganado. Su enorme plaza del Ferial, su estructura y sus caminos dan fe de ese histórico trasiego de compra y venta de animales.

Vídeo Urroz Villa
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Desubrimos el patrimonio y la historia de Urroz Villa.
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Vídeo Urroz Villa
  • Conocer Navarra
Actualizada 06/11/2020 a las 12:33

(Reportaje publicado en la revista Conocer Navarra nº 32 con fecha septiembre de 2013. Texto de ASUN EGURZA y fotografías de SANTIAGO BAÑÓN).

 

Fue otrora la meca de las ferias ganaderas y la cuna de los escanciadores de la Corte Real. Fue merecedor de privilegios y también Buena Villa. Sin duda, la realeza del medievo se congració con Urroz, y la historia le marcó como “el pueblo mercado”.

Ocho siglos después, su plaza del Ferial sigue siendo el epicentro que consagra su estructura y el emblema de esta villa prepirenaica de poco más de 400 habitantes.

Quizá fue su ubicación en el corredor Pamplona–Aoiz–Lumbier, en plena Cañada Real. Quizá su tradición agrícola y ganadera. Lo cierto es que hasta que la modernización llegó al campo y al transporte, Urroz–Villa era uno de los máximos exponentes para la compra y venta de ganado tanto en Navarra como fuera de nuestras fronteras.

Todos los días 14 de cada mes, la plaza que hoy se viste de un verde baldío acogía un trasiego incesante de ganado y feriantes. Pero era sobre todo en noviembre, por San Martín, cuando el pueblo experimentaba su gran esplendor comercial.

“Venían compradores y vendedores de Ochagavía, de las Abaurreas, de Huesca y de más lejos. Llegaban andando con el ganado y se quedaban en Urroz por dos o tres días”, recuerda con nostalgia Miguel Mari Iriarte Ciáurriz, un vecino de 81 años conocido por todos como “El Presi” por su larga trayectoria como presidente del club de fútbol Urroztarra.

También los pastores aprovechaban el evento porque era por esa festividad cuando se contrataban sus labores para todo el año.

En esos días de feria, algunas casas del pueblo se convertían en fondas para alojar y alimentar a los tratantes. Hasta en la escuela había dispensa. “Recuerdo que traían unas barcas que te empujaban como atracciones”, añade Alberto Itoiz Elizondo, el hijo del que por muchos años fue alguacil, matarife, fontanero, enterrador y una de las personas más apreciadas de Urroz. En su niñez, la feria era un acontecimiento único, y de más “mocico” debía ayudar a su padre en las labores del peso de las reses que se comercializaban. “La gente esperaba a la tarde para cerrar las ventas porque, después de hacer la digestión, los animales pesaban menos”, dice con humor.

En aquellos días, los cerdos se colocaban en corros al lado del frontón; la parte donde se ubica el palacio gótico de Torreblanca era la de las ovejas. Los bueyes y las caballerías también tenían su lugar reservado. “Aunque era tal el ajetreo que, si vivías en una calle estrecha como yo, era imposible pasar para ir a casa”, asegura Joaquín Eransus Lecumberri, quien además de buena memoria, puede presumir de haber sido concejal y alcalde de esta villa entre los años 1984 y 1992.

 

ÉPOCA DORADA

Estos años de gloria remontan mucho más atrás. Para el año 1286, Urroz tenía el privilegio de organizar un mercado semanal los miércoles para comercializar ganado y cereal. Cuando en 1348 comenzó a decaer la producción agrícola y a extenderse el pastoreo, la lana y los productos textiles ganaron en valor. Fue a partir del XVII cuando, para no perder la prosperidad que el mercado le había otorgado a la villa, los urroztarras compraron a Felipe IV el derecho de organizar una feria anual por San Martín. Así, este modesto reducto fronterizo, situado entre cultivos cerealistas y montañas ganaderas, comenzó a ser un referente comercial también en Aragón, Castilla y Francia, según resalta la historiadora Ana Zabalza en el libro “La situación de Urroz–Villa en la Edad Moderna”.

A pesar de la falta de representación en las cortes, de su pérdida de importancia en las rutas y comunicaciones, de la emigración, las guerras carlistas y las plagas de los siglos venideros, el mercado semanal y la feria no perdieron su importancia.

 

PUEBLO GANADERO

A mitades del siglo XX, en casi todas las casas de Urroz había animales para autoconsumo: una vaca para leche, un cerdo para carne, unas cuantas gallinas y algún conejo. Muchas familias tenían bueyes para el trabajo agrícola. A otras, que carecían de “casi todo”, el Ayuntamiento les daba doce robadas de tierra cuando se casaban y, para poder sembrarlas, el cura y el principal comerciante del pueblo instauraron el sistema de “el vínculo”, por el que se adelantaba un robo de simiente (22 kilos) que se saldaba con la cosecha más un armud (una deciseisava parte de un robo) en concepto de intereses.

Poco a poco llegaron “las vacas gordas”, la ganadería se hizo cada vez más popular, y las reses tenían que salir de los términos municipales a pastar a Uliberri o a la sierra de Andía. “A mí me tocó vivir también la dula”, apunta ‘El Presi’. “Tocaban la corneta y todos acercaban el ganado para que el pastor se lo llevase”.

En aquel entonces y a la sombra del empuje económico, además de un pastor único, había en el pueblo carrero, soguero, tallistas, guarnicioneros y herreros. Estos últimos se encargaban de fabricar los aperos de labranza, por eso en las ferias no vendían útiles para el campo ni para el rebaño, aunque algún año las casas de motos no desaprovecharon la oportunidad de mostrar a los urroztarras las recién lanzadas vespas.

Por muchos años, también hubo panadería, serrería, zapatero, albañil, carpintero, artesanos de cera, chocolate, comercio de telas, y el popular fabricante de turrón “Casa Marcos”, quien todavía hoy hace un guiño a la tradición y en ocasiones especiales elabora un dulce artesano de piñón, miel y anís para rememorar otras épocas a veces más dulces.

Las ferias de San Martín eran el arranque de su temporada, que duraba hasta después de Navidad. “Nadie se iba de Urroz sin comprar turrón de Marcos. Su puerta se abarrotaba. Tenía que empezar a trabajar desde 2 ó 3 días antes para atender la demanda”, alega Miguel Mari Iriarte.

El resto del año, Casa Marcos era una tiendecita que surtía al pueblo de todo lo necesario, incluido el anís que tanto gustaba a mozos y no tan mozos. La gente decía en el pueblo, “si quieres tener la voz fina, bebe el anís de Marcos y el pan de la Florentina”, sonríe ‘El Presi’.

Las ferias trajeron prosperidad al pueblo y muchas, muchas anécdotas que van pasando de generación en generación.

 

VACAS FLACAS

Nadie sabe a ciencia cierta cuándo dejaron de celebrarse. Lo que sí recuerdan muchos es que, en la década de los 60, las ferias fueron muriendo poco a poco resentidas por la modernidad, por los cambios en los medios de transporte y el menoscabo de la actividad ganadera en la comarca.

Nunca se apagaron del todo. Los pastores que durante años acudían fieles a esa cita, siguieron reencontrándose en Urroz por añoranza hasta hace pocos años. “Eran el rescoldo que quedó de la feria”, dice el alcalde de la villa, Fermín García Gobeo.

De ese pequeño rescoldo se fue avivando el recuerdo y el deseo de rescatar ese acontecimiento único. Fue así como, en 2007, el Ayuntamiento promovió un mercado más artesanal que ha ido cuajando edición tras edición y cada vez recibe a más visitantes.

“La feria actual es más de artesanía: productos de alimentación, talla de madera, bisutería… el ganado es simbólico”, explica García Gobeo. Por supuesto, no falta la animación de calle ni las migas de pastor para comer. Los primeros años, la reedición del gran mercado duraba apenas un día. Este 2013 será el tercer año en el que Urroz rememore parte vital de su pasado a lo largo de un intenso fin de semana (el más cercano al 13 de noviembre, día de San Martín).

También con el propósito de recuperar su esencia y ahondar en sus entrañas, el consistorio urroztarra editó el libro “La feria y el mercado de Urroz–Villa” hace tres años. En esta publicación, cuatro historiadores (Ana Zabalza, Carlos J. Martínez Álava, Mercedes Galán Lorda y Amaia Legaz) profundizan en la historia y en el leitmotiv de estas ferias ganaderas.

 

RUTA GÓTICA

Presidiendo la plaza del Ferial o dándole la espalda, según se mire, se sitúa la iglesia de la Asunción, un edificio gótico imponente con carácter de fortaleza que es en sí mismo hermoso y peculiar, y constituye, junto con la plaza, un conjunto grandilocuente que es el que le confiere al pueblo su cariz tan singular. A pesar de estar asentada sobre una planta románica, predomina el estilo gótico, producto de diversas remodelaciones durante los siglos XIV y XVI, posiblemente derivadas de su función defensiva.

Sus arcos fajones y su cubierta resultan algunos de sus elementos arquitectónicos más llamativos y sorprendentes, aunque es, sin duda, el retablo renacentista de Tomás de Espinal, el ítem más sobresaliente de toda la iglesia. De hecho, fue declarado Bien de Interés Cultural.

En el entramado urbano de Urroz, el gótico sigue estando presente en las casonas palaciegas de piedra en cuyas portadas destaca una rosca de enormes dovelas, finísimos blasones y ventanas amaineladas. Los escudos o los cristos en la clave son elemento común en muchas de ellas. Otras se levantan sobre estructuras arquitrabadas con pilares que hacen de soportales.

Nueve edificaciones de gran relieve siguen este canon, cinco de ellas rodean el Ferial. Son palacetes propiamente dichos, tanto por su aspecto como porque pertenecieron a la nobleza o a la incipiente burguesía comercial de los siglos XV y XVI.

Entre ellas destaca la conocida como Casa de Doña Blanca, donde según la tradición se hospedó esta reina de Navarra. Su arco semiapuntado y descentrado en la fachada, sus ventanas geminadas en la primera altura y su doble escudo le otorgan ese aire señorial, digno de la más exquisita realeza.

También bordeando la plaza se halla Torre Blanca, el único ejemplo de palacio de cabo de armería en la villa. Su dueño, Johan Martínez de Urroz, figura entre los caballeros remisionados de la merindad ya en 1513. También los palacianos que le subsiguieron fueron hombres de linaje con asignaciones importantes.

En la misma calle Torreblanca se puede apreciar otra bella edificación del siglo XVI con muros de sillarejo y decoración de ruedas. Luce en su portalón una enorme cruz de Santiago.

Hasta en las construcciones menos fastuosas e, incluso en las más modestas de siglos posteriores, las puertas se adovelan y los arcos se hacen imprescindibles. Y es que Urroz es estilísticamente gótico. Se aprecia en las calles estrechas y cortas de su caserío. Y, por supuesto, en la plaza que acotan los palacios, las casas rehechas varias veces a partir de este estilo y la iglesia.

Es evidente que esta plaza del Ferial es estandarte del patrimonio cultural del pueblo. Sus usos son parte de su historia y su idiosincrasia; y sus dimensiones, 9.500 metros cuadrados de superficie, la hacen equiparable a recintos de grandes poblaciones.

A su resguardo se alza un frontón que el pasado agosto celebró su centenario.

Tras la pared caliza que lo conforma se encuentra una piedra irregular de gran tamaño de la que nadie sabe su procedencia y muy pocos creyeron su historia aun siendo niños. Es la piedra de Roldán. La leyenda dice que un gigante quiso lanzar este menhir desde lo alto de la peña Izaga hasta Roncevalles, pero al resbalar con una boñiga de buey cayó en Urroz.

Aunque no exista documentación al respecto, la piedra ha tenido su utilidad tanto en el trajín comercial de las ferias como en el cobro de tributos. Era ahí donde se cerraban los tratos formales de compraventa y también donde se pagaban los diezmos y las llamadas primicias. La piedra de Roldán era sinónimo de seriedad y de palabra.

En la entrada y en las afueras del pueblo, vuelve a estar presente el arte. Da la bienvenida a la villa un crucero de la segunda mitad del siglo XVI que representa la imagen de Jesucristo y la de la Trinidad. Este elemento tan curioso fue rehabilitado en el año 2007 y se encuentra protegido por un templete forrado en plomo.

Mucho más antigua es la ermita medieval de San Pedro, algo retirada del casco urbano, y cercana a las construcciones actuales del frontón y el campo de fútbol. Sus paredes semiderruidas acogían por San Pedro la celebración de una hoguera, el canto de una salve y el servicio como oratorio durante todo el día. Su deterioro incentivó a que en los años 89 y 90, los lugareños la rehabilitaran en auzolan. Así, en la actualidad, esta sencilla y austera construcción es lugar de recogimiento y oración al menos un día a la semana en los meses de verano.

 

PATRIMONIO NATURAL

Además de su historia, su leyenda y su cultura, Urroz cuenta con un patrimonio natural nada desdeñable. Aunque apenas quedan dos labradores en el pueblo, domina la vista una panorámica cerealista que imprime diferentes tonos al conjunto dependiendo de la época del año. Casi el 70% de sus 1.140 hectáreas de extensión están cultivadas; el resto corresponden a pastizales, a zonas en repoblación o a los sotos del río Erro que recorre el municipio de norte a sur.

Chopos, sauces, alisos y arces se cuelan entre las regatas que confluyen a su caudal, y su valor ecológico es tal, que está propuesto como Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) para ser uno de los puntales de la Red Europea de Espacios Naturales.

A las orillas del río parece deslizarse en llano un paseo de poco más de dos kilómetros que confluye con el trazado de la Cañada Real, un camino que es el eco de un pasado de trashumancia, otro de los vestigios que atestiguan que Urroz–Villa fue enclave ganadero, lugar de paso de rebaños y pastores y centro comercial de reses por mucho tiempo.

 

Guía práctica

 

 

Ubicación: Limita al norte con el valle de Lizoáin, al este con el de Lónguida, al sur y al oeste con el de Izagaondoa.Se encuentra en un cruce de dos vías de comunicación. De norte a sur discurre la carretera que lleva de Erro hacia Campanas, y de oeste a este la que une Pamplona, Aoiz y Lumbier.

Fiestas: Las fiestas patronales: del 14 al 18 de agosto en honor a la Virgen de la Asunción. Las fiestas pequeñas: el 5 de agosto en honor a la Virgen de las Nieves.

Paseos señalizados

1. Argonga

  • Longitud: 4,28 kilómetros
  • Desnivel: 160 metros
  • Descipción: Ruta que asciende al monte Argonga. Parte del cementerio y sigue el trazado de la Cañada Real que abarca de Milagro a Aezkoa hasta el Poche de Idoate, donde abandona esta vía para subir loma arriba. El descenso conduce nuevamente al cementerio.

2. Paseo del rio

  • Longitud: 2,3 kilómetros
  • Sin desnivel
  • Descripción: El camino, en llano, nace en el cruce de la carretera de Urroz–Villa y la de Erro. Transcurre paralelo a un canal hasta que, junto a un antiguo molino, se arrima a las orillas del río Erro. La ruta toma el trazado de la Cañada Real hasta un área de descanso.

 

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